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El Foro de Sao Paulo, el silencio cómplice de la corrupción en Brasil

Osmar Laffita Rojas, en Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- A la XXI edición del Foro de Sau Paulo, celebrado en Ciudad México del 29 de julio al primero de agosto, asistieron representantes de 104 partidos de 23 países de América Latina y el Caribe.

Dicho encuentro se realizó en el marco del 25 aniversario del nacimiento de dicho foro, que agrupa a partidos, movimientos y organizaciones de la izquierda internacional.

Creado en Sao Paulo en julio de 1990, por iniciativa de Luiz Inácio Lula da Silva, dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) y de Fidel Castro, su objetivo no era otro que agrupar a las fuerzas de izquierdas ante la turbulencia originada por la caída del Muro de Berlín, la desaparición del socialismo real y la desintegración de la Unión Soviética.

Entre los asistentes a esta nueva edición del Foro, hubo consenso en la necesidad de la unidad de las distintas fuerzas de izquierda, con el fin de apostar por un nuevo tipo de sociedad, diferente a la que es dibujada por la mano ciega del mercado.

Los presentes en el evento de México aseguraron que América Latina continúa como referente de políticas alternativas al neoliberalismo, con modelos económicos y proyectos integracionistas como CELAC, ALBA y UNASUR.

Coincidieron los asistentes al Foro en que “es necesario cerrar filas ante los intentos desestabilizadores contra los gobiernos de Ecuador, Bolivia, Brasil y Venezuela”, que según su visión, responden a “la contraofensiva que los partidos de derecha, con el apoyo material y moral de las oligarquías locales y el no oculto respaldo de los Estados Unidos, han orquestado contra los gobiernos progresistas”.

Dijeron que “para frenar esta contraofensiva derechista es menester adoptar medidas urgentes dirigidas a profundizar los cambios económicos, sociales y políticos y continuar con la integración regional”.

Este Foro se celebró en el momento del agravamiento de la crisis política y económica brasileña como resultado del mega escándalo de corrupción en que están implicados grandes empresarios e importantes dirigentes de diferentes partidos políticos, entre los que sobresalen influyentes barones del PT.

Ha ocurrido algo que los brasileños no esperaban: la justicia se decidió abrir las cloacas pestilentes. El apresamiento de los corruptos fue muestra del buen funcionamiento del poder judicial, al que hasta ahora el pueblo brasileño no le concedía ninguna credibilidad.

Pero los asistentes al Foro de Sao Paulo no se refirieron al grave asunto de la corrupción de la mayor empresa pública de Brasil, Petrobras y la larga lista de implicados en la Operación Lava Jato.

Jugosas partidas de dólares se movieron al margen de las leyes que transparentizan y legalizan las operaciones financieras. Había todo un entramado ilegal de vínculos y lealtades mafiosas entre empresarios y políticos, lo que posibilito la adjudicación de contratos, en que los implicados se embolsaron cientos de millones de dólares.

Entre los asistentes al Foro no hubo la más mínima referencia a la grave crisis política, económica y ética que atraviesa Brasil, las cuales se alimentan mutuamente.

Como consecuencia de ese descalabro, la presidenta Dilma Rouseff ha perdido la confianza del pueblo, a tal extremo que su apoyo ha caído al 9%.

Los jueces, como pescadores en río revuelto y con el respaldo de la gran mayoría de la población, se ha lanzado a fondo para sacar a la superficie la corrupción en Petrobras, la joya de la corona empresarial de Brasil, en la que están implicados directivos de las mayores compañías del país y decenas de políticos, entre los que sobresale José Dirceu, hombre de confianza de Lula, el cual se desempeñó como su jefe de gabinete, hasta el momento que fue detenido, juzgado y condenado a 10 años de prisión por la trama de compra de votos a diputados venales de otros partidos, lo conocido como menselao (mensualidades).

Dirseu, de 68 años, desde la jefatura del gabinete, controló todos los resortes del poder desde 2003, cuando asumió la presidencia Lula, pero en 2005 se vio obligado a renunciar por el escándalo de sobornos parlamentarios que lo llevó a prisión, detenido y luego de un largo proceso judicial fue hallado culpable en 2012 de montar entre 2003 y 2005 un complejo esquema de sobornos mensuales a legisladores de la oposición para apoyar proyectos de la administración Lula. El dinero provenía de fondos públicos y de recursos de campañas electorales. Fue condenado a diez años y once meses de prisión por esa causa.

Lula también es investigado por tráfico de influencias.

A la corrupción derivada como consecuencia de las acciones ilegales del menselao y el lava jato, hay que sumarle que en estos momentos Brasil sufre la más alta inflación de los últimos años, ha crecido el desempleo, los tipos de interés se han disparado, la deuda pública ha aumentado desproporcionadamente. La economía brasileña ha entrado en recesión, el país se ha empobrecido y debido a ello crecen las protestas, lo que ha propiciado que la oposición, que estuvo eclipsada por el poderío mediático de Lula, se reanime y envalentone.

Mónica Valente, secretaria general del Foro de Sao Paolo, y Ricardo Cantú, miembro de la ejecutiva federal del PT que estuvieron presente en el evento de México, no están ajenos de las graves implicaciones para su partido de lo que hoy acontece en Brasil.

Con su silencio, al pasar por alto tan grave asunto, la izquierda latinoamericana se hace cómplice. Así, pierde credibilidad política y ética.

Según el periodista Alberto Núñez Betancourt, del semanario Trabadores, en su artículo de 10 de agosto titulado “Foro de Sau Paulo, desafíos de hoy”, lo que hoy acontece en Brasil, y también en Ecuador, responde a que “la reacción utiliza falso ropaje, discursos demagógicos, criminalización de partidos y personalidades”.

Es decir, ahora resulta que el menselao, el lava jato y el accionar delincuencial de Dirseu y todos sus compinches del PT que hoy están tras las rejas por el robo de millones de dólares, responden a “una contraofensiva de la derecha que ha criminalizado a partidos políticos de izquierda”.

Afirmar esto y no decir la verdad es verdaderamente una vergüenza. Una vez más, la prensa oficial cubana, que ha silenciado la corrupción en Brasil, se hunde en el pestilente lodo de la manipulación, la mentira y el secretismo.