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El dictador ubicuo

Raúl podría utilizar las palabras de Fidel de que “revolución es cambar todo lo que deba ser cambiado” para impulsar sus limitadas reformas

Miriam Leiva, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Raúl Castro procura comprometer el apoyo de los cubanos ante mayores restricciones económicas en 2017 y durante el complejo período de relevo de la llamada generación histórica, a través de un juramento a la definición sobre revolución y socialismo del líder fallecido, y las consignas  “la permanente enseñanza de Fidel es que sí se puede” y “sigue siendo vida”.

Fidel Castro prohibió su permanencia física tras la muerte. El cadáver fue cremado. Su tumba, aparentemente modesta, en una roca de la Sierra Maestra, es una representación de fortaleza y durabilidad. No habrá monumentos, estatuas, plazas ni calles alegóricas, según decidió el Comandante. Raúl Castro anunció que presentará una propuesta de legislación al respecto para ser aprobada en la próxima sesión de la Asamblea Nacional. Sin embargo, será omnipresente a través de la recurrencia a sus sentencias y acciones en discursos y pósters. Durante los días transcurridos desde el 25 de noviembre se ha mencionado en los medios  al mismo nivel que José Martí, el Apóstol de Cuba, e invocado como el Padre de la Patria, desplazando a Carlos Manuel de Céspedes.

Raúl Castro centró hábilmente su discurso de despedida  en “sí se puede”, basado en la determinación de Fidel para llevar a cabo sus propósitos, contagiar a sus seguidores, encontrar soluciones y vencer  grandes obstáculos, realizada en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, el 3 de diciembre.

Fidel pronunció las palabras juradas por los participantes en las exequias fúnebres, colocadas junto a su tumba y que serán invocadas permanentemente por las autoridades, el 1 de mayo de 2000, cuando había transcurrido casi una década de Período Especial, y pocos meses después de que Hugo Chávez asumió la presidencia de Venezuela. Había tenido tiempo para elaborar con su alma gemela la ayuda a la renqueante economía cubana y la expansión por América Latina y el Caribe, pero la manera de lograrlo posiblemente requeriría cambios en los conceptos expresados y los métodos utilizados hasta el momento. Entonces la crisis provenía de perder las subvenciones de la Unión Soviética y el campo socialista, ahora procede de la pérdida de ayuda de Venezuela, ambas originadas por el derroche de recursos en los mega planes distantes de las necesidades de la economía.

Fidel dejó a Raúl sus palabras para afrontar la situación económica, la retranca de los inmovilistas, y el disgusto de la población exhausta de privaciones y promesas incumplidas. Su mayor legado resulta en que “el socialismo es irrevocable” según la Constitución. Él explicó el 20 de mayo de 2002, que Bush exigió a Cuba cambiar el sistema político y social, por lo que en respuesta se organizaron grandes manifestaciones durante dos meses, y la Asamblea Nacional aprobó la modificación, respaldada por la firma de 8 millones de cubanos a través de las distintas organizaciones. No mencionó como causa la expansión del movimiento opositor pacifico por todo el país en organizaciones de periodistas, bibliotecarios, médicos, educadores independientes y el Proyecto Varela, el cual reprimió en marzo de 2003, condenando a 75 prisioneros de conciencia a prolongada penas.

Fidel reconoció que todo es revocable, pero al ser parte de la Constitución, solo puede serlo por la Asamblea Nacional del Poder Popular; decidieron declarar irrevocable el carácter socialista de la Revolución, lo que significa “que para revocar el carácter socialista hay que hacer una revolución, mejor dicho, una contrarrevolución… Incluso pueden tomar el gobierno de la república legalmente los enemigos de la Revolución, les queda una cláusula teórica: que vayan a la Asamblea y que sean mayoría…Y entonces hacer lo mismo, recoger equis millones de firmas, que jamás podrán, y declararlo por decreto, revocar por decreto el socialismo”, (Cien Horas con Fidel, Conversaciones con Ignacio Ramonet).  El sistema electoral en Cuba hace imposible ser candidato a personas sin la recomendación del Partido Comunista.

Raúl Castro deberá resolver los obstáculos interpuestos por los dirigentes inmovilistas simultáneamente con su relevo en los Consejos de Estado y de Ministros en 2018. Como primer secretario del Partido Comunista, rodeado de sus militares, mantendrá el poder máximo para dirigir y respaldar a los relevos que no contarán con la aureola de haber hecho la revolución. Por tanto podría utilizar las palabras de Fidel de que “revolución es cambar todo lo que deba ser cambiado” para impulsar sus limitadas reformas, aparentemente obstruidas por los conservadores.

El general tendrá que reformular la “actualización del modelo económico y social” con relajamiento del férreo control mediante cambios reales para liberar la agricultura, y el trabajo por cuenta propia, agilizar la gestión de las empresas estatales, simplificar la legislación y la toma de decisiones a todos los niveles, con énfasis en la aprobación ágil de las inversiones extranjeras. Puede preverse que antes de concluir 2016 sesione la Asamblea Nacional, donde el general-presidente informe sobre el incumplimiento del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en 2% planificado y el 1% previsto en julio, nuevas medidas para afrontar la recesión en 2017, y la demanda de renovada “heroicidad” siguiendo el espíritu de Fidel.

La política que siga el nuevo presidente Donald Trump podría estimular a los dirigentes de línea dura, si revirtiera las medidas de Barack Obama y entorpecer el avanc de los elementos reformistas. La justa demanda de respeto a los derechos humanos y espacio para la oposición podrían tener efectos contraproducentes, si se realizaran desde posiciones de fuerza como durante los infructuosos 55 años previos.