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El desaparecido cable submarino de fibra óptica

Osmar Laffita, Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- La población cubana pudo conocer por medio de la prensa que el ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez Parrilla el 14 de septiembre impartió una conferencia a periodistas de los medios oficiales y de las diversas agencias extranjeras acreditadas en Cuba.

El objetivo de dicho encuentro fue dar a conocer el informe "Necesidad de poner fin al embargo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos contra el gobierno cubano". Dicho documento también fue presentado ese mismo día en la misión permanente de Cuba ante las Naciones Unidas, en Nueva York.

El canciller cubano en su conferencia enfatizó los enormes daños ocasionados a la economía cubana en los 50 años de vigencia del embargo, que sobrepasan la astronómica cifra de un millón de millones de dólares.

Según Bruno Parrilla, los efectos devastadores del embargo, después de medio siglo, se palpan en los sufrimientos, carencias y dificultades que padece la mayoría de la población cubana. "Tan criminal y genocida cerco, que hace prácticamente imposible la compra de alimentos, materias primas y medicinas, constituye el principal obstáculo para el desarrollo económico", aseguró.

Pero los cientos de miles de visitantes extranjeros, así como los cubano-americanos que visitaron la isla en el primer semestre de 2012, así como la mayoría de los asistentes a la conferencia, han podido palpar que el apocalíptico informe del canciller no concuerda con la realidad.

Tenemos el caso del libre acceso de la población cubana a las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). Hace unos años el gobierno alegaba que el acceso resultaba costoso y lento porque las conexiones se hacían con el empleo de satélites, debido a que las compañías norteamericanas operadoras de cables submarinos de fibra óptica, debido al embargo, no están autorizadas a hacer negocios con el gobierno cubano.

Como consecuencia del embargo, según alegan las autoridades cubanas, al cierre del año 2010 de una población de 11,2 millones de habitantes, solo 1 700 000 eran usuarios de Internet, lo que representa 159 por cada mil habitantes, la tasa más baja del hemisferio occidental.

El total de computadoras reportadas ese año fue de 724 000, es decir, 64 por cada mil habitantes, pero de ese total solo estaban conectadas a la red 432 000.

Los mayores crecimientos se registran en la telefonía celular. En estos momentos 1,2 millones están abonados, pero no ocurre así en la telefonía fija, que se encuentra en un total proceso de estancamiento. Muestra de ello es que a finales del 2011 se reportaron 1,1 millones de teléfonos fijos instalados en hogares y dependencias estatales.

Estas situaciones son atribuibles a limitaciones financieras y al embargo, pero funcionarios del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones han expresado que existe la voluntad de ampliar estos servicios en la medida que los recursos económicos y el desarrollo de las infraestructuras lo permitan.

Como una muestra de esa voluntad y como un paso para romper el embargo del gobierno de los Estados Unidos, hace tres años los gobiernos de Cuba y Venezuela firmaron los protocolos para el tendido de un cable submarinos de fibra óptica que conectara a ambos países, con una extensión de 1630 kilómetros y una velocidad de trasmisión de 640 gigabytes, 3 000 veces la capacidad de conexión existente en Cuba.

Con un costo de 70 millones de dólares, el cable submarino fue sufragado totalmente por el gobierno venezolano.

En enero de 2010 se inició el tendido del cable en la zona de Camurí, en La Guaira, Venezuela, y después de un año de trabajo, el 9 febrero de 2011 llegó a su destino, en la playa Siboney, Santiago de Cuba. Ese mismo día, en el acto oficial de recepción, funcionarios cubanos anunciaron que el cable abriría las puertas para una sustancial mejoría de las telecomunicaciones en Cuba.

Se suponía que el cable aumentaría manera sustancial el acceso a Internet, puesto que ya no era necesario contar con las compañías norteamericanas. El cable sería el golpe definitivo a "las trabas en las comunicaciones impuestas por el injusto y criminal embargo".

Pero cuando a funcionarios venezolanos se le pregunta por qué las autoridades cubanas guardan sepulcral silencio en torno al cable submarino de fibra óptica, no han vacilado en responder que el cable es absolutamente operativo, que si el gobierno cubano lo utiliza o no es algo que hay preguntárselo a él, ya que el gobierno venezolano firmó todos los protocolos y medidas de seguridad con el gobierno de Cuba.

Las injustificadas prohibiciones impuestas por el gobierno al acceso libre a Internet de la población cubana no se pueden atribuir a problemas económicos y mucho menos al embargo norteamericano. Dichas medidas restrictivas responden a que la estatal Empresa de Comunicaciones de Cuba S.A (ETECSA) se ha limitado a cumplir las órdenes que le ha impartido el gobierno cubano.

Carece de todo fundamento que después de año y medio de estar operativo el cable, nadie dice nada, si funciona o no, si la inversión dio los frutos esperados.

En el acto celebrado en la playa Siboney hace más de un año y medio se anunció que en julio del pasado año entraría en funcionamiento el cable submarino de fibra óptica tendido desde Venezuela. Pero en los hechos, todo continúa envuelto en un inexplicable misterio.

 

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