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El cubano que destapó a la multinacional IKEA

Frank Cosme, en Primavera Digital

Santos Suárez, La Habana.- Desde la primera década de la revolución triunfante en Cuba en 1959,  y al cambiar esta su ideario martiano y nacional por el estalinista y rusófilo, se provocó con esta situación un éxodo que hasta nuestros días parece no tener término.

Numerosos hijos de esta isla han ido a parar a lejanas naciones en busca de lo que en una ocasión citó Martí como, “el amor por la libertad aunque no se sepa que se ama”.

Pero aunque la mayoría se dedica a trabajar y ayudar a sus familias del otro lado del charco en esta isla maravilla, hay otros que el destino o la Providencia quizás, los han convertido casi en leyendas aún sin habérselo propuesto. Y por ironía también de ese destino, son desconocidos en la tierra que los vio nacer.

Ese es el caso de Jorge Luís García Vázquez, nacido en La Habana, pero ciudadano de la Alemania Federal.

Cuando hace 4 años, en  2012, se destapó a nivel internacional el turbio negocio que sostuvo la IKEA con el gobierno de la extinta Alemania comunista y el de Cuba, descubiertos en los antiguos archivos de la STASI (Ministerium für Staatssicherheit), el órgano de la seguridad del estado de la extinta RDA, el nombre de Jorge Luís García apareció en las noticias.

La conocida fábrica sueca de muebles había empleado prisioneros de la antigua República Democrática Alemana y Cuba para ensamblar muebles. Asimismo, con Cuba, la “KuA, empresa de la RDA intermediaria en el negocio con la IKEA, había adquirido en la isla lo que definieron estos documentos como “Oldtimers”.

Estos Oldtimers no eran más que una venta de autos, camiones y 2,200 pistolas Colt fabricados en USA del período anterior al año 1959 (Ver Oldtimers, muebles IKEA y otras menudencias, en PD 220, 17 mayo del 2012).

El conocimiento a nivel internacional de este escandaloso negocio de la IKEA en el año 2012 fue el acceso a los archivos de la STASI de un periodista del Frankfurter Allgemeine Zeitung.  Pero  la realidad y el hecho en sí fue que Jorge Luís García había descubierto esto 6 años antes, en el 2006, y lo había publicado en Misceláneas de Cuba en un artículo bajo el título “Stasi-Minint Connection”.

El acto de publicarse en un blog de asuntos cubanos no le dio la resonancia a esta revelación como ocurrió años después con la del prestigioso periódico alemán, uno de los de más tirada en esa nación.

¿Pero quién es Jorge Luís García Vázquez?  Por esta época de la polvareda  internacional sobre los turbios negocios de la IKEA, casi nada se sabía de este cubano, pues los medios solo acotaron que era uno de los curadores encargados del museo establecido en los antiguos cuarteles de la STASI en Berlín.

Jorge el Polaco, como le conocen sus allegados, era espeleólogo del grupo Felipe Poey.  Había viajado a la RDA a perfeccionar sus conocimientos en esta ciencia en los años 80 del pasado siglo.

Por no querer cooperar como chivato fue arrestado por la STASI en 1987. Pretendían que vigilara a un músico cubano sospechoso de pasar información a las embajadas occidentales.

El cubano les siguió la corriente, pero en vez de espiar, intentó fugarse con el músico al Berlín Occidental. El músico logró escapar, pero García Vázquez fue detenido antes.

Aunque no pudo probarse su vinculación con la fuga de este músico, la policía política lo acusó de traición y le facilitó “unas vacaciones” en la tristemente célebre Hohenschönhausen, el cuartel general de la STASI en Berlín.

Aquí aparece fichado en los registros de la funesta policía como el prisionero Bin.33/87.  Después de una extensa instancia en este “hotel”, fue transferido al similar de Cuba, el también célebre Villa Marista.

Los alemanes no habían podido probarle nada y sin evidencias de su traición, García Vázquez logró convencer al G-2 cubano de su inocencia.

Le dieron la libertad, pero ya estaba marcado. Lo pusieron en vigilancia permanente y no pudo conseguir trabajo por años.

Después del derrumbe del Muro de Berlín y del socialismo en Europa, se casó con la novia alemana que dejó y logró viajar a Alemania. En este momento está casado en segundas nupcias con una polaca y tiene dos hijos.

Desde que llegó a Alemania se propuso dedicar su vida a la investigación histórica de los horrores derivados de la intolerancia política. Ha divido su vida entre este propósito y su familia.

Actualmente Jorge Luís García Vázquez goza de autoridad y prestigio en Alemania. Es uno de los pocos privilegiados que tiene acceso directo a los antiguos archivos de la extinta seguridad del estado. Es guía de visitas dirigidas a este museo del espanto que actualmente es la Hohenschönhausen.

En uno de los salones de este museo se exhiben fotografías de los prisioneros donde aparece la de él con la ficha Bin. 33/87.  Los curiosos turistas no sospechan que el guía parado junto a ellos y que habla por los codos en fluido alemán de la arrogancia totalitaria  es uno de ellos.

Pasar la mitad de la vida en Alemania le ha servido para reafirmar su cubanía. Pertenece al Movimiento Cristiano Liberación y es activista de los DH para Cuba. Admira la cultura alemana pero no está germanizado. Prefiere hablar de Varela, Martí o Cabrera Infante.

Tiene en preparación un libro, “Fragmentos y Hojarascas”, ayudado con las anécdotas de los antiguos disidentes alemanes y ex prisioneros de la STASI con quienes trabaja y se relaciona.

Las nuevas generaciones de alemanes tienen que conocer de este horror que vivió la nación, ha declarado.

Y esto es la verdad, han pasado ya casi 3 décadas de la desaparición del Muro de Berlín y tal parece que las recientes generaciones europeas han olvidado cuan frágil puede ser la libertad.