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El corazón de la Patria está enterrado en Remanganagua

Martí fue sepultado sin ceremonia, de madrugada, en el cementerio local. A los seis días, vaciaron su cuerpo y dejaron las vísceras allí

Rafael Vilches Proenza, en Cubanet

SANTA CLARA, Cuba.- A Remanganagua se llega desde Contramaestre por el Camino de la Isla, y nos recibe su camposanto. Lugar sagrado para el cubano. Sitio que hace 119 años custodia las vísceras del Maestro.

-Muchacho, ponme un trago, que maté al Presidente, le grita el cubano Chino Oliva al niño de 13 años Jaime Cabó Sánchez, y es 19 de mayo de 1895.

Cuenta Daisy Cabó, la nieta de Jaime, que su abuelo le relataba que por la noche llegaron con el cuerpo inerte de José Martí atravesado en el lomo de una mula.

Por esos días, un señor muy alto estuvo grave, y el médico que habían ido a buscar a Baire en cabalgadura les dijo a la familia: Preparen los servicios funerarios, que aquí no hay nada qué hacer. Pero el hombre se salvó, no quiso morirse, y la familia donó el féretro para enterrar en él a Martí. El carpintero Pedro Ferrán Periche tuvo que achicar la caja y adaptarla a las dimensiones del cuerpo del Apóstol. Ana García, la esposa de Periche, donó un traje de burato negro para forrar la caja y que no lo enterraran en la tabla pelada.

El Apóstol fue sepultado sin ceremonia alguna en la madrugada del día 20 de mayo en el cementerio de Remanganagua, donde su cuerpo permaneció seis días. Al cabo de ese tiempo, los españoles vinieron con el médico forense que le hizo la autopsia, y dejó en la sepultura las vísceras del más grande de los cubanos, y se llevaron el cuerpo vacío, en una mula por el Camino de la Isla hacia la necrópolis de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba. Iban huyendo a una columna cubana para que no rescataran el cadáver del Maestro.

El Primer Teniente del Ejército Constitucional durante la “República Mediatizada”, Rafael Aguilera, desarrolló una ardua acción para levantar un humilde obelisco que fue inaugurado el 28 de enero de 1942.

Los poetas que visitan el camposanto ponen el oído en la tierra para sentir el corazón de José Martí, que late para siempre en esta tierra.

El Cementerio de Remanganagua no es Monumento Nacional. No hay señalización. Los cubanos no saben cómo localizar la casa del corazón de Martí. El trazado no contempla calles ni pequeños accesos. Llegar desde cualquier parte de Cuba hasta el obelisco resulta agotador.

El pueblo es una aldea más de la isla. Solo un grupo de poetas, soñadores, hacen lo imposible porque este lugar no siga siendo olvidado y renegado de la geografía cubana. Sueñan con que al menos arda una Llama Eterna y un conjunto monumental se levante en homenaje al Apóstol.

Actualmente, este sitio, sagrado, está abandonado; no es debidamente atendido y señalizado. A las autoridades oficiales les importa un rábano. El dinero de las arcas del Estado no está disponible para honrar, visibilizar e iluminar el corazón de la Patria.

 

 

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