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El compañero Obama

Para una gran parte del pueblo cubano, el hombre de confianza está en la Casa Blanca y no en el Palacio de la Revolución

Jorge Olivera Castillo, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- El prolongado desabastecimiento en las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) de la capital, da al traste con los anuncios sobre las perspectivas de un crecimiento del Producto Interno Bruto, que según los estimados de los amanuenses del oficialismo, sobrepasará el 4% al cierre del 2015.

Desde que comenzó el año, una serie de mercancías se mantienen ausentes de los anaqueles sin que hasta el momento se hayan explicado los motivos.

 “Yo espero que las cosas mejoren en los próximos meses con las medidas de Obama”, dijo una señora que compraba puré de tomate condimentado en una de las tiendas de la red Habaguanex, en la Habana Vieja.

Con esa esperanza viven los miles de capitalinos, que deben ingeniárselas para cubrir durante el mes las necesidades más perentorias.

Entre los precios de vértigo, el acaparamiento y la irregularidad en los suministros, comer tres veces al día, lavar la ropa y mantener la higiene personal, es tan difícil como en el año precedente.

 “Si empezamos así, no quiero hacerme muchas ilusiones en que las cosas vayan a mejorar pronto. Hablándote claro, yo ni pienso en el futuro.

Hay que buscar la manera de sobrevivir y olvidarse de los cantos de sirena. Esta gente (el gobierno), van a seguir ahí, en lo suyo, enriqueciéndose, con los cuentos de siempre y reprimiendo”, expresó una joven que pidió no revelaran su nombre.

En la conversación, sostenida la pasada semana, me confesó que su subsistencia depende de los productos que compra por la izquierda en un centro comercial que opera en divisas, ubicado en el municipio Centro Habana.

 “No me va mal en el negocio. Mientras haya escasez, saco mis ganancias. Todo lo vendo bastante rápido y hasta ahora no he tenido la desgracia de caer en una estación de policía”, agregó.

En el entorno habanero no hay señales que denoten cambios en beneficio de la población. Salvo en los discursos triunfalistas de la nomenclatura, el ambiente que se respira en la Isla apenas se diferencia del que hubo durante el 2014.

Entre los habituales ejercicios para aliviar la miseria y los cuestionamientos en referencia a una mejoría de la economía familiar bajo la batuta del general-presidente, transcurre el primer mes del año en curso. Para una parte sustancial de la población capitalina, el hombre de confianza está en la Casa Blanca y no en el Palacio de la Revolución.

En estos momentos de la historia es más creíble Barack Obama que Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, Marino Murillo, José Ramón Machado Ventura y Esteban Lazo. Una parte de la privilegiada nómina que dirige el país.

Para la mayoría de los cubanos, Estados Unidos y en especial la administración demócrata, representa la tabla de salvación.

La percepción de mayor arraigo en la sociedad es que los verdaderos enemigos, los culpables directos de todas las vicisitudes pasadas y presentes, son los mismos que han usado al pueblo para llevar a cabo sus descabelladas agendas.

¿Crecerá el PIB por encima de un 4%? Para lograrlo Raúl Castro debe ampliar los márgenes de la apertura. Con la incertidumbre de esa espera, seguimos a merced de los bandazos de una economía que necesita de una inyección de capital y de puntuales reestructuraciones para salir del estancamiento.

Mientras llega ese momento, la especulación y el parasitismo social echan más raíces y el trabajo honesto recibe otras trompetillas.