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El choteo coreano

Julio Antonio Aleaga Pesant, Primavera Digital

El Vedado, La Habana.- La situación en la península coreana es tan colorida, que hasta el muerto-vivo de Fidel Castro Ruz, salió el pasado viernes a regalarnos unas de sus esquizofrénicas o salomónicas (según el caso), reflexiones.

Esta vez nos recordó la edad de la tierra y de la vida en ella, y dijo que el sátrapa coreano y padre de la dinastía Kim, Kim Il Sung, "era una figura histórica, notablemente valiente y revolucionaria."

Lo de figura histórica, pasa: también lo fueron Stalin y Mao, asesinos de sus pueblos. Lo de valiente, queda en dudas, pues le temía a montar en los aviones y por eso siempre se trasladaba en tren. En cuanto a lo de revolucionario, no sé cómo se puede llamar revolucionario a alguien que instaura una monarquía hereditaria. Bueno, Fidel Castro hizo lo mismo al dejar el poder por enfermedad.

De regreso a Corea, las amenazas de guerra nuclear del dictador Kim Jong Un -con su aspecto mongoloide-, suena a otro sainete mundial.

La moderación de los estados democráticos y sus vecinos, en los últimos veinte años, solo enfebrecieron a la dictadura más sanguinaria de este planeta.

La cancillería cubana bajo el liderazgo de Bruno Rodríguez, mas muerta-viva aun que el ex comandante en jefe, no sabe si guiarse por la opinión del reflexionista, o por el General Presidente. Por lo pronto, se unió -¡qué remedio!- a la visión de la Alianza Bolivarista de poner en la misma balanza a tirios y troyanos, toda vez que no quieren quedar mal con el coreanito.

La comunidad internacional ve la extensión del conflicto coreano bajo la máxima de que la mejor victoria es la pelea no echada. Pero al viejo exergo se le suma ahora que la pelea no echada a tiempo aumenta la tensión y el peso de los contendientes.

Luego del desmantelamiento de las dictaduras comunistas europeas, se pensó que el aire modernizador llegaría hasta la oscura y laberíntica Pyongyang. Pero no fue así. A chinos, japoneses, norteamericanos, surcoreanos y rusos, solo les interesó aplacar a la fiera y usar el contencioso en función de sus intereses nacionales en vez de unirse para solucionar el conflicto creado por la dinastía de los Kim.

La última escalada comenzó hace dos años con el hundimiento de la corbeta sudcoreana Cheonan, y un despliegue de provocaciones por parte de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), que no es popular ni democrática. En diciembre de 2012 lanzó un misil de largo alcance y en febrero de 2013, llevó a cabo la tercera prueba nuclear de su historia.

Ante la puja, la ONU respondió con la imposición de nuevas sanciones, que provocan más hambre en la población, pero que le dan risa al dictador norcoreano. Este, envalentonado ante las insustanciales medidas, se ruboriza de ira y pone a todas sus tropas en alerta máxima, y declara estado de guerra, aunque después se echa para atrás.

Mientras, surcoreanos y yanquis, desplazan tropas, hacen ejercicios con armamento de alta tecnología y capacidad nuclear, los japoneses por si acaso, muy discretamente alistan sus baterías antimisiles y el Océano Pacifico occidental se congestiona de buques de guerra.

El gobierno comunista de la República Popular China, a todas estas, no sabe qué hacer con su aliado. Norcorea es un incómodo pero útil vecino, del que es aliado desde que Mao Zedong enviara su ejército para ayudar a Kim Il Sung, abuelo del actual dictador, que se enredó con la invasión al sur en 1950.

Motivos ideológicos aparte, a Beijing le interesa mantener la caterva estalinista de Pyongyang porque supone un colchón de seguridad contra los 28 000 marines norteamericanos acantonados al sur del paralelo 38. Tampoco desea el colapso del régimen para no sufrir la avalancha de hambrientos refugiados que cruzarían el río Yalú, buscando escapar de la gigantesca prisión.

No obstante, los chinos están cada vez más hartos de las bravuconadas del coreanito. Lo demuestra su apoyo a las sanciones de la ONU, tras el último ensayo nuclear. Aunque, y ahí están los pequeños intereses femeniles, como diría el maestro José Martí, aprovecha el desafío militar norcoreano para reforzar su rol mediador ante los Estados Unidos, impulsando las estancadas conversaciones a seis bandas. Pero su influencia sobre los Kim nunca fue determinante para lograr su desarme y ahora no es la diferencia.

Según Wikileaks, el entonces vicecanciller chino He Yafei veía a Kim Jong Il como "un niño malcriado", cuando Norcorea lanzó en abril de 2009 varios misiles para forzar las negociaciones con Washington. Pero los chinos no se deciden a darles las merecidas nalgadas.

Rusia es el otro vecino del conflicto que acaba de dar la espalda al dictador norcoreano. Considera inadmisible la decisión de Pyongyang de buscar vías para refrendar jurídicamente su estatus de país nuclear.

Según el portavoz de la diplomacia rusa, Alexandr Lukashévich: "Para Rusia, (...) estado depositario del Tratado de No Proliferación Nuclear, es absolutamente inadmisible este provocador desprecio de Pyongyang a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y al régimen de no proliferación".

El diplomático ruso comentó así la reciente decisión del Partido de los Trabajadores de Corea del Norte de buscar vías jurídicas para refrendar el estatus de potencia nuclear.

Advirtió que hechos como estos "complican gravemente, si no cierran prácticamente, las perspectivas de reanudación de la conversaciones a seis bandas para el arreglo del problema nuclear en la península de Corea". Subrayó que el arreglo en esa región pasa necesariamente por la aplicación de nuevos esfuerzos político-diplomáticos, y no por una escalada de actividad militar.

¿El Príncipe?

¿Cuál es la referencia entre el "reyecito" de Pyongyang y El Príncipe, de Maquiavelo?

Kim Jong Un encarna el peligroso desafío nuclear de Norcorea, mientras el mundo se pregunta si es en realidad un dictador megalómano, un riguroso estratega o una marioneta en manos de los halcones del régimen. Las máximas de Julio César "divide y vencerás" y de Maquiavelo, "el fin justifica los medios", se antojan "matusalénicas" en la era de las armas nucleares y la interconexión global, y eso condena al coreanito.

Según algunos, Kim Jong Un da suficientes muestras de autoridad como para obtener rápidamente los máximos cargos de secretario general del partido único y comandante supremo del ejército, o situar a personas de su confianza en puestos clave. En contraste, otros creen que el dirigente es inexperto y que quienes manejan los hilos del Estado son los dinosaurios en las elites del Partido y el ejército, como el influyente Jang Song-thaek, tío paterno del líder y su principal mentor tras la muerte de su padre, Kim Jong Il.

Este general de cuatro estrellas de 68 años es considerado el número dos del régimen y principal asesor político de Kim Jong-Un, lo que aporta peso a la teoría de que es él quien realmente toma las decisiones en este sistema totalitario cuyos engranajes se mantienen en el más absoluto secreto.

Mientras suenan las trompetas de la guerra, el acceso desde Corea del Sur al parque industrial de Kaesong, en el que trabajan 53,000 norcoreanos en 123 fábricas de empresas surcoreanas, continúa cerrado. No obstante, cientos de trabajadores del Sur rechazaron dejar las fábricas y regresar a su país. Se quedan para mantener las factorías en funcionamiento. Botón de muestra de hasta qué punto muchos sudcoreanos restan importancia a la crisis y están inmunizados contra las amenazas de su vecino, que ha vuelto a advertir que podría cerrar definitivamente el parque industrial si Seúl y los medios de comunicación surcoreanos continúan ofendiéndole.

 

 

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