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El bondadoso vecino del norte

Agustín López Canino, en Primavera Digital

Boyeros, La Habana.- Según Diario de Cuba del día 19 de noviembre, el Cónsul General Brendan Mullarkey está consciente de la situación de los migrantes cubanos que están tratando de llegar a su país a través de Ecuador, América Central y México.

Me resulta difícil escribir las palabras ‘embajada de los EEUU’ y vivir dentro de la misma dictadura implantada por los Castros en 1959. Nunca me imaginé que algún gobierno norteamericano aceptaría condiciones impuestas por un dictador para establecer relaciones diplomáticas, pero nada, el mundo está lleno de bajezas e injusticias. Se condecoran tiranos y se encarcelan hombres de incuestionables valores, con dinero y por dinero se compra hasta las almas y el destino de los pueblos se hace impredecible.

Ahora los EEUU tienen embajada en Cuba y un cónsul facilita conferencias a periodistas “independientes” y declara abiertamente que la administración estadounidense trabaja a varios niveles con los gobiernos de Centroamérica para que se respeten los derechos de los migrantes.

El señor cónsul parece desconocer que los cubanos que atraviesan Centroamérica lo hacen por una vía no legal, lo cual es una violación fragante del derecho internacional. No huyen de un conflicto bélico o de una catástrofe natural, algo que los pudiera un poco que exonerar de culpabilidad. También el representante de la diplomacia se ausenta de la historia y realidad vigente de la emigración cubana, por lo que sería bueno instruirlo en ciertas cuestiones.

La emigración de Cuba para el exterior se activó unos días después que Fidel Castro tomo el poder por la fuerza de las armas y hasta entonces ha sido imparable. Los motivos no están en los países centroamericanos y no son los países de Centroamérica los violadores de derechos, sino el gobierno cubano. Si bien es cierto que la emigración es un derecho humano como lo expresa el artículo número 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, desde los primeros años de la década de los 60, los EEUU han aceptado una condición de exiliado que esta fuera del contexto de los Derechos Humanos, para ser más exacto, del artículo número 14 que condiciona el asilo a la persecución política.

El 90 % de los cubanos que emigran no son perseguidos políticos como se les ha pretendido presentar ante la opinión pública mundial. Una gran parte son cubanos que han aceptado y colaborado con el régimen, hasta el momento de encontrarse fuera del territorio nacional.

Por otra parte, tampoco puede calificarse como una razón económica de sobrevivencia. En Cuba se vive con necesidades pero nadie muere de hambre. Podríamos mejor calificar a la emigración cubana como una de las más indignas y degradantes del mundo, es la cobardía frente al reclamo por los derechos violados, el principal motivo de la emigración.

Si con alguien está obligada la administración estadounidense discutir sobre derechos humanos es con Raúl Castro y su gobierno. Una agenda que con el restablecimiento de las relaciones, se ha desplazado hasta segundos o terceros planos.

Desde hace más de seis décadas los distintos gobiernos norteamericanos han otorgado miles de visas, además de aceptar las grandes y masivas invasiones de los años 80 y 94. Esto, agregado a la Ley de Ajuste no ha solucionado el problema. Todo lo contrario, lo ha incentivado.

Todas las políticas de los EEUU con respecto a la emigración solo han servido para aliviar a la dictadura y evitar que dentro de la isla se consolide una fuerza social progresista capaz de mover o promover un cambio hacia un estado de derecho. Esto deja dudas de si es un propósito de la potencia norteña mantener esta emigración o erradicarla. En toda esta vorágine, son precisamente ellos los más beneficiados. Reciben en su territorio lo más talentoso y emprendedor de esta isla, mientras la nación cubana, poco a poco continúa desintegrándose.