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El asunto es la tiranía

Julio Aleaga Pesant, en Primavera Digital

El Vedado, La Habana.- Nueve cancilleres latinoamericanos reunidos en Quito, Ecuador, pidieron esta semana al gobierno de los Estados Unidos que elimine la Ley de Ajuste Cubano, que según ellos, estimula el flujo desordenado, irregular e inseguro de ciudadanos cubanos por Centro y Suramérica.

La solicitud está en una carta enviada a John Kerry. Está firmada por los cancilleres María Holguín (Colombia), Manuel González (Costa Rica), Guillaume Long (Ecuador), Hugo Martínez (El Salvador), Carlos Morales (Guatemala), Claudia Ruiz (México), Samuel Santos (Nicaragua), Isabel de Saint Malo (Panamá) y Ricardo Luna (Perú).

Solo faltaría Delcy Rodríguez (Venezuela) y David Choquehuanca (Bolivia), para que fuera una comparsa con faroleros y todo.

Según estos juvenazos, la Ley Pública 89-732 de 1966, o Ley de Ajuste Cubano y su actualización, Pies secos, pies mojados, es un estímulo al flujo desordenado de los cubanos que arriesgando sus miserables vidas, “transitan por nuestros países con el propósito de llegar a cualquiera de los puntos fronterizos norteamericanos”, lo que genera, según la cuenta de nuestros muchachotes y muchachonas (por ese asunto del género y la corrección política), una grave crisis humanitaria para los que están en situación de movilidad.

Olvidan estos émulos de Cantinflas y Tres Patines que la estampida migratoria de los cubanos se relaciona con la crisis de futuro que existe en la isla gobernada por la monarquía Castro Ruz, no con la disposición norteamericana a recibirlos en su territorio.

La situación es tan penosa que tres de cada cuatro cubanos está pensando largarse de “la isla más hermosa que ojos humanos vieran”, según Cristóbal Colón.

Si alguien estimuló esa crisis fue el propio gobierno cubano, que provocó que entre 2015 y lo que va de 2016, hubiese más de 50,000 emigrantes, una cifra superior a la Crisis de los balseros (1994), solo superada por los 125,000 de la Crisis del Mariel (1980).

También fue el gobierno cubano el que presionó al gobierno de Daniel Ortega y su compañerita Rosario Murillo a cerrar la frontera de Nicaragua con Costa Rica, en noviembre de 2015, al paso de los migrantes. Un hecho inhumano, contrario a la idea original de crear un corredor humanitario, que permitiera a los cubanos cubrir la ruta, ya que su destino final no son los países centroamericanos, sino los Estados Unidos.

Esa primera crisis ubicó a 8,000 cubanos en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua durante más de cien días.

Envidia o estupidez, los cancilleres latinoamericanos, a la voz del castrismo y recordando siempre el Efecto Tequila, que los hace temblar de miedo, responsabilizan al gobierno norteamericano de una crisis que se gesta en la mayor de las Antillas.

¿No agradecerían ellos tener para sus conciudadanos una ley de ajuste latinoamericana, que permitiera a sus millones de emigrantes ilegales, especialmente los mexicanos, que ahora viven, estudian y trabajan en los Estados Unidos, fueran legalizados, para que el atorrante candidato presidencial Donald Trump no los eche a patadas?

¿Pueden negar los excelentísimos cancilleres que las comunidades en las que se asientan los cubanos transitoriamente no disfrutan de un crecimiento económico de hasta el 2 %, por concepto de remesas y ayudas del gobierno central, que de otra manera no sería así?

¿Por qué no le piden a México que clausure “El Tren de la Muerte”, que traslada cada año a más de 600,000 emigrantes ilegales centroamericanos de norte a sur de ese país, sin considerar que causa más de 60,000 víctimas en accidentes cada año?

Sobre el comportamiento de México en temas migratorios, Amnistía Internacional dijo recientemente: “México es uno de los pocos países en el mundo que es tanto una ruta de destino y de tránsito de inmigrantes como punto de partida para la emigración como miles de mexicanos tratan de cruzar la frontera con los Estados Unidos en busca de trabajo”.

No soy partidario de que los cubanos huyan de su patria, de que arriesguen sus vidas en lugares inhóspitos o en mares borrascosos poblados de tiburones. Prefiero que le den el frente a los segurosos, comunistas y delatores, de su barrio, su trabajo, su escuela, para construir entre todos una patria prospera y democrática. Pero lo que dicen los cancilleres latinoamericanos sobre la Ley de Ajuste Cubano, me suena tan estúpido como cínico.