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El ancestral entretenimiento

Frank Cosme Valdés Quintana, Primavera Digital

Santos Suárez, La Habana, (PD) Son diversos los procederes utilizados desde el tiempo de los romanos para desviar la atención sobre hechos o cosas que afectan a los ciudadanos cuando no se quiere resolver un problema.

El clásico Pan y Circo ha tenido múltiples variantes. Cuba no ha escapado de esto en toda su historia. En pleno colonialismo y a principios del siglo XIX, los astutos españoles inventaron el sistema de Cortes. Aquí, delegados de todas las colonias americanas se reunían en Madrid para que supuestamente el Rey y su comparsa solucionaran los problemas que venían a exponer y que pesaban sobre sus respectivos territorios. No conocían que esto era una habilidosa maniobra donde se permitía a estos creyentes y esperanzados representantes americanos, exponer libremente e incluso apasionadamente, los problemas de sus correspondientes poblaciones. Una especie de válvula de escape o desahogo emocional. Tras ruidosos aplausos, los legajos de las propuestas pasaban a una gaveta donde cucarachas y arañas se reproducían sin ser molestadas.

Era una táctica dilatoria. Después de años de echar hígados y pulmones, los delegados acababan desgastados y convencidos, rindiéndose a la realidad de que no iban a resolver nada.

El primero en darse cuenta de esta habilidosa artimaña fue Félix Varela, un sacerdote cubano delegado a estas Cortes que abogaba por el autonomismo. Reconocer esta comedia originó en sus concepciones un giro de 180º para colocarse en el extremo opuesto. Fue el primero en decir que la solución de Cuba estaba en la independencia. En la isla no le hicieron mucho caso. Las otras colonias tomaron la iniciativa y se liberaron, pero Cuba se quedó rezagada.

Muchos de los escritos del padre Félix Varela quedaron para explicar esta táctica dilatoria en la que los que detentan el poder, rinden por cansancio a los que esperanzadoramente creen que se van a resolver los conflictos.

Infortunadamente las enseñanzas de Varela se han olvidado.

Ya en la república numerosas veces fue empleada esta táctica, pero donde ha llegado al clímax ha sido con la instauración del socialismo en nuestro país. Cuanto desgaste se ha producido en numerosas asambleas, reuniones, y mítines relámpagos para exponer problemas. Con la instauración del Poder Popular y sus consiguientes asambleas en los barrios, algunos también ilusionados delegados de barrios, al igual que aquellos ya citados del tiempo de la colonia, han soltado también hígados y pulmones para darse cuenta, también como aquellos, que no iban a resolver nada. Hoy ya resulta difícil que alguien acepte ese cargo de delegado de barrio.

Pero cuando algo se gasta, surgen otras variantes. Ahora existe una nueva táctica: esta vez la TV tiene el papel protagónico. Un nuevo programa, enmarcado en el noticiero de la TV, titulado "Cuba Dice", es ahora el encargado de exponer los problemas.

A principios de este mes se emitió un Cuba Dice atacando la adulteración de precios en las tiendas, agros y establecimientos estatales. Ni se sabe cuántos programas de TV, sean Cuba Dice o no, han expuesto esta cuestión que han dado en llamar "multas a los precios". Una palabra que disfraza la más común de robo, porque siguen sin llamarle al pan, pan y al vino, vino. Algo que viene sucediendo por décadas, sin que se le ponga coto.

Llama la atención las entrevistas a gente de pueblo que "exponen libremente, incluso también apasionadamente, todo lo que sucede en estas tiendas con las llamadas multas a los precios. Un nuevo desahogo emocional como en los tiempos de las cortes.

No entrevistan a los funcionarios que deben aplicar las leyes para que expliquen por qué no se aplican y evitar este mal de fondo que ya se ha convertido en folklore.

Tampoco se cuestiona las famosas Comisiones de Protección al Consumidor, constituidas por los propios directivos de estos establecimientos donde ocurren estos robos. Una comisión de este tipo debe ser un organismo independiente, inclusive de empresas y ministerios relacionados con el comercio.

Esto es otro ancestral entretenimiento como en los tiempos ya citados, otro insulto a la inteligencia...de algunos, porque la mayoría del pueblo, donde todas las clases sociales y de pensamiento están representadas y a las que hace tiempo le viene afectando el bolsillo estos robos al descaro, también hace décadas que ha clasificado estas tácticas como muela, naba, o teque, sustituyendo al conocido y castizo bla, bla, bla.

En realidad, Cuba Dice no tiene nada que decir, salvo seguir entreteniendo.

 

 

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