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El abismo que hay entre La Habana y Miami

Osmar Laffita, Rojas, Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- En 1958, La Habana por su impetuoso desarrollo urbanístico, inmobiliario y vial era catalogada como la capital del Caribe. Ciudades como Managua, San José, Panamá, San Salvador y Santo Domingo ni por asomo se acercaban al esplendor y la impetuosa modernidad que experimentaba la capital cubana.

En aquella época, Miami y Tampa no eran más extensos ni poblados que algunos barrios de La Habana.

La década del 50 del siglo pasado fue la época de oro en el desarrollo de las grandes edificaciones destinadas a la venta de propiedades horizontales en La Habana.

De esa época es un monumento de la arquitectura cubana, el edificio FOCSA. En su edificación se empleó la por entonces novísima técnica del molde deslizante, que solo se empleaba en los países más desarrollados. Con sus 30 pisos, fue el edificio de apartamentos duplex más alto y moderno de América Latina y el tercero en el mundo.

Algo parecido ocurrió con el hotel Habana Hilton, hoy Habana Libre. En su edificación se empleó una técnica similar a la del FOCSA. Cuando fue inaugurado, con sus 25 pisos y 480 habitaciones, era el más lujoso, confortable y moderno y caro de América Latina.

Al finalizar 1958, se habían construido tres túneles para descongestionar el cada vez mayor tránsito de vehículos que abarrotaban las principales avenidas y calles de la capital. Dos de los túneles estaban en la desembocadura del río Almendares, en las calles Línea y 5ta Avenida, y conectaban la barrida del Vedado con Miramar; el otro, que pasaba por debajo de la bahía habanera, conectaba La Habana con la parte este de la capital

También se había terminado la Vía Blanca, una autopista que va desde La Habana hasta la ciudad de Matanzas, y cuyo propósito era conectar la red de hoteles, casinos, playas y centro de diversión que se comenzaría a construir en los primeros meses de 1959.

La Habana se había convertido en la capital de la música, donde actuaban los principales cantantes de los Estados Unidos, América Latina y Cuba, en teatros y cabarets famosos como Tropicana y los ya desaparecido Montmartre y Sans Souci, y las disqueras cubanas eran las que más grabaciones hacían en América Latina.

La Habana era la capital de la moda en América Latina. Había grandes tiendas por departamentos como El Encanto, La Época, Flogar, Fin de Siglo, los Ten Cent y la cadena Sears, que fueron el antecedente de los grandes malls que hay hoy en México, Sao Paulo, Buenos Aires, Lima, Santiago de Chile, Bogotá, New York, Los Ángeles, Chicago, Las Vegas, Miami y Washington.

Por la capital cubana circulaban los autos del año, las revistas norteamericanas se podían comprar en los estanquillos de prensa, y había tres emisoras de televisión, una de ellas a color. Los productos que se vendían en la red de mercados minoristas no tenían que envidiarle a los que se ofertaban en las ciudades de los Estados Unidos, que era el referente en aquel momento de lo que era buen gusto, confort y modernidad.

Antes de 1959, los cubanos miraban para el Norte y no veían grandes diferencias, por lo cual, contrario a como ocurre hoy, a muy pocos se les ocurría salir de Cuba para encontrar en el extranjero, principalmente en la gran nación norteña, una vida mejor.

Con justicia, hay que reconocer que en los poco más de seis años del gobierno del general Fulgencio Batista hubo una explosión en el desarrollo urbanístico, inmobiliario y vial de la capital cubana.

Los actuales gobernantes, en el poder desde hace 56 años, han convertido a La Habana en una sombra de lo que fue.

En estos momentos, el 36% de las edificaciones habaneras están reportadas de regular a mal. Los conductores de vehículos que circulan por La Habana se quejan del deteriorado estado de las vías, que llevan años que no se reparan como es debido.

La Habana, comparada con Miami, es un fantasma que asusta.

En las últimas décadas en Miami ha habido un impetuoso desarrollo en los sectores inmobiliario, urbanístico y vial. Hoy es una de las ciudades más modernas de los Estados Unidos.

Los cubanos que se establecieron en Miami, cuando visitan La Habana, se deprimen al ver como se ha hundido la ciudad y el extremo estancamiento en que se halla.