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El último que apague la luz

Paulino Alfonso, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Prácticamente para el castrismo es imposible detener la fuga de casi todos los cubanos A tal fin, mis compatriotas han utilizado casi todo: embajadas, autos anfibios de fabricación casera, balsas y hasta el tren de aterrizaje de aviones La historia recoge miles de muertos en el Estrecho de la Florida por ese motivo.

Ahora llegó el turno a los peloteros. Nunca se había experimentado un éxodo de 110 beisbolistas, como ocurrió entre los años 2014 y 2015.

Pero parece que en este año recién nacido, como decimos los cubanos, “la peste sigue en el platanal”.

A pesar de que los miñones castristas alarmados prometen mejoras salariales, contratos en el exterior y hasta autos, ningún joven pelotero cubano compra esa música.

Según comentó Ben Badler, de Baseball America a la página digital OnCuba: “Las razones por las que muchos jugadores dejan la isla no solo están ligados a dinero. Van más allá”.

“Estos jóvenes conocen de los contratos y bonos millonarios que sus ex compañeros han firmado con equipos de Grandes Ligas y saben que pueden hacerlo igual y cambiar sus vidas de la misma forma”, explicó.

La migración beisbolera cubana hacia las Grandes Ligas existía antes del triunfo castrista.

A pesar de que la Ley de Ajuste Cubano estaba vigente desde 1966, no contribuyó a fomentar fugas masivas de peloteros como la actual.

Señores, que se vayan 110 jugadores en dos años no es un problema, es una debacle

En el año 2015, en el juego de las estrellas de la Major League Baseball jugaron cinco cubanos.

Desde primeras estrellas como Yoenis Céspedes, José Dariel Abreu, Aroldis Chapman, Alexei Ramírez, Kendry Morales, hasta los jovencitos Rusney Castillo y Yasmani Tomás, todos cobran millonarios salarios.

Incluso jugadores que no eran estrellas en la isla, como Pablo Millán Fernández, Roberto Baldaquín y Yoan López, han sido capaces de firmar contratos millonarios con la MLB.

Los peloteros que se van no son como dice el régimen, “buscadores de sueños”.

Al parecer, la Serie Nacional no tiene calidad y los jugadores cubanos no tienen interés en jugar en ella.

“Muchos saben que pueden jugar en un mejor béisbol”, dice Ernesto Noris, ex pitcher de Industriales, quien participó con Brasil en el último Clásico Mundial de Béisbol.

Para esto, aunque con pocas esperanzas, los corifeos del régimen graznan que la sobrevaloración de los cubanos y las expectativas de los grandes contratos solo son una maniobra para desmantelar uno de los símbolos de la revolución, el baseball amateur.

“Este gobierno todo lo mezcla con la política. Siempre nos dijeron que éramos el mejor béisbol” dijo en México, Yoan Pedroso. “Para poder jugar ese béisbol, tengo que ser desertor, entonces la MLB es la única opción para todos”, asevera Pedroso, quien ha jugado en Italia y México.

73 de los 110 peloteros desertores entre 2014 y 2015 tienen una edad inferior a 25 años. Con grandes potencialidades, muchos soñaron en la pelota nacional, pero desertaron. Ejemplo son Norge Luis Ruiz, Vladimir Gutiérrez, Yusniel Díaz, Julio Alfredo Martínez, Lázaro Alonso, Jorge Oña, Omar Estévez, Cionel Pérez, Pedro Durán, Randy Arozarena, Yordanis Linares y Eddy Julio Martínez.

También aparecen en los últimos años otros que se saben con poco margen en la MLB. Entre ellos están Ernesto Molinet, Norberto González, Yoan C. Pedroso, Rolexis Molina, Rolando Meriño, Michel Enríquez y Michel Abreu y Oscar Valdés. Triunfan en México Japón, Italia y Canadá buscan firman en equipos donde pueden ganar hasta $100,000 por temporada, lo que para un cubano que viva en la isla es una fortuna.

El año 2015 ha sido el del peregrinar de los beisbolistas cubanos. Frenar este fenómeno hoy es uno de los principales problemas del régimen.

A juzgar por la fuga de los hermanos Gourriel, seguirá en todas las duchas de los estadios cubanos el letrero de “El último que apague la luz”.