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El éxodo de Obama

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Al fin, el Gobierno cubano, a través de un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores fechado el 17 de noviembre, se pronunció sobre la crisis, más que migratoria, humanitaria, que se ha creado en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua. Y lo hizo de la forma que se esperaba: culpando de la crisis al embargo norteamericano, a la Ley de Ajuste Cubano, y particularmente a la política de “pies secos, pies mojados”.

Allá quien no barruntó que esta crisis, si es que no fue atizada por el régimen, siempre tan maquiavélico, le vendría como anillo al dedo para presionar por el levantamiento del embargo.

Esos casi dos mil cubanos varados en la frontera entre Nicaragua y Costa Rica son parte del Mariel por tierra que está en marcha desde hace tiempo y que se ha incrementado luego del 17D.

Desde los tiempos de Lyndon Johnson no ha habido un presidente demócrata en los Estados Unidos que haya podido terminar su periodo sin que la dictadura castrista le encasquete un éxodo masivo. Sucedió en 1965 con Johnson (Camarioca), en 1980 con Carter (Mariel), en 1994 con Clinton (la crisis de los balseros). Barack Obama no pudo evitarlo. Digamos que de tan complaciente y conciliatorio como ha sido Obama, más bien se lo buscó…

El régimen castrista no tiene demasiados escrúpulos cuando de lograr un objetivo se trata. Lo que menos le importa es el bienestar de sus súbditos, que no ciudadanos a falta de derecho: lo mismo les sirven de carne de canon que de peones baratos, de remitentes de remesas que de rehenes. Son simples fichas de su juego rufianesco y chantajista. Qué importa si los compas que heredaron el Ejército Sandinista se olvidan de la hermandad y la solidaridad latinoamericana y cumplen las órdenes del solidario Daniel Ortega y les cierran el paso y los rechazan con gases lacrimógenos y balas de goma.

Lo que está pasando con los cubanos en Penas Blancas, el limbo migratorio, los abusos, la desesperación, puede evocar lo que ocurre en Europa con los que huyen de Siria, Libia y Afganistán. Pero nuestros compatriotas, en cuanto a drama, están en desventaja. ¿Quién se va a preocupar por su suerte?

Para colmo, mientras crecía el embotellamiento de cubanos en la frontera, ocurrieron los ataques terroristas del Daesh en París. No pudieron nuestros desesperados compatriotas estar en las primeras planas de los diarios. Y los mandamases pudieron madurar su jugada y analizar con calma lo que diría el comunicado del MINREX. Incluso, para que no digan, magnánimos como son, dieron la posibilidad de regresar a Cuba a los que se fueron por vías legales. Y de paso, ponen a buen recaudo a los agentones y provocadores que deben haber infiltrado en Ecuador, Panamá y Costa Rica, y que entre otras cosas, se encargaron de provocar la estampida, luego de convencer a todos de que era solo cuestión de días la derogación de la Ley de Ajuste Cubano.

Y que todavía haya quienes duden que los cubanos, incluso cuando están fuera del territorio nacional, sigan bajo el control de esa pandilla de rufianes disfrazada de gobierno.