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Duplicidad divino tesoro

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Se habla mucho, para mi gusto demasiado, sobre el burocratismo y sobre los esfuerzos (reales o no) que los padres de la criatura (el régimen militar) hacen por eliminarlo.

El caso es que los regímenes totalitarios necesitan para sobrevivir burocracias sólidas. Absurdo es tan siquiera pensar, que el totalitarismo criollo sobreviva sin una burocracia leal e inamovible. Las burocracias en todas partes se multiplican y en Cuba la duplicidad en las funciones y los controles emergentes se han vuelto antológicos. Esto que de por sí es malo, siempre puede ser peor.

Lo verdaderamente preocupante es cuando los males endémicos del burocratismo en la Isla, desbordan las fronteras y aparecen más allá desde sus antípodas. Uno de los rasgos característicos de la burocracia es la dilapidación de recursos a partir de lo que se da en llamar “esfuerzos sistemáticos en actividades aisladas” y “duplicidad de acciones a partir de la misma fuente presupuestaria”. ¿Esta distorsión en la administración y dirección de recursos, característica en la Isla, estaría reflejada en el funcionamiento y gestión de las ayudas y las organizaciones consagradas a promover la democratización en Cuba desde el exterior? Lamentablemente, la respuesta parece ser positiva.

Habría que contabilizar las organizaciones que desde el exilio y desde una misma fuente presupuestaria, se consagran a proporcionar ayuda a los presos políticos y sus familiares. A las organizaciones que ayudan a grupos opositores y de la sociedad civil o las consagradas a promover desde los medios la imagen real que contraste la propaganda pro castrista que inunda al mundo. Todas por supuesto nutridas desde la misma fuente presupuestaria. ¿Hasta qué punto esto es o no duplicidad?

Por supuesto, los recursos de la democracia en general y en particular los que consagra el pueblo y el gobierno de los Estados Unidos a promover la democracia, parecen ser ilimitados. Hasta este día, la democratización en Cuba puede permitirse estos y otros excesos. ¿La pregunta que al parecer, siempre quedará sin respuesta es, ¿Cuánto podría haberse hecho sin tantas duplicidades y tantas dilapidaciones de recursos?

Otro punto cardinal es, saber que tiene y que no, real incidencia dentro de Cuba. ¿Hasta qué punto figuras y proyectos perfectamente vendibles en el exterior como legítimos productos mediáticos, son completamente desconocidos dentro de Cuba, hasta para los activistas visibles e invisibles Cuba adentro? ¿Hasta qué punto intereses y grupos de poder asentados en el exterior son responsables de la promoción de las ya citadas figuras y proyectos?

Quizás una excelente solución sería reducir de forma drástica la duplicidad funcional y el número de organizaciones que desde el exterior hacen funciones idénticas desde la misma fuente presupuestaria. La otra sería que cada nueva organización desde el exterior, aspirante a recibir recursos para cualesquier propósito, sea avalada en su utilidad, desde Cuba. Por supuesto que el argumento primado para invalidar esta propuesta sería el manido, llevado y traído argumento de la “oposición fragmentada y penetrada” por la policía de Seguridad del Estado y esto podría tener puntos a favor. Pero, ¿alguien podría asegurar que esta misma penetración de la comunidad de inteligencia y contrainteligencia castrista, no hace y ha hecho su trabajo en el mismo corazón de USA y en muchísimos espacios de Europa y América Latina en estos instantes?

Vamos, un buen amigo repite hasta el cansancio una máxima que podría definirlo todo: “La repetición de un evento más de dos veces, no es casualidad, es un patrón”. Entonces: ¿Con cuantas casualidades y con cuantos patrones hemos chocado a lo largo de los últimos veinte años? Quizás desde ambas orillas será mejor dejarlo todo como está y repetir: ¡Duplicidad, duplicidad, divino tesoro!