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Dilema a resolver: dictadura reciclada o democracia

Osmar Laffita Rojas, en Primavera Digital

Capdevila, La Habana.- En las conversaciones sostenidas entre los gobiernos de los Estados Unidos y Cuba los días 21 y 22 de enero, abordaron por separado todo lo relacionado con los acuerdos migratorios y los pasos a seguir sobre el restablecimiento de la relaciones diplomáticas y la aperturas de las respectivas embajadas en Washington y La Habana.

Tales encuentros fueron el resultado del anuncio hecho el 17 de diciembre de 2014 por el presidente Barak Obama, quien después de la conversación con el presidente Raúl Castro, dio a conocer el restablecimiento de la relaciones diplomáticas con el gobierno cubano y la aplicación de manera inmediata de un conjunto de medidas, amparado en sus prerrogativas presidenciales, dirigidas a poner fin a prohibiciones que están refrendas en las leyes del embargo, que solo puede ser eliminado por un acuerdo de las dos cámara del Congreso de los Estados Unidos.

Las partes cubana y norteamericana reconocieron ante los medios nacionales e internacionales que existen diferencias en temas tan sensibles y contrapuestos como los modelos políticos, la democracia, y el ejercicio de los derechos humanos, pero aclararon que esto no significa que no se puedan tener relaciones diplomáticas.

Los representantes de la Habana y Washington explicaron que el proceso de normalización de las relaciones entre los dos gobierno será largo y complejo, porque implica superar más de 50 años de dificultades y aislamiento.

En estas nuevas circunstancias no ha quedado otra alternativa que cambiar viejas tácticas y formas de implementar la política.

El rumbo responsable que han tenido estos encuentros fue patentizado por la secretaria asistente para los Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Roberta Jacobson, quien explicó que luego de este primer paso seguirán otros, a pesar de las grandes discrepancias.

Los representantes del gobierno cubano dijeron que las conversaciones sirvieron para ratificar la disposición de La Habana de continuar el diálogo con la Casa Blanca, basado en la igualdad soberana y la reciprocidad, sin menoscabo de la independencia y la autodeterminación de ambos estados y pueblos.

La figura cimera de los primeros tiempos del oficialista programa “Mesa Redonda”, la periodista Rosa Miriam Elizalde, se ubicó entre las que valoraron el diálogo como algo respetuoso entre iguales, desmarcándose del sector retrógrado y continuista, opuesto a este diálogo, que en su momento fue quien la lanzó.

Los personeros del oficialismo continuista y confrontacional, con el empleo de sus cipayos y testaferros, han dejado entrever que no comulgan con la postura asumida por el presidente Raúl Castro de iniciar el accidentado trayecto que conduzca al restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas.

Respecto a la comunidad opositora y el exilio, hay sectores que no han vacilado en apoyar las medidas tomadas por el presidente Obama, mientras otros han advertido que cualquier acercamiento con La Habana, tiene que empezar con el establecimiento de un Estado de Derecho, que ponga fin a más de 56 años de dictadura militar totalitaria.

El segmento de la oposición y el exilio que se agrupa en el Foro por los Derechos y las Libertades considera que conversar y llegar a acuerdos con el régimen sin que cambie su carácter represivo y excluyente, solo tiene un nombre: traición a la lucha por la libertad de Cuba.

El pueblo cubano está ajeno al guiso iniciado por los representantes de Washington y La Habana, es por eso que los integrantes del Foro denuncian la intención de los que detentan el poder en Cuba, sus herederos reciclados en cuasi demócratas y adinerados empresarios, que aspiran a mantener un régimen de naturaleza autoritaria y excluyente, como el de Xi Jing Ping en China y la Rusia “imperial” de Putin.