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Desvergüenza sin límites

Oscar Sánchez Madan, Primavera Digital

Cidra, Matanzas.- Nadie en el mundo imagina hasta dónde puede llegar la desvergüenza del diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. Este periódico, que para desgracia de los cubanos es el instrumento rector de la información en la isla, miente descaradamente al comunicar lo que sucede en la República Árabe Siria.

No son pocas las noticias en las que Granma refleja sólo una parte de los acontecimientos. Es esa una manera infame de engañar a sus pocos lectores en Cuba, a quienes el régimen les niega caprichosamente el libre acceso a internet.

Tal vez quienes se encargan de desinformar al pueblo en ese libelo castrista piensen que los ciudadanos de la mayor de las Antillas son unos tontos analfabetos que no reciben información veraz a través de medios alternativos no oficiales, como Radio Martí y otras emisoras del sur de la Florida, así como por medio de transmisiones de onda corta, televisión satelital, etc.

En tal sentido, el pasado 29 de noviembre, este medio – regidor de la propaganda en Cuba – difundió declaraciones del canciller sirio, Walid al-Moallen, donde éste afirma que los más de veinte estados que integran la Liga Árabe violaron el acuerdo que adoptaron con Siria, encaminado a resolver la triste situación existente en ese país. Se sabe que fue el autoritario gobierno de Bashar al-Assad el que pisoteó las disposiciones adoptadas; sin embargo, Granma no dijo nada al respecto.

Pudo bien el diario castrista reflejar en sus páginas, junto a la opinión del titular de Relaciones Exteriores de Siria, las contrarias declaraciones formuladas por los representantes de la Liga Árabe referentes a dichos acuerdos. En periodismo a eso se le llama "conflicto", que es uno de los elementos básicos de la información objetiva.

Siria mantiene su negativa de detener su política evidentemente genocida, algo que no dice Granma. Su gobierno se ha opuesto a frenar la masacre que desató contra la población, y que ha costado ya alrededor de 3000 muertos, entre ellos, al menos, 252 niños. Por disposición oficial, los militares en esa nación árabe reprimen a personas indefensas sin escuchar los urgentes reclamos de la Comunidad Internacional.

Pero Granma no sólo omite información (que es lo mismo que mentir); también con excepcional cinismo ha armado un gran pataleo por las recientes sanciones económicas impuestas por la Unión Europea y la Liga Árabe contra Damasco, su viejo aliado; asimismo, se ha convertido en un singular vocero de los gobernantes de aquel país, cuyos actos, calificados por muchos como terroristas, lo aíslan del mundo árabe y del concierto de las naciones civilizadas.

Mas esto a nadie sorprende. El pueblo de Cuba no ha olvidado las tímidas condenas de Granma a los responsables de los atentados terroristas que derribaron las Torres Gemelas de Nueva York y causaron más de tres mil víctimas civiles. Los cubanos guardan muy bien en su memoria la complicidad de este medio de prensa con tristes personajes como Saddam Husein y Muammar al-Gaddafi, reconocidos genocidas.

La criminal actitud del régimen sirio es legal y moralmente indefendible. Nadie en su sano juicio puede colocarse al lado de quienes han asesinado a miles de seres humanos sin mostrar el menor escrúpulo.

No en vano el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, compuesto en su mayoría por países de llamado Tercer Mundo, condenó la masacre en un informe recientemente difundido, en el que acusa a las autoridades sirias de violaciones en esa materia. Dicho órgano falló en representación de los noventa y tres países que integran la mayor institución del planeta.

Por otra parte, es necesario aclarar que Estados Unidos, la Liga Árabe y la Unión Europea, no convirtieron el problema sirio en un asunto internacional, como declaró el canciller de ese país. Fue la administración de Damasco quien así lo hizo al violar las convenciones de Ginebra en materia de derechos humanos.

Granma debe saber definitivamente que ésta no es la hora de las mentiras y las debilidades. El indetenible reloj de la historia marca claramente el tiempo de la verdad, la firmeza y la solidaridad con los pueblos oprimidos por el totalitarismo.

Hay que impedir que los pocos tiranos y dictadores que aún quedan en el planeta abusen de sus pueblos. Se debe lograr, al menos, que éstos no asesinen con impunidad.

Con su aberrante actitud, el diario Granma demuestra que su desvergüenza no tiene límites. Su posición repugnantemente miserable nos indica que para sus redactores cualquier barrera se puede superar cuando de mentir y engañar se trata.