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Desenlace biológico

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba, octubre, www.cubanet.org -La experiencia invita a no confiar en las voces de Mitt Romney y Paul Ryan, respecto al compromiso de usar todas las herramientas políticas y económicas para que a Cuba llegue la democracia.

Los candidatos republicanos a la presidencia y vicepresidencia, respectivamente, refuerzan su discurso contra la dictadura cubana para satisfacer a un sector de cubanoamericanos que parece conformarse con frases concluyentes y promesas  que tradicionalmente son incumplidas.

Volver a restringir los contactos familiares y el envío de remesas, de la manera que lo hizo el presidente George W. Bush, no aportaría mucho a la causa de la libertad cubana. La nomenclatura y sus huestes siempre contarán con los recursos necesarios para llevar adelante sus planes represivos. Por otro lado, las posibilidades de que ocurra un levantamiento popular a causa de las penurias y el cúmulo de insatisfacciones, siguen siendo pocas.

Pese a que el régimen no cuenta con un verdadero apoyo entre la población, sí puede disponer de un altísimo nivel de apatía, doble moral y mucho miedo, lo cual le sirve para conseguir sus propósitos.

En los 8 años de la administración Bush (2000-2008), no hubo novedades, al menos que trascendieran los límites de las regulares acusaciones, demandas de apertura democrática y algunas medidas tangenciales, como las anteriormente mencionadas, que definitivamente reforzaron el papel de plaza sitiada que tanto necesitan los gorilas de La Habana.

En estos forcejeos verbales, nuestro régimen de partido único pudo sacar cierta ventaja en el plano diplomático y político. Al intensificarse la atmósfera de agresividad norteamericana hacia la dictadura, aunque fuera más en teoría que en la realidad, el régimen consiguió renovadas simpatías y silencios cómplices, por parte de la comunidad  internacional.

Un ejemplo de la escasa funcionalidad de las políticas puestas en práctica por los círculos de poder estadounidenses frente al castrismo, son las votaciones casi unánimes contra un embargo que ha quedado como una pieza simbólica en el diferendo bilateral.

Si bien a estas alturas no sería posible, ni recomendable, levantarlo de manera incondicional, es pertinente no olvidar que su eficacia dista de ser satisfactoria.

Para que el embargo surtiese algún efecto de envergadura tendrían que producirse otros eventos políticos, tanto internos como a nivel regional y mundial, que condujeran a un real aislamiento, como sucedió con el embargo internacional impuesto a Sudáfrica, debido a su política de apartheid. No parece factible que tales circunstancias se concreten.

China, Rusia, Brasil y Venezuela son cuatro puntales, que en diferente grado contribuyen al sostenimiento de la dictadura insular. Esto, desde el punto de vista geopolítico, indica que no habrá variaciones sustanciales en los próximos años.

En cuanto a la capacidad de influencia de los actores internacionales que buscan la reinserción de Cuba en la familia democrática mundial, hay que decir que es muy limitada.

El mundo está más interesado en otros asuntos internacionales, mucho más complicados que la problemática cubana. La represión resulta relativemente leve a los ojos del mundo ya que no hay en Cuba cantidades impactantes de muertos, ni escenas de brutalidad masiva que logren conmover a la opinión pública internacional, como por ejemplo es el caso del Líbano. El régimen va ganando tiempo.

Al observar la postura de Estados Unidos frente a lo que ocurre en Cuba, es preciso destacar la importancia de una posición de principios que apuesta por el apoyo irrestricto a los opositores e integrantes de la sociedad civil alternativa. Si no fuese por ese apoyo moral y humanitario, mucho peor hubiese sido el destino de quienes persisten en luchar por la democracia en Cuba.

Pienso que ni republicanos ni demócratas están listos para cambiar sustancialmente sus respectivas agendas en lo tocante a Cuba. Salvo algunos matices, las cosas continuarán más o menos igual.

Lamentablemente, creo que el posible desenlace no llegará mientras el liderazgo que inauguró este engendro, hace ya más de medio siglo, tenga la suficiente vitalidad para defenderlo. Esa es la mala noticia, la buena es que la biología es un invencible enemigo mortal que ya está cerrando su infranqueable cerco, a diferencia de un embargo que tiene más huecos que un queso suizo.

 

 

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