.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

Democratización, preguntas sin respuestas

Jorge Olivera Castillo, Primavera Digital

Habana Vieja, La Habana.- Son pocas las evidencias para sostener argumentaciones que validen un proceso a través del cual Cuba sea parte de la familia democrática en seis meses o un año.

Por supuesto que no es absoluta la valoración en torno a este asunto. Su fundamento viene dado a partir del análisis de un escenario lógicamente rodeado de múltiples aristas y útil para un lapso de tiempo difícil de precisar, pero que excede la cortedad.

Al menos la breve reflexión aquí expuesta trata de no hacer paralelos entre el sentido común y el apasionamiento.

Al juntar los diversos factores que se mueven alrededor de la problemática cubana, no es complicado toparse con una rara mezcla de resignación, escepticismo e incluso con otras definiciones menos sombrías, sin que por ello puedan ser calificadas como optimistas en el más modesto sentido del término.

Es un hecho que el régimen en el plano interno ha logrado remodelarse sin perder cuotas fundamentales de poder.

Los ajustes económicos han sido parte del instrumental con que alimentar expectativas en relación a una voluntad de cambios, que pese a las estimaciones más generosas, no tiene nada que ver con la integralidad.

La lentitud del proceso, y sus contradicciones cada vez más evidentes entre lo promulgado y su azarosa implementación, demuestra la escasa confiabilidad de estar ante una iniciativa que responda a una nueva filosofía que deje atrás los lastres del voluntarismo, el monopolio del control político y la codificación del discurso, que aunque algunas veces matizado, continúa criminalizando la pluralidad de ideas.

Sin embargo, pese a los fracasos de un proceso que apenas comienza, quizás sus promotores hayan conseguido los niveles necesarios de eficiencia para garantizar su estatus como dueños de la nación, hasta que el factor biológico se imponga.

Aliviar el entorno con puntuales aperturas económicas, que por el momento no representan un desafío considerable en referencia a probables incentivos para reclamar parcelas de poder político, sindical o cívico por parte de los sujetos sociales, es una ganancia neta para el gobierno.

Con una calibrada sucesión de "beneficios", logran alejar los fantasmas de la inestabilidad. El componente represivo en esta ecuación no puede dejarse fuera. Los actos de repudio, las amenazas, las detenciones de corta duración y la cárcel, no han perdido su vigencia.

Hay otras aristas que favorecen este clima de perpetuación de una clase política que transita del más rancio estalinismo a una etapa donde el capital se combina con la mano dura del partido comunista.

La única transición posible bajo el llamado liderazgo histórico, avanza sin graves problemas. No hay que esforzarse demasiado para ver que la burguesía de carnet rojo se pone de cara a un futuro, no muy lejano, en que el capitalismo dejará de ser un ente difuso y fragmentado.

Los herederos de la élite gobernante ensayan su papel en un ulterior contexto relativamente menos centrado en la ideología marxista que en las tentadoras propuestas de productores y banqueros foráneos.

Una mirada objetiva de las posturas de notables actores internacionales respecto a una de las pocas dictaduras que existen en la actualidad, conduce a pensar en la relativización de los acontecimientos atentatorios contra la integridad física y emocional de miles de personas que residen en la mayor de las Antillas.

Por ejemplo, el régimen cubano es parte de numerosas organizaciones, tanto mundiales como regionales, que por su importancia terminan degradando cualquier crítica de otras entidades por actos que vulneran la dignidad humana, aplicados a sus oponentes dentro de la Isla con un grado de impunidad que debería ser tenido en cuenta.

Hasta tanto no cesen las ayudas millonarias del exterior y la diplomacia de decenas de países, incluidos Rusia y China, se identifique con el apaciguamiento, la indiferencia y en el caso de las naciones antes mencionadas con una abierta complicidad las esperanzas de salir del atolladero autoritario será un deseo tan neblinoso como los atardeceres en la cima del monte Everest.

A menos que confluyan dos o tres factores de medular importancia -uno sería la separación del poder de Hugo Chávez por enfermedad- muy poco se puede esperar en cuanto a cambios que superen lo estrictamente económico, con sus respectivas pausas y artificios.

¿Habrá que esperar a la desaparición física de los principales referentes del poder en Cuba para un eventual aceleramiento de la transición a la democracia?

Dentro de estos anillos de la incertidumbre surge otra pregunta que considero no menos importante: Ante tantas oportunidades perdidas, ¿habrá tiempo para un cambio pacífico?

 

 

Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN