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Demasiado poco y demasiado tarde

CubaNet

LA HABANA, Cuba, mayo, www.cubanet.org -Recientemente, el presidente Raúl Castro señaló: “Nuestro peor enemigo no es el imperialismo, ni mucho menos sus asalariados en suelo patrio, sino nuestros propios errores, y éstos, si son analizados con profundidad y honestidad, se transformarán en lecciones para no volver a incurrir en ellos.”

Al respecto, hay que señalar, ante todo, un hecho que resultará sorprendente a quien viva en un país democrático: en Cuba, el señalamiento de los deslices y su eventual subsanación constituyen un monopolio de los que, por haber ocupado las posiciones de poder absoluto durante decenios, son los mismos que los cometieron o permitieron.

Confucio dijo: “Quien comete un error y no lo corrige, comete un error mayor”. ¿Existe algún propósito consecuente de superar las pifias del castrismo? No parece ser ése el caso. La idea fundamental es hacer lo mínimo indispensable para mantener el control absoluto, con la esperanza de que el país avance hacia lo que ellos esperan que sea el próximo medio siglo de régimen totalitario comunista.

Reconocer esos fallos, o incluso señalar a sus responsables, tampoco quiere decir por fuerza que haya intenciones de exigir responsabilidad a los culpables o de tomar medidas serias para subsanar los males que llevaron a la Isla “al borde del abismo”. Hay que insistir en una cosa: por el momento, la idea con los errores es sólo “analizarlos con profundidad y honestidad” con la esperanza de que “se transformarán en lecciones para no volver a incurrir en ellos”.

Como las mismas autoridades que plantean las cosas en tales términos son las grandes responsables de las pifias, eso resulta insuficiente. Haría falta determinar cómo la floreciente “Perla de las Antillas” llegó a convertirse en uno de los países más atrasados y miserables del Tercer Mundo.

Para describir los traspiés se emplea el adjetivo “nuestros”, lo que alude ante todo a sus autores, los dos hermanos que han estado al frente del régimen desde 1959. Porque, durante ese medio siglo, nadie, excepto el Comandante en Jefe en su día y ahora el General de Ejército, puede tomar alguna decisión de importancia.

Pero el empleo del adjetivo posesivo sirve también para convertir a todos los ciudadanos, que nada tuvieron que ver con la adopción de las medidas equivocadas, en cómplices y aun coautores -en cualquier caso, responsables- de las distintas meteduras de pata.

Desde el mismo comienzo, “la Revolución” creó una atmósfera de total rechazo hacia los que no aceptaran sin condiciones las políticas e ideas del régimen. Muchos vieron cómo “el Proceso”, lejos de marchar a la prometida democracia, derivaba en un régimen totalitario comunista, por lo que se marcharon del país.

Ipso facto dejaron de ser profesionales, intelectuales, empresarios o artistas respetables para convertirse en “gusanos”. Otros, como el comandante y estratega de la Revolución en armas Huber Matos, cuando se negaron a ser cómplices del inesperado cambio de rumbo, pasaron a ser “traidores”.

Por eso, quien aspire a ayudar a superar las pifias de hoy, si está fuera del oficialismo, es mejor que esté preparado a sufrir la represión gubernamental. ¡Cuánta persecución y cuántos años de cárcel han padecido quienes han hecho críticas sin esperar a que desde las alturas llegue una autorización expresa!

¡Y lo más curioso es que quienes actuaron sin permiso oficial siguen siendo execrados después que se reconocen los errores que ellos denunciaron antes de que el jefe supremo lo autorizara! Es así como el régimen totalitario se autoperpetúa; es por eso que está condenado a repetir sus meteduras de pata, y es a causa de esto que, cuando intenta subsanarlas, hace como dice la conocida canción: demasiado poco y demasiado tarde.

 

 

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