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Demasiadas expectativas en un extraño deshielo

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Los mandamases me tildaron de desviado ideológico y pro-yanqui desde que era un adolescente melenudo y hambreado. No tanto porque fuera demasiado rebelde y preguntón como por mi enfermiza adicción a la música americana que oía clandestinamente en la WQAM y otras emisoras de radio de la Florida. Aquella música del enemigo robaba demasiado espacio en mi mente a las consignas que me repugnaba repetir.

Para colmo, amante como era de la literatura norteamericana -Hemingway y Faulkner eran mis dioses tutelares- a la hora de elegir carrera entre lo poco que había para escoger, me dio por estudiar el idioma del enemigo. Hasta que me recordaron que la universidad era “solo para los revolucionarios”.

No sirvió de atenuante que nunca me diera por irme de Cuba y que nunca me haya dejado deslumbrar por el consumismo capitalista. Como si me persiguiera una maldición, cada paso de mi vida los mandamases y sus jefecillos y chivatos lo asociaron invariablemente con los norteamericanos.

En los años 90, confirmé su veredicto en mi contra cuando mis disidencias, que ya eran francas oposiciones, me llevaron a unirme al periodismo independiente. Preferí enfrentar a la policía política y exponerme a la cárcel que auguraba la Ley 88 antes que seguir callado y aguantando. Tenía que desahogarme y estar en paz conmigo. Si no, hubiese reventado de rabia y de tristeza.

Debí suponer que automáticamente me calificarían de mercenario al servicio del gobierno norteamericano.

Ahora que están a punto de restablecerse las relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, me asombran las exageradas expectativas de los castristas más acérrimos con los vecinos del Norte.

Nunca sospeché que el aprecio de los yanquis les importara tanto.

Es como si creyeran que sin tener que hacer la más mínima de las concesiones, olvidados de las leyes de la economía, la historia y la lógica humana más elemental, solo por el reconocimiento norteamericano, y si acaso un futuro levantamiento del embargo-bloqueo, todas sus más caras fantasías y delirios se harán realidad y lograrán salir del atolladero en que se metieron por su tozudez, ineficiencia y soberbia.

Ya deben tener preparadas las banderitas de las barras y las estrellas que agitarán jubilosos, en el aeropuerto y a lo largo de la Avenida de Rancho Boyeros, para recibir al Secretario de Estado John Kerry.

Parece que de tan contentos y emocionados, los devotos del castrismo olvidaron que Che Guevara les advirtió -indicando con la puntica del dedo siempre presto a apretar el gatillo- que “en el imperialismo yanqui no se puede confiar ni un tantito así”.

Sería interesante que el Comandante escribiese algo y logra que entendamos qué opina al respecto, si esta es por fin la conclusión de aquella guerra particular suya contra los Estados Unidos que juró en la Sierra Maestra, inspirado, entre otros agravios, por una bomba made in USA que no llegó a explotar.

Luego de la alocución del 17 de diciembre del general Raúl Castro, varios vecinos e incluso parientes me han preguntado qué va a ser ahora de los opositores. Convencidos como están por la propaganda oficial de que somos marionetas del Tío Sam, creen que nos desvaneceremos a un chasquido de sus dedos.

Lerdos que los han vuelto, no sé si habré logrado convencerlos con mis explicaciones.

A todos les he explicado, luego de darles mis valoraciones de este extraño deshielo en el que parece haber gato encerrado, que en mi caso, del gobierno norteamericano solo recibo -y agradezco inmensamente- la hora y media de conexión a Internet que me conceden una vez a la semana en la SINA, porque obviamente no dispongo de suficiente dinero para colocar mis trabajos en la red de redes en los bastante caros y nada seguros centros de navegación de ETECSA.

Espero que los periodistas independientes no perdamos el acceso a Internet cuando la SINA se convierta en embajada. Pero si así fuese, ya inventaremos…

Si mis preocupados allegados no me creyeron, no importa. Ya lo creerán cuando comprueben que hagan lo que hagan o no hagan los Estados Unidos, los opositores al régimen, que nos hemos ganado el derecho a soñar el futuro de la patria en democracia, seguimos aquí. Como siempre.