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Defender a los cuentapropistas, pero…

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Cuando "los primeros brotes de prosperidad por cuenta propia" empiecen a provocar la codicia de los inspectores corruptos y el rencor que no podrán disimular los burócratas y los administradores estatales, y les caigan encima con sus extorsiones, abusos y medidas asfixiantes, se pregunta mi amigo Rogelio Fabio si estará lista la disidencia cubana a "desempeñarse como vanguardia política para asumir la solidaridad que estos emergentes requieren."

Quisiera responder que claro que sí, pero en vista del estado actual de la disidencia interna, ¿vanguardia política? Eso, más que a la anacrónica retórica marxista-leninista que una vez nos obligaron a recitar cual catecismo, suena a irrealidad. O a chiste. ¿Será que definitivamente me he vuelto para mi pesar demasiado cínico y escéptico?

¿De quién van a ser "la vanguardia política" líderes democráticos que no sólo desaprovechan las oportunidades de probar que son tales, sino que no salen de un brete para entrar en otro y para colmo, se muestran los colmillos y caninos los unos a los otros para darle todo el gusto del mundo al Departamento de Seguridad del Estado?

Salvo algunas honrosas excepciones entre los líderes opositores, que generalmente se dedican a redactar extensos documentos, si alguien puede solidarizarse con los abusados, por una simple cuestión de afinidad y proximidad, aunque no tengan demasiado nivel político o cultural, son los activistas opositores "de a pie". Llamémosle así ya que últimamente tanto se usa y abusa de la dichosa frasecita. Pero me temo que dichos opositores de a pie, los que están en la calle como Jesús en la mar, estarán demasiado ocupados en capear la represión y exigir la libertad de sus compañeros encarcelados, para con tanto abuso de todo tipo como hay, dedicarse a cuidar que no timen y expriman a los dueños de vendutas y timbiriches.

Los razonamientos de ciertos cubanólogos acerca de la propiedad sobre los medios de producción, el fortalecimiento de la sociedad civil y su incidencia en una eventual transición democrática, resultan demasiado abstractos para la mayoría de los disidentes de a pie.

Además, ¿por qué la prioridad de la solidaridad de los disidentes tendría que ser los cuentapropistas? Está bien apoyarlos en cuanto ciudadanos abusados, pero la solidaridad la precisan mucho más, por ejemplo, los millares de trabajadores "disponibles" (¡odioso eufemismo para no decir desempleado!), los ancianos y los enfermos a quienes retiran la ayuda de la seguridad social, las familias desalojadas, los moradores de las villas miserias y los llega y pon, los orientales que destierran por estar ilegales en la capital que dicen es "de todos los cubanos"...

Los cuentapropistas deben aprender también, además de las técnicas y mañas del marketing, a defender sus derechos. Si sólo se van a emplear en buscar el mejor modo de acumular capital, cuando sean nuevos ricos, terminarán como oportunistas aliados del régimen. Como tendrán que perder más que el resto de sus compatriotas que apenas tienen algo, serán agentes del no cambio, mantenedores del status quo. Capaz que organicen sindicatos a las órdenes de la CTC, núcleos del Partido de cuentapropistas o brigadas de algo peor...

Ahora mismo, ¿qué disidente no conoce a cuentapropistas y bisneros que los odian porque dicen que debido a que la policía política invade el vecindario para vigilarlos y reprimirlos, "les ponen malo el barrio" para sus negocios y trapicheos?

Más que los dueños de los timbiriches, muchos de los cuales todavía se ufanan de estar con la revolución, nos deben preocupar sus empleados, porque ¡ay de la que los espera en tarimas de agromercados, paladares, poncheras, chinchales y brigadas de construcción, con los nuevos aspirantes a empresarios capitalistas!

Debemos solidarizarnos cuando los atropellen, pero, ¡ojo!, no hay que olvidar que los nuevos empresarios, que traen como bagaje lo aprendido con el Estado patrón y empleador único, ahora intentan copiar lo peor del capitalismo. Y de ese mejunje, por mucho que se esfuerce la disidencia, nada bueno podrá resultar.