Cubanálisis - El Think-Tank

LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

DESDE EL CAIMÁN

 

.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

Debajo del capote

Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -Aunque formó parte del jurado que me premió hace seis años en el concurso literario El Heraldo, nunca conocí personalmente a Raúl Antonio Capote. Se comentaba que firmaba las crónicas que por breve tiempo envió a Cubanet como Raúl Soroa, pero nadie lo sabía a ciencia cierta, porque ocultaba su rostro casi tanto como su apellido. Decían que tenía mucho miedo, que no quería relacionarse con disidentes. Era escurridizo el tipo, más elusivo que Greta Garbo en sus buenos tiempos.

Dicen que antes del destape estaba en hospital de día, con los nervios destrozados. Pasó, directo y con sedantes, de la consulta del siquiatra al set de la Seguridad del Estado.

Raúl Capote era el agente Daniel, de la Seguridad del Estado, y eso lo explica casi todo. Una vez destapado, puede largar el pellejo, como un majá, sin dejar constancia de lo que alguna vez escribió “en contra” y volver a ponerse el capote ¿verde olivo? a ver si sus jefes tienen a bien permitirle publicar, ahora que escribirá “a favor”.

Por lo pronto, ya Raúl Capote aclaró a la prensa oficial que su visión hoy es muy diferente a la que tenía cuando escribió “El adversario”. No es para menos, luego del susto que le dieron los compañeros del G-2 (¿en el foso entre los leones?) para convertirlo ¡ay, Elton John! en el agente Daniel.

Raúl Capote no será el último descapotable. Ahora que el régimen teme que el gobierno norteamericano pueda convertir en opositor a cualquier escritor, pintor, negro, bloguero, abogado, masón, gay, lesbiana, rockero, rapero o merolico, los nombres bíblicos o rusos no alcanzarán a la Seguridad del Estado para bautizar a sus agentes infiltrados hasta en la sopa de claria.

Dije que la pertenencia de Capote a la agentura lo explica casi todo porque seguimos sin entender por qué tantos oficiales de la CIA para ocuparse de un escritor que apenas escribía y que se negaba a conocer a disidentes. ¡Qué desperdicio esa nueva manía de los yanquis -según Wikileaks- de buscar caras nuevas a la disidencia en Cuba!

Raúl Capote asegura que era la gran esperanza gorda de los yanquis para destruir la revolución. Capote el Elegido, que estaba del lado de allá del cristal, junto a los yanquis, debe saber infinitamente más acerca de ellos y sus planes que los periodistas independientes que tanto lo avergonzamos, pero que no tenemos que rendir cuentas a nadie y menos encapotarnos.

A propósito, ¿estará seguro Daniel-Capote que eran periodistas independientes los que filmaron los yanquis en la Sección de Intereses mientras echaban comida en jabitas de nylon para llevársela a casa? ¿Y si eran un par de infiltrados que se preparaban para el próximo destape anti-televisivo? No sea que luego nos enteremos por Las Razones de Cuba, con ondear de banderas, rostros de pioneros por el socialismo y música de fondo de José María Vitier, que eran el agente Ramonín, del MININT, y la subrepticia Yuya, “la que no hace bulla y te llama a la patrulla.”