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De plañideras y posibles pugnas

Aleaga Pesant

LA HABANA, Cuba, septiembre, www.cubanet.org – Antiguamente, las lloronas acudían al velorio y pasaban la noche en vela sollozando desconsoladamente, sin tener afecto al difunto. El número de plañideras presentes en el velatorio, era directamente proporcional al poder del interfecto y su familia.  Acompañaban al cortejo fúnebre hasta la última morada, en medio de gritos y lamentaciones. Enterrado el cadáver, recogían su paga y regresaban al pedestre día.

Los sistemas autoritarios y totalitarios mantienen la vieja costumbre de emplear lloronas, pero sin pagarle, al menos en efectivo. Las imágenes de las mujeres y los hombres llorando por la muerte de Rafael Leónidas Trujillo, el tirano de República Dominicana, o de Kim Il Sun, el déspota coreano, revelan el nivel de teatralidad a que pueden llegar las dictaduras.

Una farsa de este tipo se montó recientemente en La Habana con la muerte del General de Cuerpo de Ejército, Ministro de las Fuerzas Armadas y Vice de muchas cosas, Julio Casas Regueiro. El lunes 5 de septiembre, arreados y transportados por militares, directores de empresas o comisarios comunistas, una larga cola de cubanos se aprestó a pasar frente al cadáver del difunto General, en la Sala Sierra Maestra del edificio del MINFAR. Con “cara de situación” vimos pasar a cadetes y militares en general, a trabajadores civiles de las FAR, de la telefónica y Aguas de La Habana, entre muchos empleados del gobierno.  Ninguno de ellos conoció al General en vida y muchos a lo mejor jamás habían oído hablar de él.

Sí conocían bien al difunto los integrantes de la última guardia de honor. Cinco Generales de Cuerpo de Ejército: Colomé Ibarra, Cintra Frías, López Miera, Espinosa Martín y Quinta Solás, y el General de División Rodiles Planas. ¿Cuál de ellos será el nuevo Ministro? Ahí empieza el problema. Primero, porque el ejército, es la más importante institución en el sistema cuartelario policial castrista y, segundo, porque no existe un relevo generacional entre los altos mandos del cuerpo.

Listos los peones para entrar en lidia o, quizás ya decidido pero no anunciado el sucesor, se perfilan tres hombres. Álvaro López Miera, jefe del Estado Mayor, Leopoldo Cintra Frías, Primer vice Ministro y Abelardo Colomé Ibarra, Ministro del Interior, que alcanzó sus grados en las fuerzas armadas.

Durante muchos años Raúl Castro tuvo como reconocido sucesor a Julio Casas, quien además se desempeñó como su albacea personal y jefe de la 5ta Sección, encargada de manejar los negocios de los militares. Pero el difunto deja a cinco hombres en la línea de arrancada, con casi la misma edad, todos muy comprometidos y sin diferencias fundamentales en sus hojas de servicios, todas las cuales comenzaron en la guerra civil contra Fulgencio Batista.

Cualquiera de estos hombres podría ser capaz de dar un sorpresivo golpe de timón. No por gusto, tres de ellos -Cintra, Quinta y Espinosa- “abandonaron” hace dos años la dirección de los tres ejércitos (Oriente, Centro y Occidente) para dedicarse al “lujoso retiro” de vice ministro; mientras López Miera y Colomé Ibarra se mantienen seguros en sus cargos.

La muerte de Julio Casas Regueiro, genera además dudas sobre la permanencia de los viejos mandos al frente del ejército y la necesidad de ascenso de jóvenes generales al sistema de seguridad nacional del Estado.  Pero esa solución aun no se ve en el horizonte.