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De los carros, los precios y el no se puede

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Hace unos días, un vecino, que asegura seguir siendo castrista de todo corazón -conociéndolo bien, supongo sea por inercia, por no dar su brazo a torcer, no morirse de tristeza o tenerse que suicidar de tanto desencanto- trataba de explicarme, sin demasiada convicción y seguro de que perdía el tiempo conmigo, el por qué de los precios siderales de los automóviles que el gobierno ya permite que los nacionales compren sin su autorización firmada por no sé cuantos ministros.

Solo que ahora no hay que depositar el dinero hasta que llegue la autorización, tiempo que podía demorar unos años, sino pagarlo al contado. Y créanme que es mucho, demasiado lo que hay que pagar. Tanto que parece un chiste pensar que haya muchos cubanos que tengan esa cantidad. Y que si la tienen, se atreva a pagarla sin chistar y sin temor de que inmediatamente le caigan encima la policía, el CDR y los factores del Consejo de Defensa, para que justifique, si tiene algún modo de hacerlo, la procedencia de ese dinero, que difícilmente sea lícita, habida cuenta de que en Cuba casi todo es ilegal o está prohibido.

"Es que esos carros el Estado tiene que comprarlos en dólares o euros, a tres veces su precio por culpa del bloqueo norteamericano"-me dijo el vecino- "para luego, venderlos aquí en CUC, que tú sabes no valen nada en ningún lugar del mundo. ¿A qué precios va a vender esos carros el Estado para sacar alguna ganancia, y eso gracias al impuesto que se le cobra a los dólares que entran al país? Tienes que tener en cuenta que esa ganancia se invertirá en mejorar el transporte público, las guaguas, las calles".

Luego, me dijo que no podía negar que este era un gran paso de avance en el proceso de convertir a Cuba en un país normal, donde ya se puede viajar, entrar en un hotel, trabajar por cuenta propia, montar un timbiriche siempre que no sea de ropa importada, contratar empleados, comprar y vender casas, tener una computadora y un teléfono móvil. ¡Qué cosa!

Por si acaso, me recordó que en los que él llamó "los países normales", solo los que tienen dinero son los que pueden "darse esos lujos".

Y me dejó absorto y abatido con sus razonamientos y sus seguridades de que "algún día podrán bajar un poco los precios de los autos" y de que "la revolución no le fallará" a los que llevan años con el dinero depositado en espera de la autorización.

Obviamente, mi abatimiento no es porque aspire a comprarme un carro, algo que jamás ha estado dentro de mis posibilidades ni de la mayoría de mis compatriotas, que no acabo de entender, con tantos problemas, carencias y abusos como hay, por qué coño están tan preocupados con los precios de los puñeteros carros que de todos modos no podrían comprar, con la miseria que ganan, ni aunque se los vendieran el triple de baratos.

Lo que me dejó abatido es que todavía a estas alturas haya gente que piense como mi vecino, que dé por buena la justificación del "no se puede en estos momentos y en estas condiciones", algo así como el "hay pero no te toca" actualizado, y que se conformen con el chapoteo "sin prisa y sin pausa" de los Lineamientos.

Máxime ahora, que luego del discurso del general Raúl Castro el primero de enero en Santiago de Cuba, que parecía escrito no por el General sino por el Comandante, para complacer a la ortodoxia más conservadora y retranquera, parece que se llegó al tope de los experimentos, y pasito a pasito, bien apolismados, como en una guagua abarrotada, avanzamos hacia atrás.

Supongo que no debamos asombrarnos mucho si en algún momento nos vuelven a asegurar que vamos por el camino correcto y que ahora sí vamos a construir el socialismo. Y va y hasta nos tocan La Internacional...

 

 

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