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De aduanas, plagas, caracoles y otras malas yerbas

Juan González Febles, Libertad Digital

Lawton, La Habana.- La noticia publicada en martinoticias.com es algo más que un alerta. Nuevas plagas se suman al inventario de calamidades echadas sobre la nación cubana por el régimen militar cincuentenario. Además de dengue, cólera, fiebres porcinas, y otras fiebres y males de etiología desconocida o no tan desconocida, ya contamos con el caracol africano y la chinche harinosa.

La noticia coincide con las nuevas medidas puestas en marcha por la Aduana General de la República afanada en estrangular a pequeños comerciantes, para proteger al monopolio estatal. La historia se repite, mientras la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) persigue a pequeños comerciantes, vendedores de bolsitas de naylon, disidentes, etc., los asesinos y los ladrones campean por sus respetos. Entonces, en la aduana cargan las tintas para que los viajeros no traigan un bloomer o un calzoncillo de más y mientras, llegan y entran plagas.

Se trata de que el caracol gigante africano ya fue localizado en la provincia de La Habana. Como los moluscos no vuelan, de seguro entró por alguna ventana aduanera. De acuerdo con la información dada a conocer por martinoticias.com, la presencia de esta plaga la dio a conocer el ingeniero agrónomo Maikel Faría González, jefe provincial de Cuarentena de Sanidad Vegetal.

Junto con el caracol africano, se dio a conocer que también tenemos en casa a la chinche harinosa. Este último bicho es menos letal que el caracol. Pero el caso es que ninguno de los dos debía estar en nuestro ambiente. Para quedar mejor aviados, se dice que el caracol de marras no debe tocarse sin protección de guantes. Segrega un líquido que puede ocasionar ceguera y otros daños a las personas. Se alimenta de plátano, arroz, hortalizas y especies ornamentales, entre otras especialidades de su menú. Es capaz de eliminar a los caracoles cubanos al competir por espacio.

El nuevo bicho llega a medir unos 20 centímetros a los ocho meses de edad y hasta 30 centímetros a los dos años de vida. El caso es que si lo dejan, puede llegar a medir 30 centímetros, casi del tamaño de un gato pequeño. Entonces, ¿qué más le falta a esta gente por hacerle al pobre pueblo cubano? ¿Quién trajo al caracol y cómo está aquí?

Es de sobra conocido que las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) tienen como fundamento y razón de ser defender la integridad territorial del supuesto ataque de un ejército enemigo. El caso es que si el enemigo eventual es el ejército o las fuerzas armadas de los Estados Unidos, las FAR serían doblegadas en aproximadamente tres o quizás cuatro horas. Entonces, ¿para qué sirven? Quizás además de prósperos empresarios, deberían reconvertirse en policías. En fin, ocuparse en algo útil, como podría ser evitar la entrada del próximo caracol o averiguar por donde entró este.

Digo por donde entró porque se sabe que salió de África. En África están los mejores amigos del régimen militar cubano. También es el espacio primado para muchas epidemias, miasmas y corrupciones. Allí residen los gobernantes más ricos, empoderados sobre los pueblos más pobres del orbe. En su mayoría y de acuerdo con las últimas corrientes, todos son de izquierda y en su mayoría revolucionarios. No existe conflicto de interés alguno entre robar y desfalcar el erario público y declararse públicamente revolucionario, antimperialista y todo lo demás.

¡Qué diría de esto la Sra. Bejerano con su aspecto de viejecita buena o de hada madrina de Cenicienta de Disney!

Se dice que algún especialista de la Inteligencia Militar le conseguirá al general-presidente el camaroncito duro (africano) que lo saque de su apuro. De ser así, ojala no sea venenoso y no acabe con el resto de las pocas cosas que aún no han conseguido destruir esta gente.

Llegó el caracol africano. El caso es que lo hizo precedido por los hombres iguana de corbata roja. Quizás sea necesario para Cuba desembarazarse de ambos y entonces, lograr tener un buen sueño reparador sin pesadillas africanas, venezolanas, rusas o de cualquier otro origen. Dios lo quiera.

 

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