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Daño colateral

Daneibys de la Celda, en Primavera Digital

Camagüey.- Nos llamó mucho la atención, cuando siendo más de las 11 de la noche, vimos llegar al auto patrulla de la Policía Nacional Revolucionaria -con chapa 411- a la cuartería sita en la calle García Rocco 109 entre A y B, Reparto Beneficencia, Camagüey, donde junto a mi esposo, vivo alquilada.

El objetivo era detener a una menor de 15 años y a su madre. Esta última había sido dada de alta médica esa misma tarde, después de convalecer -con riesgo para su vida- de dengue hemorrágico, que asola la ciudad de Camagüey.

Antes de efectuar el arresto, los policías, con chapas 19409 y 08863, entraron en la casa de la persona que acusaba; Osdialkis Zaldívar Gutiérrez, una mujer de unos 40 años. Allí bebieron refresco y luego se dirigieron a la acusada.

Lisset Carrillo Herrera, que es el nombre de la madre de la menor Diosmely Calderón Carrillo, muy contrariada, preguntó el por qué de la detención. En muy mala forma, los policías, pertenecientes a la 1ra. Unidad, conocida como Avellaneda, le explicaron que en horas de la mañana, su hija había tenido una riña con la vecina y esta la había acusado.

No obstante, llegaron al lugar después de las 10 de la noche, hora límite para efectuar una detención domiciliaria, y sin tener ningún documento que ordenara el arresto.

Cabe notar que en franco ejercicio del amiguismo y el uso arbitrario de las influencias, la denunciante venía con los patrulleros, los guiaba en su proceder, entró a su casa de donde -incluso- salió con una cartera mediana y se montó en la patrulla sin ser requisada.

Todo esto dejó atónitos a los vecinos.

La policía, que pocas veces cumple a cabalidad su trabajo, no es ajena a la corrupción que azota al país.

El origen de la trifulca fue un perrito de la niña, que la demandante echó a patadas del portal de su casa y la menor le cuestionó el proceder con el animalito.

Dicen los vecinos que presenciaron el hecho que la señora Zaldívar tomó a la adolescente por el pelo y la arrastró hasta dentro de su casa.

Todos sabemos que en Cuba no hay leyes que protejan los derechos de las personas y menos los de los animales.

Al ver tamaña injusticia con esta mujer pobre, de la raza negra, con nulos conocimientos de los pocos derechos que tiene el cubano y sin alguna amistad influyente a la que acudir, decidimos hacernos presente en la unidad policial y acompañar a esta madre y su hija.

El procedimiento duró hasta las 6 de la mañana. Para abreviar diré que a las 2 de la madrugada apareció el instructor del caso, que no era de la Unidad y sobre las 4 les tomó declaraciones a la madre y la menor, lo que también va contra lo establecido, ya que esto debió haber sido hecho por el fiscal municipal, por tratarse de una menor de edad.

El instructor, sin disimulo, trató de coaccionarlas, diciéndole que la niña sería remitida al Centro de Reeducación de Menores y la madre a una celda por no querer cooperar. Debido a este proceder, tuvimos un fuerte debate con él, quien al saber que éramos periodistas independientes, se negó a darnos su nombre; pero no obstante, lo obtuvimos de la citación que le dio a la madre. Se llama Yordan Aguilera Rojas.

Después de terminada la entrevista, nos trasladamos por nuestros propios medios al Hospital Infantil de Camagüey, donde la menor recibió asistencia médica por sus lesiones y se le entregó el certificado en presencia de un oficial de la tercera unidad de Montecarlo, a donde nos dirigimos en busca de policías “imparciales”.

La demandante había presentado un certificado, sin avalar por la policía, de una lesión en un dedo; por lo que al pedirnos la doctora del Hospital Infantil la presencia de la autoridad, también supimos que no era válido este documento.

Casos como estos son comunes, ya que la mayoría de la población carece de cultura sobre sus derechos y les son violados constantemente, pues el régimen ni siquiera cumple con las leyes que ellos mismos han establecido.

Podría ser que Lisset, denunciara a estos dos policías actuantes ante la Fiscalía Militar, pero esto nunca funciona y quizás la mujer y la niña tengan otras consecuencias.

Mi esposo y yo obtuvimos un daño colateral: la dueña del alquiler donde estamos nos dio 15 días para que desalojáramos el lugar. Aunque sabe que defendíamos una causa justa, nos manifestó: “No quiero líos con la policía ni relación con opositores. No son malas personas, pero no me puedo señalar…”.