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Cuesta abajo y sin frenos

Jorge Olivera Castillo, Primavera Digital

Habana Vieja, La Habana.- El medioambiente cubano está sobrecargado, pero no de gases que salen de las chimeneas de fábricas, refinerías y de los tubos de escape de los miles de autos, casi todos de la década del 50 del siglo pasado, que recorren las deterioradas calles del país.

La atmósfera insular tiene otros huéspedes, también mortales, y que llegaron para quedarse. No hay territorio a salvo de plagas y bacterias a causa de los altos niveles de insalubridad, la apatía social que impide la articulación de las medidas preventivas que anuncian a diario por los medios de comunicación y un sistema de salud pública caracterizado por un progresivo retroceso.

Los brotes de cólera, que desde el mes de junio del presente año, surgieron en la oriental ciudad de Manzanillo, ubicada a unos 700 kilómetros al este de la capital, muestran el aumento de los riesgos de ser infestado por una enfermedad que desde 1882 no se reportaban casos en el país, al menos de forma epidémica, como ocurrió en este verano de 2012. En otras ciudades como Santiago de Cuba, Guantánamo y La Habana, también se contabilizaron enfermos, aunque en menor escala.

Informaciones oficiales estiman que la epidemia dejó tres muertos y 417 enfermos, cifras que no son fiables a partir de la falta de fuentes independientes para verificar las estadísticas y la tendencia a la manipulación de cualquier noticia que afecte la credibilidad del gobierno. En Cuba, todos los medios de comunicación continúan bajo la égida del partido comunista.

Atinado es reconocer que la interrupción de esta plaga causada por la bacteria Vibrio cholerae, puede ser tan solo una pausa de algo que tendrá sus réplicas en los meses venideros.

Una observación del escenario a nivel nacional aporta las claves para realizar los pronósticos más sombríos. Si en La Habana la situación higiénico-epidemiológica presenta un sinfín de irregularidades, ¿qué podría esperarse de las circunstancias en el resto de las provincias?

Por ejemplo, el indetenible número de personas afectadas por el virus del dengue, transmitido por el mosquito Aedes aegypti, se agrega a la nómina de los cuestionamientos en relación a la efectividad de los programas de salud, con respecto a las campañas de eliminación de vectores.

A esto habría que agregar los problemas existentes en la red hospitalaria nacional. Entre estos sobresalen los casos de negligencia, desmotivación laboral, escasez de insumos y personal calificado, que contribuyen a alargar los términos de las crisis o que estas reaparezcan cada cierto tiempo.

Las pésimas condiciones de trabajo y los bajos salarios, impiden resultados satisfactorios. Es increíble que el sistema de salud no haya colapsado ante la vigencia de tantos factores negativos.

Tras las paredes del triunfalismo que los albañiles del partido único se encargan de retocar de forma cotidiana, se esconden los gérmenes de una catástrofe que avanza en cámara lenta y que puede llegar a su clímax en el momento menos esperado.

Ya no solo son el cólera y el dengue los que azotan a Cuba. En esta familia de agentes patógenos que se cuelan por las grietas de la mediocridad y el relajo, está la tuberculosis y hasta la malaria.

El ingreso, sin un exhaustivo chequeo médico, de miles de extranjeros provenientes de países de Latinoamérica y África fundamentalmente, bien para tratarse una enfermedad o cursar estudios universitarios como parte de los convenios establecidos en el marco de la Alianza Bolivariana para las los Pueblos de Nuestra América (ALBA), podría estar entre las razones de que se hayan alterado los patrones inmunológicos y ambientales facilitando así la multiplicación de las plagas.

La proliferación de desagües por calles y avenidas, tanto de agua potable como albañales, las toneladas de escombros sin recoger tras los derrumbes totales y parciales que ocurren a diario, son la otra parte de la ecuación que expone, en primer plano, los signos de la vulnerabilidad en este ámbito.

En los sindicatos que pertenecen el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), se debaten las incidencias, se proponen soluciones inaplicables o parciales, y sobre todo se piden nuevas cuotas de sacrificio en aras de conservar las “conquistas del socialismo”.

En medio de estas monsergas el sistema continúa zozobrando, mientras sus administradores exhiben, con gozo, el macuto lleno de promesas listas para su inmediata divulgación e insistiendo que vamos de victoria en victoria.

Una afirmación sin la mínima oportunidad de ser creíble. El socialismo de corte estalinista va cuesta abajo y sin frenos.

 

 

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