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¿Cuentapropistas o rufianes?

Los taxistas aseguran que los ‘buquenques’ los amenazan, los pasajeros denuncian que los estafan

Julio Cesar Álvarez, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Los choferes aseguran que estos cuentapropistas los amenazan, los pasajeros denuncian que los estafan.

Su mediación encarece en un 50 por ciento el valor de los pasajes de taxis interprovinciales, haciéndoles ganar en un día el salario promedio mensual de un trabajador público. Pero ellos se defienden invocando la ley de la oferta y la demanda.

Su área de trabajo es la piquera (base) de taxis de la terminal de ómnibus de La Habana, ubicada en la esquina de la avenida de Rancho Boyeros y el Parque de las Comunicaciones, municipio Plaza de la Revolución.

La resolución No 42 del 22 de agosto del 2013 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social los identifica como “gestor de pasaje en piquera”, pero se les conoce popularmente como “buquenques”.

Intimidados y estafados 

Omar García Lazo, un cubano que necesitaba viajar, los denunció el 4 de septiembre del 2015 en el diario oficialista Granma, en una carta titulada “El modus operandi de los que llenan los taxis en la terminal de ómnibus nacionales”.

“Lo cierto es que tres personas actúan como intermediarios que suben y bajan los precios a su antojo con la complicidad o la indiferencia de los choferes, mientras que el pueblo es el que paga la estafa y además el maltrato, pues la “organización” de la cola es un simple camuflaje que permite operar con mayor facilidad y cierta legitimidad, porque, en definitiva, quienes organizan la cola son los mismos pasajeros que se ven burlados en ocasiones por otros pasajeros dispuestos a pagarle a los “organizadores” algo más que el precio ya inflado artificialmente”, denunciaba Omar en su carta.

Dos internautas también comentaban sobre el asunto en el artículo publicado por Cubahora el 31 de enero de 2015, titulado “ANCHAR y buquenques (¿o alcahuetes?)”.

Uno opinaba: “es indignante que hayan legalizado a estos delincuentes. Uno está frente al chofer y no te dejan hablar si no por medio de él, sacándote el dinero por una gestión que perfectamente puede hacer uno mismo. Es incomprensible”.

Y el otro comentaba: “Según he podido conocer por amistades que se dedican a la transportación de personas, en la Terminal de Ómnibus de La Habana lo que existe es una verdadera mafia”.

Pero no todos los denuncian públicamente como Omar o escriben sus comentarios en internet.

Alina viaja de vez en cuando por esa piquera. Trae a su papá a consultas a un hospital en La Habana. Sabe que paga muy por encima de lo que debiera, pero no quiere ningún tipo de problemas con “esa gente”, como les llama a los buquenques.

Es el caso también de dos choferes de taxis privados (boteros) de esa piquera, quienes pidieron anonimato. Uno cubre la ruta La Habana-Santa Clara, y el otro La Habana-Pinar del Río.

Ambos afirman que no sólo los intimidan si protestan, sino que también los buquenques los amenazan con no cargar más pasaje allí, a menos que acepten sus condiciones: esperar al que el buquenque les cargue el carro, con el valor de los pasajes inflado hasta en un 50 por ciento más de lo que piden ellos como choferes.

“Muchos de nosotros estamos aquí desde que ellos eran ilegales en el 2008. Ahora que están legalizados es peor, porque antes pagabas sólo 10 pesos al buquenque si había poco pasaje y ellos te traían a alguien de la lista de espera. Yo siempre me busqué mi propio pasaje. Nunca los necesité. Ahora sobran los pasajeros, pero tienes que quedarte en el carro hasta que ellos lo llenen y cobren su parte”, afirma el chofer de la ruta Santa Clara.

“Puedes fajarte con ellos, pero te caen en pandilla”, afirma el de la ruta Pinar del Río.

¿Oferta y demanda o feudo territorial?

Los trabajos por cuenta propia que se rigen por la ley de la oferta y la demanda son considerados indispensables porque su servicio es necesario, como es el caso de los choferes de taxi particulares, debido al grave problema del trasporte público en la isla.

Pero no es el caso de los buquenques, a quienes la mayoría, tanto pasajeros como choferes, consideran parásitos, y cuyo servicio no califica como indispensable.

En la piquera de la terminal de ómnibus, un chofer le cobraría a un pasajero 10 dólares (240 pesos) por un viaje a Santa Clara, pero los buquenques les cobran a los pasajeros 15 dólares. A Pinar del Río un chofer de un auto cobraría 5 dólares, pero los buquenques cobran 7.

Los choferes no reciben un centavo por ese elevado recargo a los pasajeros, sólo la autorización por parte de los buquenques para transportarlos en esa piquera, a pesar de que los boteros sí se rigen por la ley de la oferta y la demanda.

Y al final todo parece como si dicha ley obligara a los choferes a imponer ese precio, porque ninguno de los buquenques le advierte al pasajero que le está cobrando 5 CUC por un servicio que el pasajero no ha solicitado.

 “Te puedo asegurar que ningún chofer, ni ningún pasajero los necesita. Ese cuento de la ley de oferta y demanda es un invento de ellos, y de los que los autorizaron a hacer de las suyas aquí para llenarse los bolsillos. Nosotros sí somos oferta y demanda”, asegura el de Santa Clara.

Al preguntarle a un buquenque por qué si los choferes cobraban 10 CUC él quería cobrar 15, solamente respondió: “esto es oferta y demanda, mijo, o lo tomas o lo dejas”.

También los choferes entrevistados afirman que la mayoría de esos buquenques son ex presidiarios salidos de la prisión Combinado del Este, en La Habana.

“Todos se conocen de allí. Este es su territorio. Esta piquera es suya. Incluso los hay presos en la actualidad que reciben su dinero en la prisión como si trabajaran aquí. Y nada de eso es un secreto, ellos mismos lo dicen”, asegura el chofer de Pinar.

Apenas trabajan, pero ganan el doble

Según los choferes su ganancia en un mes puede elevarse a más de trescientos dólares (7 200 pesos), después de apartar el dinero para los arreglos del carro, el combustible, los impuestos, las gomas, etc.

Un litro de petróleo en el mercado negro vale de 8 a 10 pesos moneda nacional, y el chofer de Pinar del Río tiene que comprar 40 litros para un viaje de ida y vuelta. Reparar el motor le cuesta 1000 CUC (24,000 pesos), cada goma 130 CUC también en el mercado negro, por poner algunos ejemplos.

Por otro lado, conducir un auto 10 horas diarias es para los choferes un trabajo agotador.

Según ellos, los buquenques están organizados en tres brigadas de más de 10 personas cada una. Ocho horas por brigada para cubrir todo el día.

Los mismos buquenques alardean que en un turno de trabajo pueden ganar hasta 20 CUC (480 pesos) o más.

“Y eso después de darle diariamente al jefe de los buquenques, Armandito, 20 dólares por brigada. Son 60 dólares (1,440 pesos) diarios para el jefe. Además del dinero que tienen que sacar para pagar a todos los que se están beneficiando de esa jugada”, asegura Pinar.

Los gestores de pasajes en piquera sólo tienen que pagar por la licencia 100 pesos (poco más de 4 dólares) mensualmente a la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT). Al no incurrir en otros gastos, su ganancia mensual neta asciende a poco más de 595 dólares.

“Ganan el doble de nosotros de fly (sin hacer nada)”, concluye el chofer de Santa Clara.

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Los choferes niegan que sean cómplices de los buquenques. Tienen que hacer lo que estos dicen porque de otra manera no les dejan cargar pasajes allí. Argumentan que son las autoridades del municipio las que tienen que solucionar el problema, pero que son las primeras en no hacer nada.

“Aquí hay choferes que se han quejado, pero a la semana viene el jefe de los buquenques y les dice que no se quejen más que no van a resolver ningún problema. Es como si tuvieran a todo el mundo comprado”, afirma el de la ruta Pinar del Río.

Por qué las autoridades, que son las únicas que pueden hacerlo, no regulan la actividad y los precios de estos cuentapropistas, considerados innecesarios por choferes y pasajeros.

Pero hasta que alguien se decida a ponerle el cascabel al gato, los pasajeros seguirán pagando 120 pesos en esa piquera por tan sólo oír el pregón del buquenque: “Santa Clara”.