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Cuba, una isla entrampada por el inmovilismo

Las autoridades cubanas temen que la apertura económica implique pérdida del control político

Miriam Leiva, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Solo 83 proyectos de inversión extranjera por 1,500 millones de dólares fueron aprobados desde 2014, frente los 2,000 millones anuales necesarios. Algunos proyectos empezaron a desarrollarse recientemente o no han comenzado, según informó el Ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, durante la Feria Internacional de La Habana, FIHAV 2016.

No se avanza al ritmo deseado y tienen que seguir trabajando mucho para que los negocios se concreten sin dificultades ni demoras innecesarias; se está tratando de agilizar el flujo de nuevas inversiones con la autorización en proyectos de infraestructura y las cooperativas agrícolas, reconoció Rodrigo Malmierca. Sin embargo, continúan excluidas las inversiones en actividad privada mediante los cuentapropistas.

El ministro anunció que Cuba no alcanzará el 1% de crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto). En FIHAV 2015 había expresado que la desaceleración económica experimentada durante un breve período quedó superada en 2015 y para 2016 se espera que el PIB aumentara en un 4%. Posteriormente el gobierno lo bajó a 2%. Desde la información dada por Raúl Castro sobre el desempeño económico en el primer semestre de 2016, y la carencia de liquidez,  analistas auguraron un estancamiento este año y recesión en 2017.

El gobierno cubano culpa al embargo norteamericano. Los empresarios nacionales e internacionales atribuyen el mayor problema a la burocracia estatal. Indudablemente, el embargo es un gran obstáculo mientras las empresas de terceros países puedan ser penalizadas y las norteamericanas no estén autorizadas a invertir libremente. Pero las autoridades isleñas mantienen el fuerte bloqueo interno en todos los aspectos. Autorizar la implementación  de las medidas aprobadas por el presidente Obama sería un fuerte respaldo al progreso nacional y alentaría el levantamiento del embargo por el Congreso de Estados Unidos. El comercio no aumenta con ese país, luego de varios años de decrecimiento de las compras cubanas. Los empresarios norteamericanos expositores FIHAV 2016 estaban desanimados por la poca perspectiva a corto plazo de hacer negocios con Cuba, según agencias de prensa internacionales.

Para colmo, la producción de los tractores Oggun en Mariel no ocurrirá, anunció Saúl Berenthal días antes de iniciarse la feria. “Sin apenas tocar tierras cubanas, los tractores de la compañía estadounidense Cleber LLC ya aran en la opinión pública internacional y las relaciones entre Washington y La Habana”, había sido el artículo de Granma. La empresa Cleber, propiedad del cubano-americano Saúl Berenthal y de Horace Clemmons, fueron estimulados por el gobierno cubano a creer que construirían la primera fábrica estadounidense en Cuba y obtuvieron permiso del gobierno de Estados Unidos. En FIHAV 2015, la fábrica fue anunciada entre las 8 próximas inversiones en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel.

Raúl Castro apostó por las inversiones extranjeras y el acercamiento a Estados Unidos para detener la profunda crisis económica que se avecinaba, cuando el inmenso apoyo económico de Venezuela declinaba y se acercaba su final. Sin embargo, a pesar de reconocer públicamente la necesidad de cambios radicales en el manejo de la economía, optó por la “Actualización del Modelo Económico y Social”, incapaz de reformar las prácticas fallidas durante decenios y que llevaron a la crisis económica más profunda de la historia de Cuba.

Las autoridades cubanas han estado entrampadas por su miedo a que la apertura económica implique pérdida del control político, la inseguridad de los dirigentes y especialistas para exponer sus criterios, el desconocimiento e inexperiencia a todos los niveles, la burocracia, el entramado de leyes restrictivas al máximo, y la cerrazón a la libre creatividad en la agricultura y las actividades por cuenta propia, posible completo de la macroeconomía, fuente de trabajo y sustento de millones de cubanos. Imposible seguir perdiendo tiempo en desbloquear las actividades económicas y agilizar los procesos de aprobación de las inversiones extranjeras.

Las calamidades económicas del país se acentuaron por la incidencia en Baracoa, Maisí e Imías de un fortísimo ciclón a comienzos de octubre. Matthew destruyó las miserables pertenencias domésticas y miles de paupérrimas viviendas, que se restauran lentamente mediante materiales endebles incapaces de resistir fuertes embestidas. La agricultura alimentaria, y las únicas plantaciones de cacao y coco  en el país fueron arrasadas, con devastador impacto a la economía local, las exportaciones, y la pérdida de las fuentes de empleo. El 90% de las 3,635 hectáreas de cacao se afectó seriamente. El restablecimiento productivo se calcula en dos años. Las 6,408 hectáreas de coco existentes en Baracoa no tienen posibilidades de recuperación. Sucumbió un millón de cocoteros y las nuevas plantaciones demorarán en producir un mínimo 5 años (datos publicados en Granma). También el café tuvo fuertes pérdidas. Los caminos borrados aún tardarán mucho tiempo en comunicar a las poblaciones intrincadas en las montañas. Las pérdidas económicas se incrementan por la lógicamente priorizada restitución de los sistemas eléctrico, hidráulicos y de telecomunicaciones. El gobierno solo ha admitido las donaciones de algunas instituciones internacionales y pocos gobiernos, con lo cual lesiona la solución de la precariedad de los habitantes en la tradicionalmente muy pobre región. Afortunadamente el embate en la zona minera de Moa no fue grave.

El incremento del turismo internacional no resulta suficiente para contrarrestar los problemas económicos de Cuba, entre muchas causas, por la baja producción, la carencia de insumos, la caída de los precios del níquel y algunos otros productos, la disminución del suministro de petróleo venezolano con influencia también en la pérdida de las exportaciones cubanas en derivados, y la eventualidad de adquirirlo en otros mercados, como Argelia, Rusia e Irán, pero probablemente en condiciones menos preferenciales. Razones más que suficiente para apretar el paso en los cambios internos y la apertura hacia el exterior.