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Cuando llegue el barco

Lucas Garve

LA HABANA, Cuba, septiembre, www.cubanet.org -Fui al habanero hotel Plaza para comprar una tarjeta de conexión a Internet, al precio de $ 6 CUC, moneda equivalente a divisa, y la recepcionista me informó que no había tarjetas de conexión en toda La Habana hasta que no llegara “el barco”.

Pasé por una tienda en divisas para comprar un sobre de detergente en polvo para lavar, y el dependiente me dijo que no había. Tampoco había jabón de lavar, ni de baño. Al preguntar la razón, me dijo que hasta que no llegara “el barco”.

En definitiva, me quedé pensando que regresamos a la época colonial de las flotas mercantes en barcos de vela, aunque aquellas se llevaban los productos de América hacia España.

Es increíble cómo, durante medio siglo, se han ido eliminado las industrias en Cuba. Hoy a muchos nacidos después de 1959 les han hecho creer que en Cuba no había industrias, y que todo lo necesario para el consumo era importado, algo completamente falso.

Existían grandes, medianos y pequeños centrales azucareros, con una producción de más de veinte millones de sacos, y solamente 7 centrales produjeron 3 millones 238 966 de sacos de azúcar, en 1959.

Otro ejemplo sería el de las industrias transformadoras que se nutrían del sector vacuno. Entre ellas, había peleterías (2 962), carnicerías (7 000), lecherías (718), pasteurizadoras (36) , fábricas de leche condensada y evaporada (6), jabonerías (142), fábricas de calzado (1 220), fábricas de pienso (116), fábricas de embutidos (51), talabarterías ( 153), mataderos (261), fábricas de helado (10), curtidurías (75), fábricas de queso (23), fábricas de tasajo (27), fábricas de mantequilla (18).

Cuando se sigue observando las listas de industrias que había en Cuba hasta el momento de las expropiaciones, por parte del Estado, en los años 60, no se puede dejar de pensar cuánto nos perjudicó este engendro de socialismo salvaje, impuesto a la prosperidad económica de la Isla.

Sólo así es posible comprender las penurias y la escasez sufridas en medio siglo de depauperación industrial. Por eso es que en el presente hay que importar desde el jabón de baño hasta las frazadas de piso, cosas que se producían en el país hace más de 50 años.

Tales datos se ocultan a la población, sobre todo a los jóvenes. Sobre el pasado solamente se divulgan los errores y las pillerías de gobiernos anteriores, asegurando que no hacían otra cosa más que robar, mientras que los dueños de industrias sólo explotaban a los trabajadores.

Ante la penuria y la escasez de productos, el gobierno culpa al embargo estadounidense. Pero cuando al fin uno logra encontrar jabones de baño en las tiendas por divisa, y tiene la curiosidad de leer el lugar de origen, descubre, por ejemplo, que han sido fabricados en Turquía. Dígame usted, mandar a buscar jabones al final del Mediterráneo, cuando 60 años atrás se producían abundantemente en Cuba.

Y no es que el nuestro sea el caso de los países desarrollados en la nueva economía globalizada que, debido al alto costo de la mano de obra, han abandonado las industrias manufactureras para dedicarse a las de servicios y alta tecnología, porque les resulta más barato producir los artículos en países pobres e importarlos. En Cuba el gobierno ha destrozado la industria manufacturera, sin que se hayan desarrollado otras que generen servicios, productos, trabajo para el pueblo e ingresos para la nación.

Y para colmo, como se demora siempre en llegar “el barco”.

 

 

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