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¿Cuánto cuesta el bloqueo interno?

El gobierno cubano emite cifras de los “daños” del embargo, pero calla los costos del bloqueo interno a su pueblo

Orlando Freire Santana, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Por estos días la propaganda castrista publica cifras astronómicas relacionadas con los costos que el embargo norteamericano -el bloqueo, según su vocabulario- le habría ocasionado a la economía cubana. A lo anterior se agrega que la isla es “víctima” de programas injerencistas financiados  por el vecino del norte.

En ese contexto, el periódico oficialista Juventud Rebelde, en su edición del 25 de octubre, publica el artículo “Cerco que congestiona las líneas”, que trata acerca de las supuestas afectaciones que el embargo ha ocasionado al sector de las comunicaciones.

Después de señalar que el Grupo Empresarial de Informática y Comunicaciones  (GEIC) debe realizar el grueso de sus importaciones en Europa y Asia, con el consiguiente aumento de los costos por flete, o el aumento de los precios de transportación al involucrar a terceros países en las transacciones, la señora Ángela Merici, directora de Comercio Exterior de la referida entidad, expresó que “Además, impedir que emisoras enemigas utilicen nuestro espectro electromagnético conlleva un costo adicional”. Así, a secas, y sin mencionar cifras.

Los gobernantes cubanos, y sus compinches allende los mares, se ufanan de que las emisoras Radio y TV Martí no se escuchen ni se vean, respectivamente,  en la isla. Sin embargo, la opinión pública ignora cuántos recursos humanos, materiales y financieros se emplean para impedir que la población cubana acceda a una información diferente de la que ofrecen los medios oficialistas.

Radio Martí constituye un ejemplo fehaciente del esfuerzo castrista por acallar las voces alternativas. En un inicio la emisora fue interferida en la onda media (AM), la misma frecuencia donde se sintonizan las emisoras nacionales. Las autoridades argumentaron que no era justo que alguien fuese a sintonizar Radio Progreso o Radio Rebelde, y de pronto se topara con Radio Martí.

En un segundo momento, enseñando sus verdaderas intenciones, el castrismo interfirió también a Radio Martí en la onda corta. Es decir, un bloqueo interno contra las personas que, con toda intención, buscaban sintonizar la emisora opositora.

Hay que añadir que los poquísimos equipos de radio que se han ofertado últimamente en las tiendas cubanas no permiten la sintonía de emisoras de onda corta. Quién sabe si por ese pedido especial a los fabricantes, el castrismo haya tenido que desembolsar un importe adicional.

El capítulo más reciente del bloqueo interno en materia de comunicaciones ha sido el bloqueo de varias páginas web en las que habitualmente colaboran los periodistas independientes de la isla. ¿Cuántos recursos se habrán empleado en semejante ataque al libre flujo de la información? Por supuesto, nadie lo sabe.

Aquí en Cuba el que diga embargo ya es mal mirado por las autoridades, porque hay que decir bloqueo. Al que diga que el bloqueo tuvo fisuras a partir de las ventas de alimentos estadounidenses a la isla, le puede pasar lo que a un Viceministro de Relaciones Exteriores, a quien le desautorizaron esa afirmación. Y a quien pregunte por los costos del bloqueo interno, probablemente salga con un puñetazo en la boca. Ese es un secreto de Estado.