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Crueldad infinita

Oscar Sánchez Madan, Primavera Digital

Cidra, Matanzas.- El pasado 25 de junio, en la ciudad de Cárdenas, Matanzas, agentes del gobierno de Raúl Castro efectuaron un operativo militar y parapolicial, calificado por la población como "hecho vandálico" por sus espantosas consecuencias.

Para ofrecer detalles sobre el mismo este colaborador de "Primavera Digital" entrevistó a Eduardo Pacheco Ortiz, un excampeón nacional de pesas (1982), de 53 años de edad, miembro de la Junta Directiva del opositor "Movimiento Independiente Opción Alternativa" (MIOA).

Periodista: Estos operativos son conocidos en Cuba como "actos o mítines de repudio". ¿En qué consisten?

EP: Son movilizaciones que organiza, financia y dirige el gobierno, con el auxilio de su policía política y de orden público, para hostigar y torturar a los disidentes y a sus familiares por el simple hecho de que éstos no comulgan con la ideología oficial. Los caracterizan el odio y la violencia que manifiestan sus protagonistas. Son acciones de desorden público cuyo propósito es infundir el terror en las víctimas, afectar su sistema nervioso y, además, aterrorizar a la población. Se pueden calificar como actos de genocidio.

P: ¿Cómo se desarrollan?

EP: Te contaré lo que nos ocurrió a nosotros para que comprendas el peligro que acompaña a estas repugnantes acciones.

Resulta que en la noche del pasado 24 de junio, dieciséis opositores integrantes del MIOA, organización a la que pertenezco, efectuamos un "toque de cazuelas" (cacerolazo) aquí, en el techo de mi residencia, para protestar contra las amenazas de encarcelamiento que pesan sobre la activista Leticia Ramos Herrería, quien también es miembro del movimiento "Damas de Blanco".

Momentos antes de la protesta se dijeron algunas palabras por el Día Nacional de la Resistencia, jornada que se conmemora en diferentes regiones del país, los días 24 de cada mes.

A las cinco de la tarde del día 25, alrededor de cincuenta personas, entre los que se contaban policías, dirigentes partidarios del gobierno e incluso algunos delincuentes, sitiaron mi casa.

P: ¿Quiénes se encontraban en el interior?

EP: Los mismos que participamos en el cacerolazo. Nos habíamos movilizado ya que simpatizantes que tenemos dentro de las filas del oficialismo nos advirtieron sobre la respuesta que daría el gobierno.

P: ¿Podría mencionar a algunos?

EP: El joven Edelvys Granda Pérez, Leticia Ramos Herrería, el activista Nelson Curbelo Rodríguez, mi esposa Sayma Lamas Barzola, mis dos jóvenes hijas Evelin Pacheco Lamas y Elizabeth Pacheco Lamas, el matrimonio compuesto por Rolando Landrián y Adys Montano, entre otros. Adys y Rolando estaban acompañados de su pequeño hijo, de un año y siete meses de edad.

P: ¿Hubo violencia?

EP: Durante diez horas, es decir, desde las cinco de la tarde del día 25, hasta la tres de la madrugada del 26, los integrantes de la turba, incluidos los policías, se mantuvieron gritándonos improperios, con el auxilio de altoparlantes, y golpeando con fuerza la puerta y una tapia de metal que cubre la entrada al garaje. Asimismo, pintaron letreros en la fachada de la casa, subieron al techo, arrancaron la antena de televisión y se robaron una bocina de audio que allí había. Sí, por que como te explicaba, entre ellos hay ladrones.

P: ¿Quién se ocupaba de restablecer el orden?

EP: Nadie. Pregúntame mejor quién dirigía aquel vergonzoso desorden.

P: ¿Quién?

EP: La policía política, conocida en Cuba como Departamento de Seguridad del Estado. Todo un ejército de tropas especiales de asalto, de contrainteligencia, de especialistas en torturas físicas y mentales, etc.

Fue tal el odio manifestado por esos facinerosos que hubo un momento en que colocaron un ómnibus cuyo motor había sido previamente manipulado para inyectar al interior de la vivienda gran cantidad de humo del tubo de escape. Nos torturaron de esa manera durante más de cuatro horas.

P: Pero ustedes habían hecho ruido con las cacerolas en horas de la noche del día 24. ¿No afecta eso la tranquilidad ciudadana, como con frecuencia manifiesta el gobierno?

EP: Nosotros ejercimos un derecho humano básico consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, facultad que no está penada por las leyes cubanas vigentes, aunque las autoridades la coarten.

P: ¿Qué hicieron para enfrentar la situación que nos describió anteriormente?

EP: Nos trasladamos hacia el fondo de la vivienda y los hombres protegimos a las seis mujeres que nos acompañaban y al niño. Fue un escenario muy difícil, ya que los agresores gritaban, ofendían, hacían sonar el timbre de la puerta de forma ininterrumpida y golpeaban, hasta el cansancio, la tapia metálica del garaje. También amenazaban con entrar, agredirnos físicamente y arrasar con todo lo que encontraran. En muchos lugares del país lo han hecho.

P: ¿Lograron filmar esos acontecimientos?

EP: Sólo al inicio. Los más sobresalientes actos de violencia no se pudieron filmar. Hacerlo era muy peligroso. Los miembros de la turba querían ver la sangre correr. Estaban protegidos por el gobierno.

P: ¿Y las filmaciones?

Las filmaciones ahora no te las puedo entregar, ya que ahora mismo la policía política nos vigila. Además, no están en la casa, por razones obvias.

P: ¿Hubo arrestos?

EP: Sí. El primer detenido fue el activista Rudel Montes de Oca, quien se hallaba fuera de la vivienda y acudió para solidarizarse con nosotros. La policía lo condujo hacia la estación local y lo encerró en un calabozo. Eso ocurrió como a las seis de la tarde del día 25.

A las ocho y treinta de la noche detuvieron a los hermanos Jorge Luis Paso y Juan Carlos Paso. Uno de ellos padece de diabetes mellitus y necesitaba inyectase insulina, por lo que decidió abandonar el lugar junto a su hermano. El enfermo, al salir, fue conducido a la estación de policía y encerrado también en un calabozo durante doce horas, sin que se le brindara asistencia médica ni se le suministrara el medicamento.

P: ¿Hubo otros detenidos?

EP: En la mañana del día 26, agentes de la policía política arrestaron, después de que abandonaron mi casa, a los activistas Edelvys Granda Pérez y Rolando Landrián. Al primero lo trasladaron hasta la unidad policial del municipio Ciénaga de Zapata. Al segundo lo condujeron hasta la del municipio de Martí. A este último le propinaron una brutal golpiza. A ambos los recluyeron en un calabozo por espacio de cuarenta y ocho horas.

P: Usted dijo al inicio que los actos de repudio los organiza y dirige el gobierno con el apoyo de los militares.

EP: Sí. Pudimos ver, entre los agresores, al jefe de la Sección de Enfrentamiento a la Disidencia en Matanzas y a su segundo, el agente "Javier". Asimismo, observamos al coronel Lacalle, jefe de la policía en el municipio de Cárdenas. Además, notamos la presencia de varios oficiales (hombres y mujeres) pertenecientes a la Dirección Provincial de Establecimientos Penitenciarios. También observamos a varios funcionarios del Órgano Municipal de la Vivienda.

P: ¿Cómo reaccionó la población ante los hechos narrados?

EP: De forma positiva. La policía se vio obligada a arrestar al menos a cuatro ciudadanos que filmaban los acontecimientos o protestaban entre alrededor de doscientas personas que, desde una esquina, manifestaban a viva voz, sus críticas al gobierno y pensaban intervenir a nuestro favor, en caso de que la vivienda fuese asaltada.

Olvidaba decirle que durante esos desagradables acontecimientos dos de mis vecinas, señoras de más de sesenta años de edad, tuvieron que ser asistidas en instituciones médicas. Una de ellas sufrió un principio de infarto, por lo que la condujeron de urgencia hasta el hospital municipal.  A la otra la trasladaron también de urgencia hasta una clínica local, porque se le alteró el nivel de azúcar en la sangre, por razones emotivas.

P: ¿Qué han dicho los activistas del MIOA después de estos hechos?

EP: Que continuaremos trabajando, con la ayuda del Señor, para impedir, en un futuro estado de derechos, que los comunistas puedan mostrar, como esta vez, su aborrecible crueldad infinita. Y lo haremos convencidos de que Dios está con nosotros y nada puede vencernos.

 

 

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