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Croquetas, timbiriches y guarapo

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Me cuentan que la asamblea en el hospital “Hermanos Amejeiras” para “analizar” los Lineamientos de la Política Económica y Social para el VI Congreso del Partido Comunista se puso tan caliente por las quejas y las críticas de los participantes que sus organizadores abruptamente la tuvieron que dar por terminada.

En definitiva, no era para tanto. Si algo hemos aprendido es a nadar y a guardar la ropa. Y a sacar la lengua sin estirarla demasiado, para que no puedan pillárnosla con una tenaza y halarla…o arrancarla de cuajo.

En la asamblea del hospital, uno de los que más se atrevió cuando hizo uso de la palabra, a fin de cuentas dijo lo que todos sabemos: que la economía de un país no se desarrolla con croquetas y timbiriches.

Los que convocan las asambleas para debatir lo que ya está ordenado y aprobado, debían agradecer la franqueza, pero digan lo que digan y por mucho que llamen al debate, no quieren escuchar. Entonces, prefieren seguir como un perro mocho que intenta morderse la cola que no existe.

Los mandarines insisten en no llamar reformas a los remiendos milagreros, sino actualización del modelo económico. Como si los eufemismos pudieran sustituir las realidades.

En los dichosos Lineamientos advierten para la complacencia de la fosilizada burocracia partidista, dogmática y retranquera, reacia a todo cambio, que la planificación primará sobre el mercado.

Como hace más de medio siglo y hasta el fin de los tiempos que se acabarán inevitablemente pronto, por la biología o porque no podrán eludir el abismo por muy mañosos que sean, su conga es la misma de siempre –aunque ya no se parezca: “somos socialistas, palante y palante…” Y no de mercado precisamente. Por muchos jingshangs que haya y blogs oficialistas o casi, que remeden vagamente los dazibaos, también habrá laogais. Parece chino, pero no lo es. Sí pero no, parecen decir los mandarines de acá. Es sólo que la necesidad aprieta…

La palabra capital aparece más veces en el texto de los Lineamientos que un sustantivo que con tantas razones para preocuparse como tienen, ya no parece importar tanto a los mandarines: los trabajadores.

Los Lineamientos para el VI Congreso del Partido Comunista y toda la retórica economicista alrededor de la actualización del modelo económico, estatista ma non tropo, están llenos de contradicciones casi insalvables, al menos en el mundo real. Y no es para menos. Se juega al capitalismo bajo el control del Partido Único como si de un juego de pelota maniguera se tratara. Por supuesto que los bonzos comunistas son los dueños del bate, la pelota, los guantes rotos y el terreno con marabú donde pretenden obligarnos a jugar.

Tal juego tiene varios problemas insolubles. No se puede interpretar simultáneamente los roles de Martín Lutero y el Papa León X. Al mercado y la planificación les atañen ideologías y éticas totalmente diferentes. La planificación socialista está basada en una sociedad ideal, pero la implementación obligatoria y forzada, muchas veces a niveles estalinistas, ha sido la única manera en que puede ser alcanzada. Sus resultados son invariablemente catastróficos. Pero los súbditos tienen que acatar las orientaciones de los camaradas líderes sin chistar, con aplausos y consignas, porque la ética básica que requiere el régimen socialista es la obediencia.

¿Cómo convencer ahora a la gente de que deben ser creativos y emprendedores en la gran aventura del timbiriche, los CDs piratas y el pan viejo con croquetas de sabe Dios qué? Será mejor que no lo hagan a fuerza de impuestos duplicados, regulaciones absurdas y abusivas, inspectores chantajistas y policías con tonfas. Más vale que reparen en el hecho de que la caída del dictador tunecino Al-Abdine Ben Ali se inició porque Mohamed Bouazizi, de 26 años, un vendedor de vegetales, se prendió fuego porque la policía le confiscó su licencia ¿de cuentapropista?

Aprensivos como son los Jefes, en Cuba se informó poco de la situación en Túnez. Lo poco que sabemos es a través de la versión que nos permiten ver de Telesur. Tal vez temen que los cubanos tomemos ejemplo. Y no precisamente del joven que se dio candela, por muchos enfermos de los nervios y obstinados que hay por acá, sino de que nos cansemos y los echemos a patadas, como hicieron los tunecinos. A ver si así acabamos de resolver, de una vez y por todas, los problemas nacionales. Aquí, en lugar de los jazmines pudiera ser la revolución del guarapo. Lo digo porque como han abierto tantas guaraperas…