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Corrupción, una pelea del gobierno contra sí mismo

El oficialismo niega que la corrupción esté relacionada con el régimen, sino más bien con nuestra génesis como nación

José Hugo Fernández, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Hace unos días, el sitio oficialista Cubahora, que se anuncia como la primera revista cubana insertada en el escenario mediático de Internet, volvió a tratar el tema de la corrupción, siempre a la mañosa manera de la prensa gubernamental.

Ya que no pueden cambiar la realidad, los caciques parecen haber optado por cambiar la forma de abordarla mediante sus espacios de propaganda política hacia el exterior. En este caso, el texto “Corrupción: una pelea cubana contra los demonios”, firmado por José A. Fernández Salazar, recurre a la hipótesis de que las prácticas corruptas que sufrimos hoy no nacieron con el régimen, ni son compatibles con su ideario, sino que forman parte de nuestra génesis como nación.

 “Cuando en 1510 los españoles comenzaron la colonización de Cuba, trajeron también en sus carabelas el fantasma de la corrupción…”, dice Fernández Salazar. Y no le falta razón. Como tampoco le falta cuando describe algunas de las causas y pormenores de esta endemia en las circunstancias actuales. No obstante, se equivoca (prefiere equivocarse quizá) al ignorar dos cuestiones cardinales: a) que nunca antes en la historia de nuestro país, desde los tiempos coloniales, la corrupción permeó y pudrió como hoy todas las estructuras económico-sociales, estando a cargo, con mando absoluto y sin contrapartidas institucionales; b) que mientras en otros tiempos (o en otras naciones hoy mismo) la corrupción actúa como excrecencia, entre nosotros se presenta orgánica y sistémica, sustituye al trabajo y a su agente natural, la eficacia económica.

Es un fenómeno tal vez sin precedentes en el mundo, o al menos no los tiene en nuestra historia, aun cuando retrocedamos a buscarlos entre las carabelas españolas.

Como las hordas invasoras de Atila o las de Pánfilo de Narváez, los rebeldes de la Sierra Maestra llegaron a La Habana y se adueñaron, para su uso privado, de las residencias, los automóviles y otras muchas posesiones de los ricos cuya ciudad habían conquistado a la brava. Esa y no otra es la raíz del muy particular caos corrupto que hoy pudre todo el tejido socio-económico en nuestro país.

Cada proceder, cada discurso, cada ley del gobierno revolucionario, durante más de medio siglo, no han sido sino expresión de aquella apropiación invasora. Atila o Pánfilo de Narváez no dispusieron jamás de tanto tiempo ni de tan ilimitadas oportunidades para exprimir hasta el hueso los territorios conquistados. El poder absoluto corrompe absolutamente. Y son pocas las aventuras de conquistas en las que el vencedor fue favorecido con tan absoluto dominio.

Sin embargo, junto al énfasis que pone el texto de Cubahora en cuanto a la muy vieja data de la corrupción que sufrimos, también insiste en que “la Revolución Cubana asestó el primer golpe contundente a este fenómeno y comenzó a revalorizar los ideales martianos y la tradición histórica del país alrededor de la honradez, la sinceridad y otros valores preservados por las familias cubanas”.

Sería para sonreír si el asunto no fuese tan grave. También provoca una inevitable sonrisa que entre las políticas adoptadas por el régimen para combatir la corrupción y fortalecer la institucionalidad, el texto de marras mencione la creación de la Contraloría General de la República, una entidad que viene siendo más fantasma que aquel que vino en la calaveras de los españoles.

Guiarse por el número de funcionarios, administradores y aun de ministros que fueron sustituidos, para concluir que el régimen cubano está librando una exitosa pelea contra la corrupción, no solamente es erróneo, también es un error muy ingenuo. La única manera de avanzar más o menos convincentemente en el control de las prácticas corruptas -que ya forman parte de nuestra idiosincrasia, de nuestras nuevas tradiciones- es partiendo de un cambio radical en las estructuras políticas. Pero eso, desde luego, no lo contempla Cubahora.