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Conversos con prosa

 Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- En los últimos tiempos, más sorprendente todavía que la cantidad de conversos -de ambos bandos y de todas las edades y procedencias- que pontifican sobre la realidad cubana como si sólo ellos supieran exactamente qué hacer (ay, Lenin) con esto y con lo otro, es la cantidad de personas que los acogen como mesías y los escuchan con devoción.

Es como si no hubiésemos dedicado ya demasiado tiempo a escuchar a charlatanes, impostores y a los falsos profetas que siempre se anunció que aparecerían.

Entonces, ¿por qué prestar tanta atención a los conversos con prosa, como diría -o me hago la idea que dijo- Cabrera Infante?

¿Por qué Orlando Márquez, Roberto Veiga y otros laicos señores que escriben en las toleradas publicaciones eclesiásticas, se arrogan el derecho de hablar en nombre, no digamos de todos los católicos de la isla, sino de todos los cubanos? Y lo que es peor, ¿cómo alguien puede hacerles caso?

Quién le entregó a determinados opositores las llaves de las iglesias -para clausurarlas- y del reino de los cielos para administrarlo como un koljós político-ideológico. Quien diría, luego de tantos años de luchar por la democracia, luego que la dictadura dio permiso para creer en Dios, que ahora hay que pedir abochornados la venia, no solo de los líderes de la oposición, sino también de cualquier pelafustán disfrazado de jacobino del anticastrismo, hasta para entrar en un templo.

No acabo de entender bien por qué hay tantos que escuchan arrobados a Eliécer Ávila, en sus kilométricos videos, como si recién bajara del Monte Sinaí con las verdades reveladas por Yahvé metidas en una mochila -¿o ahora es un portafolio? Evidentemente, hay que tener muchas ganas de escuchar, porque el muchacho, que se las pinta solo para hablar, cuando coge el sofisticado micrófono que le pone en las manos Estado de SATS -¿ya averiguaron por fin qué significa?-, no tiene para cuando parar.

Y no es que lo haga mal, que no valga la pena lo que dice, que no tenga algo interesante que decir, o que otros lo hayan dicho, hace muchos años, mejor y más breve -está visto que no van lejos los opositores de adelante si los conversos de atrás corren bien.

No hemos olvidado la revolcada que le dio Eliécer a Ricardo Alarcón y el papelazo que le hizo hacer en la UCI en memorable ocasión. Pero cuando aquella victoria, era joven comunista y aprendiz de ciber-represor, y de aquello, que sería interesante saber y que evidentemente Rosa Miriam Elizalde no nos va a informar en Cuba Debate, es de lo que menos habla Eliécer por estos días en que tanto habla.

Otra atención desconcertante por lo desmedida es la que le presta demasiada gente por acá al empresario cubano-americano Carlos Saladrigas, ahora que le dio por la reconciliación nacional.

Y no es que personalmente tenga algo en contra de la reconciliación entre todos los cubanos, ¡que más quisiera!, pero hay cosas -no sé si me he vuelto demasiado receloso- que despiden un tufillo que no me agrada...

Saladrigas, de tan anticastrista de línea dura que era, se oponía a cualquier diálogo con el régimen y fue de los que contribuyó a pasmar la asistencia de los cubanos de Miami a las misas que dio Juan Pablo II en Cuba en enero de 1998. Pero catorce años después dio su entusiasta OK para que vinieran, sin alboroto y con bastantes dólares, a las de Benedicto XVI, a pesar de que por esos mismos días varios centenares de disidentes estaban encerrados en calabozos, molidos a golpes, sitiados en sus casas, y con los teléfonos cortados.

Que me perdone Mr. Saladrigas si estoy equivocado, pero tanto hablar de la necesidad de que la dictadura -que él no llama así ni por casualidad- permita a los empresarios cubano-americanos invertir en Cuba para montarse en el tren de los cambios económicos y hacer lo suyo, sin hablar de libertades políticas, me suena más a oportunismo que a patriotismo.

¿No será que, como dicen, fue a Mantilla, perdió la silla y ahora quiere recuperarla -y ganar billetes, bastantes billetes, no faltara más- con represión y lineamientos del partido único y todo?

Pero ahí están los que en la más reciente venida de Saladrigas a Cuba, colmaron el Instituto de Estudios Eclesiásticos, en la Habana Vieja, para escuchar al empresario del Cuba Study Group, y aplaudirlo, con emoción, al borde de las lagrimitas. Les aconsejaría pensarlo dos veces antes del próximo aplauso y de que caiga la próxima lágrima (ay, Freddy Fender), no sea que Saladrigas se ponga más pragmático de lo habitual y trueque a sus admiradores por el permiso del régimen para hacer negocios en Cuba, que para eso no hace falta cambiar demasiado: basta con unos cuantos decretos leyes, un cuño del MININT y un timbiriche en cada cuadra, como los CDR...

 

 

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