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Contradicciones en la docencia

Aimée Cabrera, Primavera Digital (a través del blog “Infierno de Palo”)

Centro Habana, La Habana.- El primero de septiembre coincidió con el lunes,  primer día de la semana correspondiente  a la primera jornada del curso escolar 2014-2015.

Hubo las mismas escenas de todos los años: los niños que no se quieren levantar temprano, los que se alegran por el regreso a la escuela y los que no tanto…

El anterior curso concluyó con un fraude de envergadura  que demostró la falta de honestidad de estudiantes, profesores y  personal docente. A partir del escándalo se quiso dar un vuelco a todo lo anterior. Empezar de cero, como si nada hubiera pasado.

Hacía mucho tiempo que la calidad de las clases no era la mejor. Los padres han tenido que pagar a maestros particulares para que repasen, chequeen tareas, revisen libretas y se vuelvan “magos” cuando el alumno tiene un mal aprovechamiento escolar.

 “No es fácil. Las mañanas y las tardes son para preparar mis clases, ver  las teleclases del grado que imparto, consultar libros. No entiendo como un niño llega a quinto grado con faltas de ortografía, sin saberse las tablas de multiplicar, con muy poca concentración, le explicas hoy y mañana tiene la misma duda. No sé cómo pasan de grado. Algo falla en la escuela”, comenta una maestra retirada que imparte clases particulares de nivel primario.

La  cifra de maestros en activo  no es  aún la debida. El curso comienza en ese sentido al 93,1%.

Este curso será un desafío para aquellos 1,420 maestros y profesores a los que se les aumentará la  carga docente para detrimento de su salud y de la calidad de su trabajo, que no es solo impartir contenidos.

De nada vale que se contrate en las escuelas  a los jubilados aptos, ni que los funcionarios y otros profesionales apoyen el trabajo docente en las aulas.

Ahora se quiere echar a un lado “el verticalismo” y la ministra de Educación,  a la par de otros funcionarios del Ministerio de Educación (MINED), sugieren la flexibilidad en la organización de cada centro escolar.

Todo lo planteado al respecto es muy ambiguo. Se mantiene la doble sesión, no se afectan las clases de los alumnos y los profesores se favorecen al tener más tiempo para su preparación. Ni se quitan asignaturas del plan de estudio, ni son menos las horas del fondo de tiempo de las mismas. Pero hay que priorizar en ese tiempo, la formación vocacional, la  artística  y otras actividades que contribuyen a la integralidad de los educandos. Se pretende crear  una escuela que será “un centro cultural” de la comunidad donde se encuentre.

En ruedas de prensa y en el programa televisivo Mesa Redonda, los principales dirigentes del MINED brindaron informaciones de tipo general pero en cuanto a los horarios fue siempre la misma,  tan repetitiva como imposible de creer. Porque además hay hora y media de almuerzo para alumnos y profesores.

“Tendría que empezar el primer turno de clases a las 8 en punto de la mañana. De 8 a 12, la sesión de la mañana. De 12 a 1 y 30, almuerzo, y de 1 y 30 a cuatro y media, la sesión de la tarde. Tendría que tener la escuela todos los profesores que lleva y que ninguno se enfermara, de todas maneras hay que dejar algo para la tarde noche o para el sábado, ¿a qué hora terminan los alumnos y los profesores, a qué hora atienden su casa y sus asuntos?” analiza un maestro de experiencia en la enseñanza primaria.

En esa vorágine de  perfección comenzaron alumnos y profesores el nuevo curso. Todos estresados. Los profesores  porque el reto es difícil de lograr, en caso de que se esfumaran los apoyos necesarios o los prometidos.

Los alumnos  también, porque tanta exigencia conlleva a resultados para los cuales, al igual que sus maestros, pueden no estar preparados.

¿Valdrán de algo los regalos de antes?

¿Quiénes tendrán que convertirse en personal docente de apoyo? ¿Los padres y abuelos?

En los barrios caracterizados por su marginalidad, ¿cómo será la vinculación de los padres con la escuela? ¿Qué de bueno  podrán aportar?

El nuevo curso escolar comienza lleno de dudas y pesimismo. Contrasta  con el optimismo que reflejan los directivos del MINED.

 

 

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