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¿Con qué moral?

Odelín Alfonso Torna

LA HABANA, Cuba, febrero, www.cubanet.org -“Ahora Alamar se pone malo”, decía una dependiente a su colega de turno, en una cafeterías en los portales, frente al Capitolio. Hablaban sobre dos jóvenes reclusos a quienes el gobierno les conmutó la sentencia, como parte de la amnistía anunciada a finales de diciembre, y están de regreso en su barrio, la zona 10 de Alamar, en el municipio capitalino Habana del Este.

¿Se puede medir el costo social que ocasionará la excarcelación, anunciada por Raúl Castro, de 2 900 reclusos? Probablemente no. Pero, con seguridad en los próximos meses igual o mayor cantidad de jóvenes será procesada por delitos comunes, económicos y políticos, y enviada a la cárcel.

Cuando el gobierno cubano deje de manosear los lineamientos de su partido único y cambie de verdad, habrá que preguntarse si el auge de las conductas antisociales tiene que ver con los 53 años de frustración, desesperanza, falta de oportunidades, eterno “periodo especial” y violencia de Estado e ideologización forzada.

La periodista Talía González, en su segmento que se transmite cada martes, en la segunda edición del Noticiero de la Televisión Cubana, abordó el tema de las indisciplinas sociales, luego de que apareciera una serie de reportajes sobre el tema publicados en la prensa impresa.

Según Talía, “para un país como Cuba, que ha conquistado altos niveles de instrucción y educación, resulta inadmisible permitir que ciertas conductas ocurran entre diferentes grupos y comunidades”.

El material de Talía González se concentró en ciertas indisciplinas sociales recurrentes en la vía pública, el entorno urbano, los teléfonos públicos y otros bienes colectivos.

En 2011, se registraron 206 actos vandálicos contra teléfonos en todo el país, sobre todo en los teléfonos destinados al servicio en moneda nacional. Según un trabajo publicado el 9 de febrero pasado por el periódico Granma, un individuo que reside en Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, sustrajo la placa electrónica de 23 teléfonos públicos.

La cultura de la agresividad, la insolencia y la bravuconería afecta igualmente a los deportistas. Según el periodista deportivo Jimmy Castillo, en su comentario del 8 de febrero en el noticiero de la televisión, en lo que va de Serie Nacional de Béisbol (hasta el domingo 5 de febrero), se habían cometido 36 indisciplinas en el terreno de juego, con la consiguiente expulsión temporal de atletas y managers.

Otro reportaje de Maylín Guerrero Ocaña, publicado por Granma el 14 de febrero, mostraba los desperdicios vertidos en ambos lados de la línea central del ferrocarril, violación que pone en peligro el traslado de carga y pasajeros entre oriente y occidente.

Otros temas como las agresiones a los ómnibus metropolitanos, el fraude eléctrico en el sector residencial, el robo de angulares de acero en las torres de alta tensión, y el robo de bancos de los parques y paradas de ómnibus, se han reportado en los medios de difusión. Indudablemente, el vandalismo es un fenómeno que va rápidamente en ascenso en Cuba. Y Talía González pide resolverlo con más represión, porque según ella “son pocas y lentas las acciones de las autoridades para solucionarlo”.

El reparto “Alamar se pone malo”, como dijera la dependiente de la anécdota, y no sólo porque los teléfonos se queden sin auricular o las paradas de ómnibus sin bancos. Eso, quizás sea lo de menos.

La prensa oficial jamás habla de asaltos a mano armada, secuestros de taxistas, tiroteos, ni asesinatos de todo tipo; hechos bastante frecuentes y mucho más serios que el robo de un auricular de teléfono público. Tampoco dice que Habana del Este, Arroyo Naranjo, San Miguel del Padrón, Marianao y La Lisa son los barrios con mayor índice delictivo en cuanto a robos a domicilio, asaltos y peleas callejeras.

Mientras la corrupción y el robo de bienes estatales son publicitados, perseguidos y penalizados por la ley, los hechos delictivos que afectan a particulares no son divulgados, y en muchos casos son simplemente archivados por “falta de pruebas”, sin que la policía –tan ocupada reprimiendo disidentes- haga demasiado esfuerzo por castigar los culpables.

Lo que tampoco dice Talia, ni sus colegas de la prensa oficial, es que al igual que “la educación, la salud y el deporte”, de que tanto alardean los mandamases y sus compinches, el vandalismo, realizado por “el hombre nuevo” creado por el socialismo, es otra de las conquistas de la revolución, que se niega a admitir su “maternidad”.

Y, puestos a pensar, de algún lado nos vino el mal ejemplo: ¿con qué moral puede alguien que hace medio siglo se robó todo un país, alarmarse porque alguien le robe un teléfono público?

 

 

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