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Con el cubo en ristre

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) – La Habana amenaza con ampliar su condición de estercolero a partir de los serios problemas con el abasto de agua.

No es sólo la falta de precipitaciones lo que provoca que miles de habaneros tengan que bañarse con 10 centímetros cúbicos de agua, o simplemente suspirar profundo al mirar los grifos y los depósitos, tan secos como el desierto del Néguev.

 “La semana pasada pude bañarme sólo tres días. No tengo más que dos cubos y ni hablar de dinero para comprar otros depósitos más grandes. Hemos estado recibiendo el agua en camiones cisterna. Y no te imaginas el jaleo que se forma alrededor del tubo por donde sale el chorro”, me decía un jubilado residente en el municipio San Miguel del Padrón.

A la escasez de lluvias, que ha provocado el colapso de varios embalses, se une el acentuado deterioro de redes y conductoras de los sistemas de acueducto, así como las roturas y desgastes de estos medios en miles de viviendas e instituciones. Ante lo que debe considerarse como una debacle de imposible solución a corto plazo, habría que añadir la ausencia de una cultura del ahorro.

La cantidad de riachuelos de agua limpia que corren por diversas calles de la capital, a causa de los salideros, permite valorar la situación en su justa medida, sobre todo cuando se constata el tiempo de permanencia de esas tuberías quebradas por la erosión, sin que exista un plan integral y eficiente para superar el asunto.

“Mientras los dirigentes siguen perdiendo el tiempo en discursitos de pacotilla y celebrando supuestos éxitos, el país se cae a pedazos. Estamos como los cerdos. Entre la inmundicia. ¿Hasta dónde vamos a llegar? -expresó un padre de familia que vive en el municipio Centro Habana, ante el permanente racionamiento del abasto de agua.

Conocer, según reporta la prensa oficial, que de 3 mil 158 kilómetros de tuberías encargadas de conducir el vital recurso por la ciudad, el 70% se encuentra en mal estado, es suficiente para convencerse de la dimensión de la catástrofe.

Muchos cubanos están conscientes de la ineptitud del gobierno en la distribución y control de los recursos para garantizar servicios esenciales, como el agua. Sin embargo, prefieren comentarlo en privado a causa de la atmósfera de miedo que prevalece en el país.

“Tú sabes que los chivatos están por dondequiera. Y lo último que me podría pasar es ir a la cárcel acusado de cualquier cosa por decir unas cuantas verdades. Si aquí afuera es un infierno, imagínate como será en la prisión”, reflexionaba un residente de Habana Vieja, otro de los municipios donde el agua se ha convertido en un producto de lujo.

El mal olor se expande por la ciudad, desde los tanques desbordados de desperdicios, ríos albañales con decenas de afluentes, y axilas que transpiran vapores nauseabundos.

La peor noticia es que la solución a estos problemas no es perceptible desde ningún ángulo. Es muy espesa la nube de pestilencias.