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Comunistas del siglo XXI

Oscar Sánchez Madan, Primavera Digital

Cidra, Matanzas, (PD) Después del súbito descalabro del proyecto político-económico emprendido por los países del otrora bloque comunista de Europa Oriental, la extrema izquierda internacional pretende, sobre todo en Latinoamérica, desenterrar el extinto sistema marxista-leninista, despreciado por la mayor parte de la humanidad.

Con ese propósito le han colocado al referido difunto un nuevo disfraz: el del denominado socialismo del siglo XXI, un término aparecido en 1996, a través del sociólogo y analista político alemán nombrado Heinz Dieterich Steffan, quien residía en México en los años 90.

En su empeño por presentar una alternativa de proyecto económico, político y social del cual adolecía el movimiento altermundista o antiglobalización, el susodicho explica en su obra "Socialismo del siglo XXI" la base técnica del concepto homónimo. Esta última encuentra su aplicación práctica más directa, según manifiestan los izquierdistas, en los llamados procesos revolucionarios de Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Dieterich devino en asesor especial del gobierno bolivariano que presidía hasta hace pocos días el desaparecido Hugo Rafael Chávez Frías, quien al igual que el boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Correa, acudía con frecuencia a La Habana para recibir instrucciones de los discípulos de la difunta escuela soviética.

Por mucho que reemplace su vestimenta, el comunismo, como anacrónico sistema político-económico, no puede esconder su cadavérico rostro ni contener su irritante fetidez. El destino de los malos e inhumanos proyectos será siempre la ultratumba.

Quizás muchos piensen que es una exageración calificar de comunistas a los principales líderes de los gobiernos de Bolivia, Venezuela y Ecuador; esos caudillos estrafalarios que hablan en nombre de los pobres mientras destruyen, con singular lentitud, pero con paso firme, las democracias latinoamericanas.

Quien dude que las verdaderas intenciones de estos autodenominados socialistas son edificar un estado totalitario reformado, que busque las palabras pronunciadas, el pasado 11 de marzo, por el presidente encargado de Venezuela, Nicolás Maduro, después de presentar su candidatura, con motivo de las venideras elecciones. El mandatario expresó que desde hace años ellos, los chavistas, se guían por las obras de Carlos Marx y de Vladimir I. Lenin. De ahí sus constantes ataques contra la prensa libre y la oposición democrática, en los países que mal gobiernan y el pretendido afán de aferrarse al poder indefinidamente.

Estos discípulos de Lenin, fundador de la primera dictadura marxista, ya no utilizan la estrategia de la lucha armada como antes. Sus actos guerreristas de antaño, llevados a cabo mediante desestabilizadoras guerras de guerrillas, causaron la muerte de miles de latinoamericanos y la destrucción de parte de las infraestructuras nacionales, por lo que los pueblos de la región los aborrecen.

Es esa la razón por la que ahora utilizan la ¿nueva? táctica de alcanzar el poder mediante la participación en elecciones democráticas.

Una vez asumido el poder, comienzan a cerrar todo espacio de real influencia ciudadana en la vida económica y política del país. En este turbio escenario la participación ciudadana se convierte en un acto formal y de propaganda politiquera, utilizado para tomar el pelo a los integrantes de la izquierda democrática y a los intelectuales ingenuos.

Para engañar a las grandes masas, estos fantasiosos payasos del desacreditado circo "socialista" se erigen en supuestos defensores de los desposeídos. Auxiliados por un discurso demagógico y populista resuelven muchos problemas educacionales, de la salud y alimenticios con el fin de ganar voluntades en sus naciones.

Una vez consolidados en el poder, arremeten con toda su furia contra las instituciones y sectores democráticos. Utilizan como justificación de su repentino cambio de postura las presuntas amenazas de un poderoso enemigo externo que se inventan.

Después llega el momento en que torpedean las iniciativas de los países libres tendientes a exigir el respeto a los derechos humanos. Un claro ejemplo de ello lo constituye la reciente e insidiosa pretensión del gobierno de Ecuador de debilitar el Consejo Interamericano de Derechos Humanos.

A estos aliados del régimen totalitario de La Habana se les hace difícil revivir el cadáver del comunismo. No es para nada fácil resucitar un muerto enterrado el pasado siglo. No por eso su solapado accionar y sus discursos supuestamente humanistas resultan menos peligrosos. Es precisamente su aparente delicada máscara la que los convierte en oscuros personajes del planeta.

Los gobiernos y los pueblos de los países democráticos no pueden cruzarse de brazos ante estos insaciables depredadores de la libertad. Sería un grave e imperdonable error esperar que logren, si fuese posible, resucitar la putrefacta hiena comunista. Correríamos el riesgo de que esta nos ataque a traición y nos devore. Sería una aventura demasiado peligrosa en un mundo atormentado por la crisis económica, los desastres naturales, las amenazas nucleares y los ataques de los fanáticos terroristas.

El viejo fantasma del comunismo, que nuevamente recorre el mundo, debe ser detenido sin vacilación. Pidamos a Dios que no se nublen las mentes de los honestos políticos del planeta, ni tiemblen las manos de los honorables soldados de la libertad y de las ideas.

 

 

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