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¿Colabora la corresponsalía de AP con la DGI?

Aleaga Pesant, Primavera Digital ((a través del blog “Círculo Cínico”)

El Vedado, La Habana.- ¿En qué se parecen un periodista, un agente de inteligencia y un diplomático?  En que los tres buscan información.  

Esa es la respuesta, pero no se puede confundir, como se dice en cubano antiguo, la gimnasia con la magnesia.  Las tres profesiones cumplen roles muy diferentes.  El periodista investiga para el bien público, el diplomático para el desarrollo del Estado, y  el agente de inteligencia para proteger el status quo.  De ahí que sea muy peligroso cuando cualquiera de esas profesiones se cruza. Los agentes trastocados suelen convertirse en apóstatas, como Snowden, los diplomáticos en espías, ¿y los periodistas?... Esos no saben en qué se convierten.

Las recientes “revelaciones” de la corresponsalía en La Habana de la agencia norteamericana de noticias Prensa Asociada sobre el trabajo de la USAID en Cuba, crea dudas sobre las fuentes utilizadas y la forma en que utiliza los informes.   Porque aparte de todo, su tono y concepto se encuentran en paralelo con los medios de comunicación de la dictadura militar.

La corresponsalía de AP en Cuba tiene, como todos los corresponsales extranjeros en La Habana, muy mala relación con la realidad insular y en especial con los grupos prodemocráticos cubanos, algunos dicen que por la interferencia del Centro de Prensa Internacional, yo creo que por voluntad propia.

¿Entonces, cómo, si están alejados de la sociedad civil, principal receptora de las ayudas del gobierno norteamericano, el exilio y en especial de la USAID, obtiene una serie de primicias sobre las actividades prodemocráticas y las ayudas internacionales? Además, ¿de dónde obtienen los videos de supuestos agentes extranjeros que se muestran en los noticiarios televisivos?

Estoy seguro que el lector ya comprendió que en una sociedad tan militarizada y vigilada como la cubana es poco probable que estos materiales audiovisuales sean de AP y sí de los servicios de inteligencia del Ministerio del Interior (DGI).

De esa manera tan delicada, la corresponsalía de AP viola uno de los primero mandamientos de la ética periodística: promover la justicia y la democracia.

Veamos la cronología. Primero AP “descubrió” que el internacionalista norteamericano Alan Gross “había contrabandeado sofisticados sistemas de comunicación que estaban en uso de la Secretaria de Defensa (Pentágono) y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).  Además, muy generosamente “mostró” que para realizar esas operaciones cobró cientos de miles de dólares del gobierno norteamericano, intentando resquebrajar la imagen del desinteresado hombre.

Gross cumple quince años de condena en la isla por espionaje y por realmente entregar aparatos de internet a no se sabe quién,  pues, todavía no es público el nombre de la persona u organización que recibió el paquete condenatorio.

No tardó mucho Associated Press. A principios de año descubrió un programa de comunicación telefónica digital llamado Zunzuneo. El programa es sencillamente un servidor digital diseñado para mejorar la conexión entre los cubanos, fuera de los ojos del  monopolio telefónico ETECSA, donde no por gusto se dice que todos sus trabajadores son policías, hasta que se demuestre lo contrario.

Pero, a la AP, le pareció “un twiter diseñado especialmente para influir en la situación política interna de Cuba, mediante mensajes de teléfonos celulares”. Según Fernando Ravsberg, corresponsal de la BBC y muy ligado a la AP y a la dictadura comunista, en su artículo  Cuba y los esqueletos de la USAID, “el plan consistía en enviar informaciones interesantes pero políticamente inocuas para ganar credibilidad en un público al que, posteriormente, se le iría filtrando materiales dirigidos a influir en la situación interna cubana con el fin de promover la democracia”.

Ni los diarios oficiales Granma o Juventud Rebelde lo habría dicho más exactamente a la usanza de la policía política. Pelayo Cuervo o Marina Menéndez, directores de ambos periódicos y responsables de sus editoriales, no lo habrían hecho de forma que quedara mejor al oído de la elite verde olivo. Además le aporta credibilidad por  ser una agencia noticiosa de un país democrático, y no las manipuladas informaciones que genera el Partido Comunista y su Departamento Ideológico.

Por último y muy a tono con la necesidad de mantener la mentira de país bloqueado, la AP puso sobre la mesa que el gobierno norteamericano infiltró en Cuba a grupos de jóvenes latinoamericanos para fomentar a la oposición política a la dictadura, por cierto algo legitimo para cada ciudadano. 

Según la medio amarillenta corresponsalía en la isla, la incursión se hizo a escondidas y usando como tapadera programas de salud.

Es interesante conocer que de Alan Gross, el Zunzuneo o las visitas de los jóvenes latinoamericanos, la oposición democrática en la isla solo supo por las reproducciones de los diarios oficiales de los despachos de Prensa Asociada.

De ahí  surge una pregunta: ¿Estaría Prensa Asociada en capacidad de presentar las fuentes de sus informaciones? Como estoy seguro que pasará por alto el cuestionamiento,  tengo la libertad de pensar que algún favor le debe estar pagando esa corresponsalía a la Dirección General de Inteligencia del Ministerio del Interior.

 

 

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