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Cientos de botellas, “pepinos” y tanquetas de ron para olvidar

León Padrón Azcuy

LA HABANA, Cuba, diciembre de 2013, www.cubanet.org.- Lamentablemente, en una sociedad cautiva como la cubana, el alcoholismo ha venido a ser la vía de escape a las enormes frustraciones que se encaran diariamente.

La necesidad de aliviar la ansiedad, la pobreza, las frustraciones, los conflictos, las penurias, la depresión, la falta de libertad y la baja autoestima, indudablemente son los responsables asociados para que este terrible padecimiento siga haciendo estrago en un alarmante número de cubanos.

La mayoría de los atrapados no beben Habana Club y mucho menos ron Caney. Satisfacen su necesidad alcohólica ingiriendo un ron a granel de bajo costo -20 pesos cada 750 ml-, que se expende en cientos de establecimiento estatales en toda la isla.

La espantosa calidad de este ron, cuyas especificaciones nadie las conoce, está caracterizada por el desprendimiento de un fuerte efluvio y un mal sabor o gusto, similar a los brebajes que se venden clandestinamente.

Solo en El Vedado, el endemoniado líquido está en más de veinte puntos de ventas, pertenecientes a la red de gastronomía y comercio. Los más concurridos se encuentran en 1ra y 8, 10 y Línea, 24 y 15, F y Línea, B y 3ra, 19 y B, y 27 y A, donde desde horas tempranas de la mañana, casi siempre se empotra en sus alrededores -botella en mano- un gran plantel de bebedores, para ingerir este alcohol sin importar lo que pasa en el  mundo exterior.

Nelson, un ex marinero que vive en El Vedado, atrapado por el alcoholismo, ha vendido todos sus electrodomésticos y cada pieza de ropa que trajo del extranjero, para poder emborracharse. Padece de una terrible enfermedad hepática que lo mantiene con los pies inflamados y temblores en la mano, pero aun así sigue bebiendo. Al preguntarle por qué no se trata su enfermedad, dijo:

-Ya no tengo remedio, durante los más de 15 años viajando por diferentes países, jamás hice dependencia del alcohol, mis problemas comenzaron cuando perdí mi trabajo en la flota mercante y luego mi mujer me abandonó.

Hay otros casos que compran este ron a granel y lo llevan a sus hogares, como es el de Juan, un chofer de guagua de una empresa que, desde que su esposa e hijos se fueron para EEUU, empezó a beber todos los días y hoy padece una fuerte adicción.

-Me acostumbré a comprarme mi caneca todos los días -dice-, y aunque sé que este ron que nos venden es pésimo, es más seguro que el de los vendedores clandestinos. Mi sueldo no me alcanza para los rones de calidad.

La marca de sufrimientos que está dejando el alcoholismo hoy dentro de muchísimas familias cubanas es alarmante, sin que nadie se preocupe. La falta de oportunidades que hay constituye un verdadero catalizador para que este flagelo vaya en aumento.

De ahí que, cada día, un creciente número de ciudadanos se asome al infernal boquete habilitado por un costado en los mercados o bodegas, por donde salen cientos de botellas, “pepinos” y tanquetas con esta ración infernal que muchos consumen para olvidar.

 

 

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