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Cavilar sobre el futuro sin recapacitar en el pasado

Frank Cosme, Primavera Digital

Santos Suárez, La Habana.- La noticia nos habla sobre una interesante conferencia realizada a mediados de este mes en la Universidad de Santo Tomás y la Universidad Internacional de la Florida (FIU).

Bajo el título de “Abriendo Espacios” fue una continuación de otra realizada en Pinar del Río por la revista Convivencia el pasado septiembre.

En esta ocasión se reunieron en Miami cubanos de ambas orillas para presentar sus puntos de vista sobre cómo abordar el futuro de la nación cubana.

Los temas a tratar fueron: la propiedad en general, la posesión sobre los medios de difusión, la necesidad de un nuevo código del trabajo, los propietarios de negocios privados (a los que siguen llamando cuentapropistas) y otras cuestiones más.

Hubo también preocupación de algunos por el aspecto social. Surgieron, entre otros asuntos, el temor a que la nación pueda quedar hipotecada bajo continuas demandas de indemnización, y desde luego, el tema ya recurrente en cierta prensa exterior y bandera por décadas de la revolución: la salud y la educación.

No es la primera conferencia que aborda estos temas en el exterior ni será la última. Es muy meritoria la labor de todos los que participan en estos diálogos para buscar soluciones, pero un poco que parece que algunas veces no toman en cuenta hechos que aún permanecen confusos para muchos, y que incluyen a ciertos de estos oradores que exponen en estas conferencias.

Es considerable lo que se lee actualmente sobre Cuba. Opiniones variadas de aquí y de allá que lejos de esclarecer dejan confusos a los lectores porque estas varían de un lado a otro. Y todo esto no solo es por el derecho al ejercicio democrático de la libre expresión, sino porque cada cual cuenta a su manera como le ha ido en la feria.

Dicho de otra manera, diversos individuos que residen hace años fuera de Cuba todavía llevan el lastre de una visión distorsionada del antes y después gracias a la influencia ejercida durante medio siglo por los medios y las aulas escolares, todo en manos del estado.

Hasta la forma de hablar lleva el sello del ya aburrido lenguaje oficial, rechazado por el hombre común y que justamente es una de las causas del distanciamiento de una parte de la población: la saturación de esto en los medios nacionales.

Hay hasta quienes van más allá y se adentran en el futuro de este país, preguntándose cómo reaccionaremos cuando nuestro país vuelva a ser destino para los inmigrantes. Inclusive las especulaciones llegan hasta preguntarse si estos serán condenados a los peores empleos.

Los hechos, que aún permanecen confusos, porque de tanta repetición, lo falso se ha convertido en certeza, hay que entresacarlos de nuestra propia historia y la de muchos países que ya transitaron por un sistema totalitario.

También sigue vigente en muchos el argumento de un nacionalismo del gobierno cubano que muy lejos está de ser tal. Solo ha sido una táctica más de supervivencia.

Se olvida que a la caída del campo socialista es que empezaron a hacer énfasis en nuestros pensadores. José Martí ha sido el más utilizado.

Antes del desmerengamiento del socialismo real europeo, palabra utilizada por los máximos dirigentes para definir este hecho acaecido hace ya un cuarto de siglo, los pensamientos de Marx, Lenin, Mao, Ho Chi Minh, y hasta Stalin inundaban los medios, así como las fotos de estos en escuelas, centros de trabajo, hospitales, y cada vez que había un congreso del Partido Comunista.

Para aquellos que especulan con la palabra nacionalismo y les resulta mal sonante y que con su larga visión sobre el futuro se preguntan cómo reaccionaremos ante una avalancha de inmigrantes, deberían preguntarse por qué hubo necesidad de otra revolución a 31 años de instaurada la república.

Los individuos, a medida que pasa el tiempo, van aprendiendo de sus errores hasta llegar a la madurez. Esto es lo que llaman experiencia de la vida. Con las naciones ocurre otro tanto: llegan a la madurez cuando positivamente aprenden de su historia.

Pero cuando las naciones llegan a ser influidas o dirigidas por individuos que olvidan o desconocen la historia real de su nación y de hechos que han afectado a todo el planeta, como las distintas revoluciones y la I y II Guerras Mundiales con sus consecuencias, o manipulan esta historia a base de sus intereses, los resultados siempre son los mismos: el desbarajuste en lo social, político y económico.

Cavilar sobre el futuro sin recapacitar en el pasado es dar un giro de 360º para volver a caer en el mismo punto. Esto es lo que muchas veces se observa en algunas de estas conferencias, diálogos o entrevistas, a la hora de hacer propuestas para el futuro de nuestra nación sin conocer nuestra auténtica historia pasada y la de otras naciones que ya pasaron por lo mismo.