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Cardenales, duplicidades y nuevos tiempos

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- Wikileaks nos trae la “noticia” de que para complacer al gobierno, el cardenal Ortega Alamino habría presionado el cierre de la revista católica Vitral.

Para quienes hemos seguido la más reciente y cuestionable conducta del prelado, esto no ha sido cosa del otro jueves. Para decirlo de alguna forma, estamos a la espera de cosas aún peores, si se trata del arzobispo de La Habana.

Esto nos retrotrajo a los modos retorcidos de conducta del gobierno cubano. A este gobierno no le gustan las críticas y se siente muy incómodo siempre que alguien demanda algo. No importa lo que sea. Cuando el gobierno cubano selecciona una línea de conducta a seguir, todo debe subordinarse a esa decisión. No ve con buenos ojos señalamientos o cosa alguna que se aparte un ápice de lo que haya establecido, para bien o para mal.

Un gobierno tan rígidamente autocrático, una estructura político-policial capaz de censurarlo y controlarlo todo, no puede tener convivencias con forma alguna de disensión. Por tanto, es fácil inferir que este gobierno nunca vio con buenos ojos a una revista como Vitral. A la pregunta de por qué recurrieron a un método tan indirecto para clausurarla, pues bueno, el caso es que existen Palabra Nueva y Espacio Laical y si se tiene en cuenta que las apariencias tienen su peso, lo mejor ha sido que la propia iglesia se encargue de cerrar a la incómoda Vitral y asunto concluido.

El gobierno cubano se desplaza cada vez más del modelo obsoleto del socialismo real a formas fascistas o corporativas más eficientes desde el punto de vista de la rentabilidad económica. Los aliados naturales de las formas fascistas son las iglesias, ya que como dijo el cantor, estas se encargan de burocratizar al espíritu. Así, bueno es recordar la alianza de la alta jerarquía católica española con el franquismo. En Cuba, curiosamente, se da el caso que el gobierno ha dividido aún más a los cubanos con otras divisiones. Además de revolucionarios y no revolucionarios, habrá católicos, creyentes y no creyentes. Cada uno de estos grupos cuenta con diversos grados de permisibilidad o no.

Los creyentes, con primacía católica incluida, pueden asociarse y disponen de un grado de permisibilidad mayor que los no creyentes. En el caso de las denominaciones cristianas, estas disponen de iglesias en las que el gobierno se encarga de colocar a los suyos en los puestos de mayor responsabilidad. En este rango, la iglesia católica dispone de la primacía. Su jerarquía la selecciona Roma, que además, sostiene financieramente toda la estructura eclesiástica interna y que podría o no negociar con cualquier gobierno, por malo o bueno que este sea. Ya lo han hecho.

Es por esto que si se tiene en cuenta que el gobierno cubano puede perder el apoyo y el sostén de Venezuela, en un eventual retiro y ausencia de Hugo Chávez, cuando esto felizmente suceda, tendrá que establecerse un nuevo pacto social y si esto ocurre, el nuevo pacto deberá ser inclusivo. Esta será la piedra de toque para la sobrevivencia, que podría no ser, si los actores internacionales como la Unión Europea y los Estados Unidos deciden dialogar con representantes legítimos de los verdaderos intereses del pueblo cubano. Esto es todos los cubanos, creyentes y no creyentes, católicos y no católicos, residentes y no residentes en Cuba.

A la espera de estos tiempos mejores, crucemos los dedos para que Roma piense en el futuro y jubile al cardenal Ortega que debe disfrutar de reposo y olvido. Hay monseñores dignos y muy cubanos que pueden sustituirlo. Estos se encargarán de afrontar los nuevos tiempos sin complicidades indignas. Tiempos para disentir, opinar y vivir con decoro. Falta que hace.