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Cambios en Cuba

Oscar Sánchez Madan, Primavera Digital

Cidra, Matanzas.- El régimen totalitario de La Habana se transforma, de eso no hay dudas. Pero el cambio esencial no está en el florecimiento de las pequeñas empresas semiprivadas, en la aparición de las nuevas cooperativas, en la autorización para la compra-venta de viviendas y automóviles, o en el surgimiento de diminutos espacios de opinión. La verdadera metamorfosis del castrismo radica en el notable incremento de la represión.

Los asaltos a opositores en plena vía pública, protagonizados por agentes del oficialismo y por delincuentes comunes al servicio de la policía de Seguridad del Estado, los arbitrarios allanamientos de viviendas, las golpizas a disidentes, el robo descarado de sus propiedades y los asesinatos políticos, están a la orden del día.

Resulta increíble que en la provincia de Matanzas, decenas de integrantes del movimiento opositor Damas de Blanco, han sido acosadas, insultadas, golpeadas, arrastradas por el pavimento y abandonadas en lugares distantes de sus viviendas, por el sólo motivo de acudir a la iglesia a orar por los presos políticos. Esto ha ocurrido tras el llamado del general Raúl Castro a acabar con las indisciplinas sociales.

Las prisiones de la isla comienzan a llenarse otra vez de prisioneros de conciencia, al tiempo que los tribunales "revolucionarios", como nunca antes, en franca complicidad con la policía y los Órganos de Seguridad del Estado, fabrican delitos de forma descarada, a quienes se atreven a desafiar el poder omnímodo de los insensibles comandantes del crimen.

Son harto conocidas las denuncias de cientos de trabajadores por cuenta propia, quienes afirman que son extorsionados por corruptos policías e inspectores estatales que pretenden vivir del sudor ajeno. Los obstáculos con los que tropiezan estos propietarios privados, durante el desempeño de sus labores, indican la medida en que la sociedad cubana actual no sólo se mantiene estancada, sino que retrocede.

Aunque algunas personas en el mundo no lo crean, la nueva Ley Migratoria, y la pírrica "apertura" anunciada por el gobierno, les ha servido a los apóstoles del totalitarismo caribeño, para justificar y encubrir sus nuevos crímenes. La eliminación de algunas prohibiciones en la economía, es utilizada como cortina de humo para cometer los peores abusos contra la ciudadanía.

De la desmedida violencia oficial habla el brazo fracturado, hace pocos días, por agentes de Seguridad del Estado, a la Dama de Blanco Raisa Pino Echavarría, de tan sólo 18 años de edad, residente en Pedro Betancourt, Matanzas. Asimismo, las heridas sufridas por miembros de la opositora Unión Patriótica de Cuba, en el oriente del país, ocasionadas por testaferros del régimen, con antecedentes penales.

Lanzar vehículos contra los librepensadores, con el propósito de atropellarlos, es una vieja táctica genocida, que ahora la mafiosa policía del dictador Raúl Castro emplea con la más absoluta impunidad. Esta oprobiosa modalidad fue utilizada el pasado año, para asesinar al ingeniero Oswaldo Payá Sardiñas, líder del Movimiento Cristiano Liberación y a su asistente, Harold Cepero Escalante, según denunció el político español Ángel Carromero, testigo del hecho.

Mientras el gobierno habla de supuestas aperturas, incrementa las golpizas contra los presos políticos, en sus horribles ergástulas. Un ejemplo de ello fue la reciente paliza protagonizada por mujeres policías, a la activista negra Sonia Garro Alfonso, en la prisión El Guatao. Al régimen no le bastó herirla con una bala de goma, durante su arresto, hace 17 meses y mantenerla en prisión, enferma y sin celebrarle juicio.

Cuba cambia, sí, pero hacia un Estado mucho más criminal y represivo, en el que los seres humanos valen menos que los animales. Cada vez es más imposible que los actuales gobernantes ratifiquen los pactos internacionales en materia de derechos humanos. Esto se debe a la cínica complicidad de países, sobre todo latinoamericanos, que negocian con los promotores de la intolerancia y el abuso.

Un gobierno que intenta traficar armamentos, de forma ilegal, a través de un país de Latinoamérica, no debe presidir la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, ni integrar el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Una élite oligárquica que promueve y practica el terrorismo de estado, no tiene autoridad moral para representar a una comunidad de países democráticos.

Y qué decir de este grupo de vándalos que, desde cargos gubernamentales manifiestan pretender acabar con el secretismo, al tiempo que le esconden al pueblo de Cuba y al mundo la peligrosa epidemia de cólera que afecta al país, y que le ha arrebatado la vida, en las últimas semanas, a al menos, media decena de compatriotas. Cuatro de los fallecidos eran reos de la prisión Las mangas, ubicada en la oriental provincia de Granma.

Son estas y no otras, las transformaciones que tienen lugar en una ínsula en la que los auto titulados gobernantes se muestran incapaces de frenar el acelerado incremento de la violencia; del alcoholismo; de la prostitución, sobre todo infantil; de los divorcios; y de la corrupción oficial. Resulta preocupante que los dirigentes del Estado ni siquiera controlan totalmente una economía que ellos mismos han destruido y que no saben cómo mejorarla.

Los dirigentes comunistas, responsables de la debacle nacional, no tienen proyectos viables para solucionar los más graves problemas de la nación. En los últimos años, como muchas otras veces, experimentan sin obtener resultados positivos. Y esto era de esperar. Como dijo el Apóstol de la independencia cubana: "Un pueblo no se funda, como se manda un campamento", y eso fue, precisamente, lo que hicieron los comandantes castristas.

Cuba necesita de verdaderos cambios, donde la primera transformación sea, la eliminación de un sistema inhumano que desprecia la vida. Las cubanas y los cubanos precisan de unos gobernantes despojados de odio y de maldad, que conduzcan a la nación por el camino de la prosperidad, el derecho y la democracia representativa, donde el mejoramiento de la vida de la ciudadanía sea la máxima prioridad.

 

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