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Calimbados por la revolución

En el argot popular calimbar es joder, humillar, destruir, marginar

Víctor Manuel Domínguez, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- En estos tiempos, cuando ya no se marca con hierro a los esclavos, los leprosos no tienen que andar con un cencerro como en la Edad Media, o los judíos portar la estrella de David obligados por los nazis, entre otras formas del ejercicio del poder que cercenan la dignidad humana, ¿qué representa el término ‘calimbar’?

Según expresa Graciela Pogolotti en su artículo “Qué significa calimbar”, la marca humillante del calimbaje, similar a la aplicada al ganado vacuno, no es empleada por el esclavista moderno, por ser demasiada primitiva. Ahora es más sutil, aunque no menos alevosa.

De acuerdo con la presidenta de la Fundación Alejo Carpentier y autora de Las polémicas artísticas de los años 60, y Dinosauria Soy, entre otras obras, “los calimbados de hoy proceden del Sur y de los países periféricos”, víctimas del neoliberalismo y otras artes macabras del poder.

La también autora del libro Ensayo de conciencia, asegura en su artículo que “los calimbados son los indocumentados que intentan cruzar el río Bravo, las masas que atraviesan el Mediterráneo, se ahogan en el mar o en contenedores carentes de oxígeno”. Son calimbados quienes son tratados, de forma más sutil, como “nigger”, o el equívoco “de color”, para identificar el tono de su piel. Son quienes sufren cualquier otra expresión denigrante, excluyente o discriminatoria.

Cubanos somos y en la mar andamos

Al parecer, los cubanos que mueren cruzando el Estrecho de la Florida, se ahogan en un guacal sin oxígeno en su travesía hacia Miami, son comidos por los tiburones, perecen congelados en el tren de aterrizaje de un avión al huir de la Isla, o perdidos en la selva del Darién, lo hacen de pura felicidad.

Los miles de cubanos que, por el sólo propósito de abandonar el país en los años 60, fueron expulsados de su empleo, obligados a trabajar en la agricultura, a encerrarse en su hogar so pena de recibir un trompón u otro cualquier acto de “buena vecindad revolucionaria”, ¿no eran calimbados?

¿Acaso los alrededor de 125,000 que abandonaron la Isla por el puente del Mariel en el 1980 no lo fueron? Las palabras escorias y gusanos, coreadas al compás de un fuego graneado de huevazos, pellizcos, pedradas, palazos y otros actos de júbilo revolucionario, ¿eran cantatas de múltiples elogios?

Para quienes lo hicieron hacia la Base Naval de Guantánamo, en 1995, ¿hubo “más amor” y menos calimbaje? Los policías que, tonfa en mano, aupaban hacia el mar a la población, como a una dotación de esclavos asustados ¿no calimbaban a sus compatriotas con la marca de traidor?

Prohibirles o condicionarles el derecho a regresar, conservar la vivienda, un reloj de pared, una cama, un radio VEF, la mesa, los vasos, dos sillas o un televisor Krim, entre “otros bienes” confiscados por el Estado Benefactor, ¿no era calimbar? ¿O fue una muestra de amor al prójimo que se va?

Un canal televisivo para “gente de color”

Sin que les llamen “nigger”, aunque sí “de color”, la mayoría de los negros son calimbados si, como asegura el censo de la Oficina Nacional de Información y Estadísticas (ONEI), viven en la periferia de las ciudades, constituyen el más elevado por ciento de la población penal, y son los de más bajos ingresos al laborar en sectores no emergentes de la economía nacional, entre otras desventajas de las que son víctimas en el país.

Según cuenta en el documental Razas el investigador y miembro de la Academia de Ciencias, Esteban Morales, al insistir en que la ausencia del negro en los medios audiovisuales del país es un acto de discriminación, un amigo blanco le expresó: “No sé para qué quieres más negros en la televisión si tienen un canal sólo para ellos.”

Al preguntarle Morales cuál era ese canal, el amigo le contestó: “Tele Rebelde; El canal de los deportes en Cuba.”

Si estas no son formas puras del calimbaje contemporáneo descritos para otras latitudes por la doctora Graciela Pogolotti, ¿existe un calimbar diferente para los de allá y los de aquí? ¿No humilla igual sudaca que marielito, niche que de color, espalda mojada que balsero? ¿O no es así?

En el argot popular calimbar es joder, humillar, destruir, marginar, más allá de otras expresiones que definían la situación de nuestros antepasados. Por eso, sin importar el mar o la frontera que se atraviesen, ni el color de la piel o sexo, hoy miles de cubanos se sienten calimbados por la revolución.