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Cómo mantener “inerte” un sistema socialista

Cuba y Corea del Norte, cada vez más juntas

Ernesto Santana Zaldívar, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- Como si de un antídoto se tratara, luego de restablecer las relaciones diplomáticas con Estados Unidos -potencialmente “tóxicas”-, el gobierno cubano, en las últimas semanas, ha coqueteado con Corea del Norte ostensiblemente y ha hecho publicar en Granma, su principal medio de propaganda, varios artículos sobre ese país aliado.

La justificación es que en 2015 se cumplen 70 años de que Corea se independizara de Japón, 70 años también de la fundación del Partido del Trabajo de Corea, 67 años de la fundación de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) y 55 años del establecimiento de relaciones diplomáticas cubano-norcoreanas.

Uno de los primeros artículos aparecidos en Granma, que no llevaba firma, celebraba el aniversario de la independencia y aseguraba que, “bajo la conducción de Kim Il Sung, Corea inició un nuevo camino hacia la liberación total del país y la construcción de una sociedad digna para sus habitantes”.

Para llevar a cabo tal proyecto, según el articulista, el líder comunista implementó dos doctrinas fundamentales: la Juche, según la cual “el dueño de su destino es uno mismo, así como la fuerza que lo forja”, y la Songun, que se basaba “en la necesidad de priorizar los asuntos militares”.

Al parecer el articulista, mareado por tanta mentira histórica y tanto impudor político, perdió el sentido de las palabras, pues más adelante escribió que, “en la actualidad, y pese a la batalla para mantener inerte (sic) un sistema socialista, la RPDC no retrocede ni un paso en sus sueños iniciales y trata de insertarse con éxito en las dinámicas modernas”.

Es difícil creer que ese “inerte” sea una errata. La palabra más cercana sería “inerme”, pero esta significa “desprovisto de armas” y ya sabemos que la RPDC puede estar desprovista de alimentos y de libertades, mas no de armas, porque tiene hasta misiles nucleares.

O sea, el redactor pensó que “inerte” no significa, según el diccionario, “inmóvil, paralizado, incapaz de reacción, sin vida”, sino todo lo contrario. Y es lógico que piense así, pues, por ejemplo, cuando la Organización de Naciones Unidas (ONU) advierte sobre la posibilidad de una nueva hambruna en Corea del Norte, eso quiere decir para él que los grandes logros económicos y sociales de esa nación “otorgan un sentido histórico al proceso de liberación de un país que puso su destino en manos del pueblo”.

En otro número de la publicación, la periodista Laura Prada entrevistó al embajador norcoreano en Cuba, Pak Chang Yul, quien, refiriéndose a los 55 años de las relaciones diplomáticas, dijo que “la historia de amistad y hermandad entre nuestros pueblos seguirá para siempre” y que la efeméride sirve para estimular “aún más la lucha antimperialista y defender las respectivas revoluciones, que han superado todo tipo de desafíos y dificultades creados por las crueles maquinaciones del imperio”.

En cuanto al reciente restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, el embajador Pak Chang Yul opinó que el hecho de que Washington haya reconocido el fallo de su política hostil significa “una victoria indiscutible del Partido, el Gobierno y el pueblo de Cuba”.

En otro reciente artículo, sin firma también, publicado en Granma, se nos informa que actualmente la RPDC “labora por la reunificación de la Patria bajo la dirección del Partido, que tiene como principio supremo elevar sin cesar la vida del pueblo”, y que en octubre 100 familias del Norte y otras tantas del Sur se reunirán “para el vigésimo encuentro de parientes separados por la guerra de 1950 a 1953”.

Los Kim y los Castro

Para hacer más efectivo el “antídoto” contra cualquier posible “intoxicación” yanqui, recientemente han visitado Cuba varios representantes del gobierno de la RPDC, como el canciller Ri Su-Yong y el secretario de Relaciones Internacionales del Partido del Trabajo, Kang Sok Su, que incluso fueron recibidos por el general Raúl Castro.

Es posible que, cuando aquel articulista escribió de “la batalla para mantener inerte el sistema socialista” estaba pensando en las reformas raulistas. Al menos está claro que, profundizando las relaciones con Corea del Norte, el régimen cubano puede aprender mucho en cuanto a cómo “elevar sin cesar la vida del pueblo”.

Para ello, el primer vicepresidente cubano, Miguel Díaz-Canel, visitó recientemente Pyongyang y se encontró con el “estimado camarada Kim Jong Un”, dejando bien claro que las “relaciones de amistad” entre ambos feudos comunistas serán “eternas e invencibles” y que “siempre estarán juntos” el pueblo cubano y el norcoreano (o lo que quede de ellos).

Ya que se habla tanto de aniversarios de la RPDC en los medios cubanos de propaganda, debiera mencionarse también que se cumplen 65 años de la invasión de Corea del Norte a Corea del Sur (primer gran conflicto de la Guerra Fría) y 29 años de la visita de Fidel Castro a Pyongyang, tras la cual, como muchos recordarán, el sexagenario dictador regresó a La Habana extasiado con aquella gran nación modelo de orden y unidad, y alabando a su patriarca, el divino Kim Il Sung, que le disparó aun más su gusto por el culto a la personalidad.

Aunque aplicó aquí bastante de lo que allá aprendió, para desgracia de Fidel Castro Cuba se halla en Occidente y no tiene fronteras con Rusia ni con China, pero mucho le hubiera gustado poder imitar aún más las maravillas norcoreanas, con sus hambrunas donde mueren millones de personas, sus 120 mil presos políticos, su sociedad sin internet, con sus carreteras vacías y un solo canal de televisión, pero con misiles nucleares.

Sin embargo, la dinastía Kim trata siempre de superar a cualquier competidor, por muy Castro que sea, y en la batalla por mantener cada vez más inerte su socialismo logrará, esta vez gracias al nieto del gran líder fundador, dejar a la RPDC como el último legado de la Guerra Fría, e incluso, como una nota menor, pero muy simbólica, Pyongyang abandonará el huso horario japonés, a 70 años del fin del dominio colonial, y retrasará las agujas media hora.

Acaso los Castro sonreirán, socarrones, sabiendo que ellos y su pandilla detuvieron las agujas del tiempo no hace media hora, sino hace más de medio siglo.