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Buscar: una de las palabras más usadas por los cubanos

Jorge Luis González Suárez, en Primavera Digital

La Habana.- Desde el triunfo de la revolución y hasta hoy, la mayoría de los cubanos ha padecido el desabastecimiento de productos y el deterioro de los servicios en general en los establecimientos administrados por el estado. Esta situación ahora cuenta con el agravante de la escasez que también presentan las tiendas en divisa, algo que había sido poco usual hasta ahora en este tipo de comercio.

El propio ministro de Economía, Marino Murillo, ha hecho pública confesión del asunto. Pero no es necesaria la confirmación de Murillo: basta con entrar a los establecimientos y comprobar las mercancías que faltan. El surtido cada vez resulta más que insuficiente y la variedad brilla por su ausencia.

El primer síntoma que apreciamos al llegar a uno de estos sitios es la desaparición de estanterías. Las que se mantienen están llenas de los mismos productos, para cubrir el “hueco”. No hay muchas marcas y las que ya conocíamos se han sustituido por otras, no se sabe si de igual, mejor o peor calidad.

Hasta hace poco, en el departamento de peletería de La Época, sitio que siempre tenía bastante calzado de variados tipos y precios, los estantes estaban tan unidos que se dificultaba el tránsito de los clientes, y usted podía siempre hallar algo que estuviera al alcance de su bolsillo y gusto. Ahora, por el contrario, rara vez se puede encontrar algo que valga la pena. Los precios se han disparado y la peletería parece más bien un salón de baile.

Por su parte, en los mercados agropecuarios, todas las tarimas ofertan, según la expresión popular, “lo mismo con lo mismo”. El valor de lo que hay en existencia es uniformemente alto. Las opciones son casi nulas. Si decide ir hacia otro lugar, encontrará la misma situación o tal vez peor. El dilema al que se enfrenta el posible comprador es para ponerse a gritar, como hacen ciertas personas en estos puntos.

Hace pocos días acompañé a dos amigas a salir de compras. Una llevaba un listado de más de 30 productos que necesitaba. Cuando finalizamos el recorrido, que empezó por La Cuevita, un mercado de cuentapropistas bastante famoso aquí, dos agromercados y una tienda grande, a lo sumo había adquirido una tercera parte de lo que buscaba.

Los servicios son otro tema candente. Hallar donde se realicen determinados arreglos a equipos domésticos o trabajos de carpintería, plomería, albañilería, se convierte en un dolor de cabeza. Primero hay que averiguar en cuál lugar se realiza tal labor. Aquí comienza una pesquisa más acuciosa que las realizadas por el genial detective Sherlock Holmes. El asunto es fortuito: depende de que exista la pieza para su equipo, algo que cuenta con un por ciento de probabilidades bastante bajo, pues faltan accesorios porque el estado casi no adquiere las piezas de repuesto. Pero si usted las paga a sobreprecio aparecen como por arte de magia. Doy fe de esto.

Otro problema es encontrar la persona que trabaje con la debida seguridad y garantía. Este tipo de operario resulta escaso en nuestros días, pues los que saben a cabalidad su oficio no quieren trabajar para el Estado por los bajos salarios, y aquellos que desempeñan la labor no tienen experiencia o no se toman el interés debido también al bajo salario.

El mantenimiento de una casa es otro tormento. Casi todo lo que se necesita para reparar es deficitario y cuesta “un horror”. Hallar a alguien que haga el trabajo es complicado, y además, prepare el bolsillo. El precio por la mano de obra, que por lo general es en la llamada moneda fuerte, está muy por encima del poder adquisitivo promedio de la mayoría de la población. Por tanto, la pregunta es: ¿Cómo hacerlo?

Ahora el banco puede dar créditos y subsidios para ayudar a costear estas reparaciones, pero las demoras para la aprobación debido a la cantidad de trámites (entiéndase trabas) son enormes.

En su libro “La Hora Final de Castro”, Andrés Oppenheimer señalaba que una de las palabras más usadas por los cubanos era “buscar”. Hoy, al cabo de más de 25 años, tal afirmación sigue en pie.