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Buenas noticias sobre el marabú

Luis Cino Álvarez, Primavera Digital

Arroyo Naranjo, La Habana.- Leo algo sumamente raro en estos días: una buena noticia. Y relacionada nada menos que con el marabú.

Resulta que organizaciones no gubernamentales europeas invierten dinero para convertir en energía eléctrica el marabú, que desde hace décadas se enseñorea de más de la mitad de las tierras cubanas cultivables o de pastoreo.

Indudablemente es una iniciativa mucho más útil que las ojalateras conversaciones de la Unión Europea con el régimen cubano a ver si logra convencerlo de cambiar siquiera un poco su talante dictatorial y enrumbarlo hacia la democracia y el respeto a los derechos humanos.

Una de estas ONG, Solidaridad para el Desarrollo y la Paz (SODEPAZ) ya trabaja en Cuba en colaboración con la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales.

Según SODEPAZ: "Sancti Spíritus, que consume un promedio de 19 megaWatts/hora, pudiera abastecerse de electricidad generada por el marabú por unos 36 años, con las 112 000 hectáreas que se calcula permanecen infestadas de esa planta invasora en esa provincia".

Se explica que el proyecto, a un costo de 1 460 000 euros, le ahorraría a Cuba más de 2 millones de dólares al año por sustitución de 4 536 toneladas de combustibles fósiles que no habría que adquirir en el exterior.

Desde el año 2010, cuando exportó 200 toneladas, Cuba vende a Europa marabú convertido en carbón vegetal. Pero entonces no se había pensado en convertirlo en biomasa para producir energía eléctrica. De todos modos, era un excelente uso para el marabú. Y al contrario que otras exportaciones no afectaba al cubano de a pie: por acá no hay mucho que asar ni tampoco que exportar.

La utilización del marabú, lo mismo como carbón vegetal que para producir energía eléctrica, será otro aporte cubano a la lucha contra el calentamiento global, mucho más importante que las sandeces que habló el canciller Bruno Rodríguez Parrilla en la Cumbre de Estocolmo, hace cuatro años, como si de veras le hubiese interesado estar en paz con la Pachamama.

¡No se le escapa nada a los estrategas del socialismo próspero y sustentable, siempre con alguien presto a tirarles un cabo! Luego de las escuelas para adiestrar bueyes, el plátano micro-jet y las cercas de cardón, sólo faltaba el carbón y la electricidad generada por el marabú quemado para confirmar su docta infalibilidad.

Tanto marabú ya daba mala espina a los mandarines. Aunque puede que dentro de algunos años, si no ha muerto de viejo, algún nostálgico general eche de menos los bosques de marabú tan verdes a la orilla de las carreteras y en toda la extensión de los potreros hasta donde se perdía la vista. Eran el teatro de operaciones militares perfecto para la guerra de todo el pueblo contra una eventual invasión yanqui. Pero entonces buscará el lado bueno y descubrirá que desmontar a machetazos y candeladas las espinadas selvas de marabú, habrá servido, además de para ocupar a presos, cooperativistas y usufructuarios y no darles tiempo para pensar en nada, para curtir a las brigadas del Ejército Juvenil del Trabajo tanto como los hombres de Panfilov o los vietcongs de Nguyen Sung antes de que abrazaran el socialismo de mercado.

 

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