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Ballet cubano, intrigas al descubierto

“Alicia se hunde en la decrepitud de sus 95 años y nadie se interesa más por la compañía que por sus propios beneficios”

Alberto Lima, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- En el Ballet Nacional de Cuba (BNC), los directivos están muy atentos a lo que se publica sobre las actuaciones o sobre el funcionamiento de la institución, como siempre, pero antes, durante decenios, la crítica especializada de cualquier parte del mundo fue sumamente elogiosa. Desde hace unos años, sin embargo, ya no ocurre lo mismo e incluso la crítica nacional ha dejado de ser lisonjera al juzgar su desempeño escénico.

En torno a esta situación, dos personas nos han suministrado información de primera mano, aunque, dada la estrecha relación que mantienen con esta entidad, para evitar posibles represalias, ambas fuentes nos han pedido que no usemos sus nombres verdaderos, por lo cual nos referiremos a él como Pablo y a ella como Virginia.

La prestigiosa compañía ha sido, sin dudas -aun para los detractores de su Directora General, Alicia Alonso-, una de las instituciones culturales cubanas de más larga trayectoria y mayor reconocimiento internacional, aunque, según declaran nuestros informantes, el BNC se encuentra actualmente en el peor momento de su historia, como consecuencia de la avanzada edad de Alonso, de la relajación disciplinaria y de la pérdida de rigor profesional, entre otros males.

Sobre este asunto nos habló primeramente Pablo, que siempre ha sentido un gran respeto por la compañía y por la Escuela Cubana de Ballet, tan reconocidas en el escenario mundial de la danza, pero que lamenta profundamente la situación actual y considera que conociendo los problemas, no ocultándolos, es como se empieza a resolverlos.

Según él, una muestra de esta decadencia es que, a diferencia de otras épocas, la institución tiene hoy una sola gira fija, la de España, de unos dos meses cada dos años, que se está realizando precisamente en estas semanas y cuyas funciones, según la crítica especializada de ese país, están dejado mucho que desear en cuanto a calidad artística.

“Téngase en cuenta”, revela Pablo, “que el Director Ejecutivo de la compañía, Redento Morejón, no sabe nada de ballet y viene expulsado de otro alto cargo, pero tiene amistades muy poderosas. Aunque es una persona abiertamente corrupta, todos sus viajes los tramita por la compañía y es el encargado de todas las compras y las inversiones, manejando grandes cantidades de dinero.”

En la actual gira por España, Morejón no debió haber ido, pero decidió quitar a la gerente -una especie de productora que se encarga de pasajes, dinero de dieta, organización, habitaciones de hotel, etc.- para viajar él en su lugar, aunque carece de experiencia en esta complicada responsabilidad.

A finales de octubre la compañía irá a Omán desde España, en un alto de la gira, para hacer unas pocas funciones -de acuerdo con lo que nos informa Pablo- y desde aquel país regresará de nuevo a España, para entonces, en la primera quincena de noviembre, volver a Cuba.

Todos en la compañía creían que en Omán recibirían mayor cantidad de dinero de dieta -en el BNC no se cobra por función, como en Danza Contemporánea, por ejemplo-, que en vez de 30 euros diarios, lo que cobran en España, quizás cobrarían 45; pero Redento Morejón, ya desde Cuba, decidió que 20 euros sería suficiente porque en Omán les garantizaban desayuno, almuerzo y comida, mientras en España recibían solo desayuno y almuerzo.

Los miembros de la compañía se disgustaron mucho, se sintieron abusados y le pidieron una entrevista a Alicia Alonso, decididos a que, sin el compromiso de que les pagarían más de 20 euros en Omán y les permitirían, además, al regreso a Cuba, una segunda maleta en el avión, no irían a la gira.

Pero luego casi todos aceptaron las vagas explicaciones que se les dio, sin otro compromiso que un “Vamos a ver”. Y todos fueron a la gira. Tendrían días de doble función, por la tarde y por la noche, pero no pudieron unirse y reclamar condiciones más justas. Incluso algunos comentaron después que hubieran aceptado hasta menos dinero, según narra Pablo, porque algo era mejor que nada y, en definitiva, si los bailarines del elenco se negaban a ir, los suplementes sí aceptarían ir a la gira.

Por otra parte, según revela Virginia, las condiciones diarias en la sede del BNC, en Calzada entre D y E, en El Vedado, junto al teatro Amadeo Roldán, antiguo Auditorium, son cada vez más incómodas. “Los salones de clases y ensayos siempre están en reparación, pero nunca están arreglados de verdad. Carecen de aire acondicionado y, en ocasiones, hasta de ventiladores, por lo que hay que trabajar con las ventanas abiertas”.

Aun así, el BNC tiene condiciones mucho mejores, en general, que otras compañías danzarias (como el Teatro América, Santiago Alfonso, Danza Nacional o el Conjunto Folclórico), donde los bailarines deben llevar de la casa su almuerzo o comer en la calle y, para las funciones, no tienen ni transporte ni merienda.

Según Virginia, Danza Nacional, el Folclórico, el BNC y el Ballet Lizt Alfonso son compañías de primer nivel, donde el salario es unos 100 pesos -unos cuatro CUC- más que en otros conjuntos danzarios. “En el BNC, un primer bailarín gana alrededor de 800 pesos -unos 33 CUC-, y en general”, nos hace saber ella, “los bailarines trabajan de 10 de la mañana a 5 y 30 de la tarde, incluyendo a veces los sábados. Sin embargo, se mantienen en la institución por el sueño de viajar, porque es lo mejor que hay y es lo que han soñado”.

En los últimos meses ha ocurrido algo que despierta alguna expectativa en la compañía que dirige la Alonso: el nacimiento de una nueva compañía de ballet dirigida por Carlos Acosta, quien fuera primer bailarín en el BNC y uno de sus miembros con mayor proyección internacional, con destacada labor en el English National Ballet, el Houston Ballet, el American Ballet Theatre y que fue durante varios años miembro permanente del Royal Ballet.

Virginia considera que Acosta pretende hacer una compañía a la altura del BNC y, aunque ha empezado poco a poco, tiene respaldo del gobierno y del Ministerio de Cultura: “Y dinero no le faltará porque cuenta con buenos patrocinadores. ¿Recuerdas que pretendía terminar los edificios del Instituto Superior de Arte (ISA) con dinero de los patrocinadores del Royal Ballet?”

La nueva compañía de Acosta radicará en Línea entre 4 y 6, en el edificio de lo que fue una tienda de electrodomésticos, con una gran fachada de cristal -“Que se mantendrá, porque será como el Miami Ballet, que desde la calle se ve a los bailarines, se ve todo”-. Hasta el momento se han ido para allá siete bailarines del BNC y un estudiante que fue captado por esta compañía, pero se va para la de Carlos Acosta a hacer su práctica, además de un jefe de escena y una económica.

Aunque al principio se estaban solicitando solamente 16 bailarines, en este momento la nueva compañía dice necesitar 20. Por otro lado, e increíblemente, el estado obliga a la nueva institución a emplantillar nada menos que ocho CVP (vigilantes). “Nadie sabe dónde los van a meter”, declara Virginia: “Supón que sean dos económicos, más las empleadas del comedor - porque habrá comedor, igual que en el BNC, con merienda y almuerzo”.

De cualquier manera, e incluso sin la presencia de Acosta, que se encuentra fuera del país, ya su compañía ha comenzado a trabajar, usando las instalaciones de la Escuela de Ballet de Prado. “Se está ensayando Majísimo, un divertimento coreográfico de Jorge García que pertenece al repertorio del BNC”, dice Virginia, “y Macarela, un ex primer bailarín de Danza Contemporánea ya está haciendo montajes también”.

 “Aunque es obvio que los bailarines van a cobrar más en la nueva compañía, también es importante que puedan probarse en otros estilos. En el BNC solo hacen los grandes clásicos, las versiones de Alicia, nunca coreografías de estilo neoclásico, moderno o experimental, como en el resto del mundo, pero eso sí lo tendrán en la compañía de Acosta, donde serán bailarines más integrales”.

Para nuestra informante, la mayor preocupación actual en el BNC no es que se vayan bailarines para la nueva compañía, porque todos los años se van muchísimos bailarines para cualquier lugar, por las malas condiciones de trabajo, por el injusto pago que reciben o por buscar otra experiencia artística. “Cuando un bailarín pide permiso para salir porque tiene una invitación de alguna otra compañía”, cuenta Virginia, “no le informamos a Alicia la verdad, sino que es por problemas personales, para que no diga que no. Hay excepciones Viengsay Valdés, que viaja constantemente a galas, eventos, actuaciones, etc., pero siempre cumple con los compromisos de la compañía. Alicia no le dice que no a ella solo por su categoría, sino también porque fue la única primera bailarina que se quedó cuando hace unos años las demás se fueron”.

Tanto Pablo como Virginia recuerdan la historia de Ocilia Pedrera, que fuera primero bailarina del BNC y luego coordinadora artística (encargada de los horarios, las maitres, la planificación de los ensayos, el transporte). “Entre los años 2009 y 2012, Ocilia estuvo muy enferma, sufrió dos infartos y pidió el retiro”, rememora Virginia: “Tratando de defender los derechos de los bailarines en los consejos de dirección, Ocilia se molestaba mucho con los administradores, con el director ejecutivo, con los que no tienen conocimientos artísticos y no entiende la necesidad de un transporte, de agua fría en un bebedero cerca de los salones, que los salones tienen que estar cubiertos de linóleo, que los camerinos deben tener cierta comodidad, que los bailarines necesitan un gimnasio”.

“Aunque los bailarines son los que pagan el trabajo de los demás”, lamenta Pablo, “en el BNC hay más personal administrativo y de otro tipo que artistas. Hay una persona que pone los platos, otra que chequea la cantidad de comida, otra que los friega; hay una persona que cuida los camerinos. En fin, una plantilla muy inflada. Antes, al menos hasta los 80, había solo dos mujeres que mantenían todo el inmueble limpio, un administrador y dos personas en el regisserato”.

“En fin”, cuenta Virginia, “Ocilia Pedrera ha sido contratada ahora por Carlos Acosta como regisseur de su compañía. Con eso te lo digo todo. Alicia se hunde en la decrepitud de sus 95 años y ninguno a su alrededor se interesa más por la compañía que por los beneficios que le trae. Antes había una competencia muy dura entre los bailarines, porque muchos eran muy buenos. Pero ese no es el caso de ahora”, concluye, con pesimismo.