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Babalaos y mayimbes

Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba, enero (www.cubanet.org) – ¿Quién lo diría? El cielo sonríe a la actualización del modelo económico cubano. La corte celestial da palmaditas. El cardenal Jaime Ortega ya bendijo los cambios económicos y los timbiriches por venir. Por su parte, en la letra del año de los babalaos de Ifá, el signo Baba Eyiobe habla de que el triunfo está basado en trabajar más y “en la organización en todos los aspectos”. Por poco hablan de institucionalidad. El progreso qué viene estará regido por Oggún, patrón de los herreros y -¡miren qué casualidad!- de los militares.

No por gusto el periódico Granma citó de pasada, y como quien no quiere la cosa, la letra del año de la Asociación Cultural Yoruba. A propósito, este año casi coinciden al dedillo (¡vaya a saber por qué!) las letras del año habitualmente paralelas de las dos comisiones de babalaos, los oficialistas del palacete del Prado y los que parecían más auténticos, de la vieja casona de la calzada de 10 de Octubre.

Hay que estar organizados y tener fe en los jefes para que cambien todo lo que deba ser cambiado, que la prosperidad viene en camino, dicen los babalaos de Ifá. Casi lo mismo  que los generales-gerentes, el  obeso ministro de Economía, Marino Murillo, y los bonzos comunistas del economicismo de mercado socialista-raulista. A los babalaos sólo les faltó agregar el ¡sí se puede! Da gusto tanta unanimidad en los altares y en el Politburó, así en la tierra como en los cielos…

Asusta el acertijo de los babalaos acerca de los dos leopardos que no pueden morderse las cabezas. Desconcierta el de “lo que se va vuelve”. Pero dicen que los 24 orishas, invocados por los babalaos de la Asociación Yoruba para que velen por los cubanos, auguran grandes cosas para este año.

Se pregunta una amiga que hizo iyabó hace poco más de un año si la lagartija mensajera de Obbatalá, la del manto blanco que todo lo perdona, no trocará más los pedidos desesperados que envían sus fieles desde la isla. La letra del año no la convence: “Hasta a los santos los han cogido para las cosas, porque mira que hablar de progreso y prosperidad con lo que nos viene encima…”

Por lo pronto, ahora que la despidieron del trabajo por “no idónea” y no tiene dinero para montar una venduta, empieza a lamentar lo que le costó “hacer santo”. “Total, siempre estoy obsobbo”, se queja. Y no tiene ni agua que tirar para hacer un ebbó y sacar el enfumbe de su casa, porque en Arroyo Naranjo el agua sólo la ponen tres o cuatro horas, si no es que la llevan en pipas cuando se acuerdan.

“Por suerte, ya no tengo que vestir siempre de blanco y puedo  coger el sol y el sereno y salir a la calle a luchar”, me dice. Mi vecina ya no cree en las predicciones de los babalaos y castiga e insulta a los santos si no le sale un negocio, no gana en la bolita o su marido no va a dormir. Y me preocupa, porque creer en los santos era lo único parecido a la esperanza que le iba quedando a gente como ella, que en definitiva son bastantes, sino la mayoría.

En lo personal, si la letra del año la citan en un editorial de Granma, que no me pidan que crea en ella. Me empieza a recordar demasiado la moraleja de los Lineamientos de la Política Económica y Social para el VI Congreso del Partido Comunista. Y los toques de tambores a los orishas me suenan como la musiquita de circo -con tragafuegos y leones y todo- que toca el Baby Lores desde que dejó el reguetón para lamentar “ya no hacemos el amor, todo quedó en el ayer”. El muchacho tiene derecho a cambiar y su público salió ganando, pero que cambien los babalaos para servir a los mayimbes, ¡hum!